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| 11/28/2009 12:00:00 AM

¿Por qué se fue?

Fueron varias las razones que llevaron a César Gaviria a entregarle la dirección del Partido Liberal a Rafael Pardo.

El martes en la tarde, el ex presidente César Gaviria le informó a Rafael Pardo su decisión de renunciar a la dirección del Partido. Al candidato no lo sorprendió la renuncia, pero sí que ésta tuviera lugar antes del Congreso Liberal de diciembre.

Son múltiples los motivos de la salida de Gaviria, pero ninguno de ellos producto de una circunstancia de fuerza mayor. Más que el tamaño de las razones, fue la sumatoria de ellas lo que lo llevó a considerar que entregar el mando era lo mejor para él, para el partido y para el candidato del liberalismo.

Con su decisión, Gaviria quiso recuperar la tradición liberal según la cual el candidato presidencial es quien toma las riendas del Partido. En 1990, él mismo ejerció como su director y candidato. Lo mismo hicieron Ernesto Samper en 1994 y Horacio Serpa en 1998 y 2002. La excepción fue en 2006 cuando, a pesar de que Serpa ganó la consulta, el Congreso Liberal reeligió a Gaviria como su timonel.

A lo anterior se suma el temor de Gaviria de que, ante la opinión, el partido sea visto como un club de ex presidentes. Al entregarle la dirección a Pardo quiso enviar el mensaje de que el liberalismo puede ir más allá de una suma de corrientes como el 'lopismo', el 'samperismo' o el 'gavirismo'. Además, haciendo gala su agudo olfato político, previó que, de cara a las elecciones, no tiene mucho sentido que el partido tenga dos voces: la suya y la del candidato. "La unidad de mando y de voz será absolutamente esencial para lograr el triunfo", dijo en la carta de dimisión.

Según senadores cercanos al proceso de renuncia, como Juan Fernando Cristo, al dejar la dirección el ex presidente también mandó una señal de desacuerdo con quienes se perpetúan en los cargos. Aunque ningún uribista-reeleccionista entendería esta indirecta, algo hay de cierto en el interés de Gaviria en mostrar desprendimiento frente al poder. No en vano en el segundo Congreso Liberal, en 2005, fue aclamado director; en el tercer Congreso, en 2007, los delegados lo eligieron por segunda vez en el cargo y, en consecuencia, en el congreso del próximo diciembre también tenía posibilidades de ser reelegido.

A todo lo anterior se sumó un motivo personal. Para el ex presidente y para su hijo, el representante a la Cámara Simón Gaviria, habría sido incómodo que el primero se mantuviera al frente del Partido. Y todo por cuenta de que Simón decidió dejar la bancada 'Por el País que Soñamos',y volver a aspirar a esta corporación por el liberalismo.

Por último, Gaviria hizo una consideración realista. Él sabe que la fuerza que adquirió en los últimos cuatro años y que lo consolidó como el principal opositor de Álvaro Uribe contrasta con su débil capacidad de transformar el liderazgo en votos. Aunque el partido ganó terreno político en las últimas elecciones regionales, en un ámbito más nacional ha sido golpeado por el tifón del uribismo. Entre 2002 y 2006, por ejemplo, pasó de tener 84 congresistas a elegir 52. Por si fuera poco, mientras la consulta interna para elegir candidato presidencial en 2006 sumó 2,5 millones de votos, en 2009 apenas sobrepasó un millón.

Gaviria tiene claro que la política es su vida y que no se va a alejar del Partido Liberal. Si el Congreso Liberal acepta su renuncia, dedicará buena parte del tiempo a la campaña de Pardo. Además, lo apoyará en el desgastante proceso de definir los avales para los candidatos a Congreso.

Los retos para Rafael Pardo no son pocos. Gaviria dejó una vara muy alta en términos de su dialéctica ideológica y de su estatura como opositor político. Quizá, entre otras, porque la figura de un ex presidente tiene una legitimidad especial entre las bases de un partido. Pero también por el carácter que tuvo a la hora plantear públicamente sus críticas frente a Uribe.

Mientras Gaviria se va a sus cuarteles antes de la recta final de la campaña que se avecina, Pardo tiene pocas semanas para convencer a algunos de sus mariscales de que, en su doble condición de candidato y jefe, puede lograr un liderazgo tan valorado como el del Gaviria para recuperar el terreno que ha perdido el partido Liberal en los últimos años.
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