Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/19 00:00

¿Por qué está triste con el Polo?

El politólogo León Valencia le contesta a María Isabel Rueda.

Petro es inteligente e ingenioso, pero medio mitómano, con lo que logra cierto impacto efectista en la opinión. Es un tipo valioso, pero de ahí no pasa

M.I.R.: ¿Hace cuanto dejó el ELN?
L.V.: En el 94, cuando hicimos el acuerdo de paz.
M.I.R: ¿Por qué se desmontó apenas una parte del grupo?
L.V.: Por consideraciones políticas. El cura Pérez, por ejemplo, decía que esa iba a ser una paz sin cambios profundos.
M.I.R.: ¿La suya fue una paz sin cambios profundos?

L.V.: Yo tuve también razones políticas para tomar mi decisión. En el país había cambios significativos por cuenta de la Constitución del 91, y veía agotada la vía armada. Lo que se estaba viviendo en el mundo con la caída del muro de Berlín y todo lo que estaba ocurriendo en Centroamérica indicaba que los cambios había que buscarlos por la vía pacífica. Pero también operó en mí un cambio de valores: antes ponía en primer lugar la democracia y la igualdad social, y por debajo, la vida. Después empecé a ver, luego de tantos años de lucha, que el respeto por la vida estaba por encima de lo demás.

M.I.R.: Eso que me está diciendo me hace dar más rabia con una declaración de la semana pasada en Cuba del dirigente del ELN Antonio García: "Una suspensión de las hostilidades es parte de un esquema viejo. Hoy ya no nos preocupamos por eso, ni la sociedad está preguntando por eso". ¿Qué tal?

L.V.: El esquema de negociar sin cese de hostilidades fracasó con Pastrana y las Farc. Cuando se está en un camino de negociación serio, es muy perturbador mantener el fuego. El cese de hostilidades se tiene que hacer en algún momento de la negociación, y ese momento llega cuando se dice: esto ya es irreversible. El ELN no puede seguir eludiendo el cese de hostilidades.

M.I.R.: ¿El ELN tiene candidato en las próximas elecciones?

L.V.: Está apoyando las listas del Polo, pero no tiene candidato, sería un abuso decir eso. Aunque sí hay gente de la tradición camilista como Hernando Hernández, sindicalista de la USO que viene de un entorno que siempre ha acompañado al ELN.

M.I.R.: Un hombre como Pablo Beltrán, por ejemplo, tendría un magnífico escenario en el Congreso. ¿Por qué no se decidirá de una vez por todas a utilizar su inteligencia en el Parlamento, en lugar de seguir disparando?

L.V.: Él, Francisco Galán, y desde luego, Antonio García tendrían un papel muy interesante para jugar en la democracia.

M.I.R.: ¿Qué se hizo Felipe Torres?

L.V.: Está en Granada, haciendo una maestría. Hubo al principio unos distanciamientos porque Felipe, después de 10 años preso, salió a hacer su libertad. Pero la dirigencia del ELN quería una mayor disciplina y una mayor tutoría por parte de él. Creo que la distancia se está solucionando, porque sería muy importante tenerlo cerca haciendo diplomacia, haciendo política.

M.I.R.: A pesar de las frustraciones que le dejaron su años en la guerrilla, ¿siente de alguna manera que es un hombre realizado?

L.V.: Tengo realizaciones individuales como escritor público y con los logros de la Corporación Arco Iris, que ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales. Trabajamos en 11 departamentos como un tanque de pensamiento que les aporta a las administraciones locales. Como padre, también estoy muy satisfecho, tengo unos hijos maravillosos. Pero también existe una forma de satisfacción en la vida que es aceptar la dignidad de la derrota. Nos metimos a cambiar esto por la vía armada y no pudimos. Esas revoluciones eran quiméricas. Lo que pensamos no fue posible, pero tampoco es deseable. Ahora nuestro sueño consiste en poder aportarle a la sociedad cambios graduales.

M.I.R.: Le hago un paréntesis:¿ es cierto que a uno de sus hijos lo adoptó luego de que muriera su padre, un compañero guerrillero que usted quería mucho?

L.V.: Sí. Somos muy unidos y ha vivido conmigo casi toda su vida.

M.I.R.: ¿Un partido como el Polo puede hacer realidad su nueva forma de soñar con el cambio?

L.V.: Estoy muy triste ahora con el Polo. No me gustan los últimos episodios. Había un momento muy óptimo para el Polo. Los competidores estaban enredados. El uribismo, enfrascado en sacar a los paramilitares de las listas; el Partido Liberal, bregando a ordenar sus filas; Mockus y Peñalosa, tratando de conseguir identidad, y el Polo tenía mucho que mostrar. Podíamos presentar una bancada muy interesante con nueva gente. Pero empezaron a abrir una brecha Petro, el Partido Comunista, el Moir, con Lucho Garzón. Quisieron generar un control interno del aparato con 15.000 ó 20.000 militantes forjados en la posguerra fría con todos los reflejos de un marxismo gastado. Queríamos presentarle al país una izquierda renovada con un mensaje moderado de gobierno responsable. No pudimos hacerlo. Los resultados no van a ser una catástrofe, pero el Polo a duras penas logrará mantener la bancada parlamentaria que tenía, y el candidato que salga de la consulta seguramente sacará unos votos parecidos a los de Lucho, cuando habríamos podido duplicarlos.

M.I.R.: El Polo podría haber sido el fenómeno político de estas elecciones…

L.V.: Había que abrir las puertas y comprometer al Polo con las realizaciones tanto en la Alcaldía de Bogotá como en la Gobernación del Valle. Y al contrario, los que encabezan el Polo no las exhiben como un orgullo, sino como una vergüenza. Petro dice una cosa que me ha asombrado: que Lucho administra los cotos de poder de las elites bogotanas y que no está haciendo transformaciones, como si uno pudiera hacer una revolución de la noche a la mañana, o como si no hubiera que continuar con las cosas que se venían haciendo bien.

M.I.R.: Eso que está diciendo es muy valiente. Mirando para adelante, ¿piensa que el Polo se puede mantener como una unidad, o de aquí van a salir dos tendencias de la izquierda colombiana?

L.V.: Pues internacionalmente esa izquierda tipo Petro, Moir, Partido Comunista, ha tenido su propia forma orgánica, mientras una izquierda más moderada, más moderna y más flexible se ubica distinto. Ocurre en toda Europa y en América Latina. Y puede ocurrir en Colombia, si los que van a dirigir aquí vla izquierda son el Partido Comunista y el Moir: esa izquierda no tiene perspectivas de poder. Adorna el debate político con gente inteligente como Robledo y Wilson Borja y con el propio Petro, que es inteligente e ingenioso y medio mitómano, con lo que logra cierto impacto en la opinión pública y consigue que mucha gente en algún momento tenga admiración por él.

M.I.R.: ¿Cómo es eso de que Petro es mitómano?

L.V.: Pues sí, inventa muchas cosas con ingenio para crear opinión y hacer efectismo. Es un tipo valioso, pero de ahí no pasa. En una sociedad incendiada, polarizada como esta, esa postura radicalizada no capta nada. Todos los estudios sociológicos y de opinión indican que la gente está en el centro del espectro político. Hay un sector muy importante en la extrema derecha, más que en la extrema izquierda, pero la mayoría está en el centro. Y a ese electorado hay que buscarlo con propuestas modernas, moderadas y, sobre todo, serias.

M.I.R.: ¿Gaviria, o Navarro?

L.V.: A mí me dio mucha preocupación que Navarro saliera y entrara del escenario. Eso lo dejó en una situación muy difícil. Cuando nadie lo creía, está en peligro de que Carlos Gaviria le gane la consulta.

M.I.R.: ¿Usted no creyó en la sinceridad de su sacrificio para unir las posturas del Polo?

L.V.: Es que su tarea no era, cuando todo estaba enredado, ofrecer un gesto. Él era el líder al que la militancia del Polo le entregó su bandera.

M.I..R: ¿Se sintió desilusionado?

L.V.: Totalmente. Navarro tenía la obligación de echarse el Polo al hombro y "pararle el macho" a Petro. Pero si no pudo con Petro…

M.I.R.: Tampoco pudo Lucho…

L.V.: Los puentes de Lucho con Petro son muy distintos a los de Navarro. Petro no tenía votos propios. Se hizo políticamente de la mano de Navarro. Lo metió a la Cámara. Tenía que haberle exigido una conducta distinta en un partido político que está en construcción.

M.I.R.: ¿No está muy pesimista su parte sobre la izquierda colombiana?

L.V.: El electorado en América Latina conforma primero capacidad de gobernabilidad seria. Es que no se construye una presidencia desde el grito parlamentario, que también es importante, sino desde las administraciones locales. Lo digo por los Garzones, por Sergio Fajardo. Son nuevas figuras políticas que están aprendiendo a gobernar, que están demostrando seriedad fiscal. Tengo esperanzas de que estas gobernabilidades independientes que estamos ensayando sean protagonistas del debate presidencial en 2010.

M.I.R.: ¿Por quién va a votar en la consulta del Polo?

L.V.: Tengo una obligación con Navarro.

M.I.R.: ¿En Senado?

L.V.: Por Hernando Hernández.

M.I.R.: ¿Y en Cámara?

L.V.: Por Clara López.

M.I.R.: ¿Y por Presidente?

L.V.: Por el que salga de la consulta del Polo, pero también tengo que confesar que tengo gran admiración por Mockus. Tiene una gran capacidad de sorpresa y me une con él su civilismo y su convicción de que hay que sacar la violencia de la política colombiana.

M.I.R.: O sea que votaría por Gaviria, si gana la consulta, así represente esa izquierda que no le gusta…

L.V.: Sí, porque tenemos que ser coherentes para construir partidos. Yo critico el Polo, pero lo critico desde el Polo.

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