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| 6/9/2007 12:00:00 AM

¿Por qué los ganaderos le temen tanto a la verdad?

José Félix Lafourie, presidente de Fedegán, le responde a María Isabel Rueda

M.I.R.: Usted, muy valientemente, como Presidente de su gremio, se anticipó a aceptar hace como un año que los ganaderos patrocinaron el paramilitarismo. ¿Teme ahora que la justicia extienda la mano hasta esos patrocinadores?
J.F.L.: Sí, por una razón: en este proceso ha habido altas dosis de irracionalidad. Y en vez de buscar que esta catarsis de la sociedad genere nuevos elementos de paz, me parecería terrible que a estas alturas del partido, el sector ganadero termine siendo cuestionado en primera plana. Fedegán agrupa a 500.000 ganaderos. Muchos se vinieron para Bogotá, pero otros muchos se quedaron y empuñaron un arma, como Mancuso y 'Jorge 40', que vienen de familias ganaderas. Pero, definitivamente, el ganadero no puede ser identificado automáticamente como rico, terrateniente y paramilitar.

M.I.R.: Pero, desde luego, existen entre los ganaderos esas tres categorías…
J.F.L.: Admito que hay de todo. Pero también hay ganaderos con 50 animalitos que no tienen cómo mandar al muchacho al colegio ni atender los gastos médicos: son unidades familiares que no tienen un mínimo de bienestar.

M.I.R.: ¿Cree entonces, como presidente de su gremio, que la justicia no debe alargar la mano hacia los ganaderos que facilitaron el fenómeno paramilitar?
J.F.L.: Siento que no. No obstante que respetaré las decisiones que tome la justicia.

M.I.R.: ¿Por qué cree que no?
J.F.L.: Por varias razones. La primera, acuérdese de que en el gobierno de Gaviria se terminó legalizando la conformación de las Convivir, absolutamente desprovistas de la criminalidad que después llegó. En el año 97 la Corte elimina la posibilidad del uso de las armas privativas de la fuerza pública, pero les da pleno respaldo jurídico. Venir hoy a decirle a un ganadero que en su momento se protegió con ellas cuando eran legales, que ahora es un delincuente, es ignorar las circunstancias de tiempo, de modo y de lugar de ese entonces.

M.I.R.: ¿Entonces su gremio también apoyará la iniciativa de excarcelar a los para-políticos?
J.F.L.: Hay ganaderos y políticos de toda laya que tendrán que responder individualmente por sus responsabilidades penales si han cometido actos criminales. Pero, por estado de necesidad, el artículo 32 del Código Penal establece, según la Ley 599 de 2000, las causales que aminoran la responsabilidad. Como causales de exculpación figuran obrar bajo insuperable coacción ajena, o impulsado por miedo insuperable o por error invencible de la ilicitud de su conducta… No hay que hacer una nueva ley para aplicar este artículo. No se puede condenar a diestra y siniestra cuando todavía la justicia no se ha pronunciado, y eso se está haciendo.

M.I.R.: ¿Luego considera que el gremio de los ganaderos ha sido condenado 'a priori'?
J.F.L.: Desde luego. Mi única vinculación con el gremio es tener unas fincas abandonadas en Cesar, y ahora estar presidiéndolo. Pero estamos atrapados en un clima de opinión. Si usted es un ganadero de Paz de Ariporo, por ejemplo, y ve que el Estado fue reemplazado por un grupo armado que a través de la fuerza impone unos condicionamientos como antes los imponía la guerrilla, ¿qué hace?

M.I.R.: No estamos hablando solamente del pobre campesinado ignorante, sino de gente privilegiada y educada, habitante de las capitales de departamento, como 'Jorge 40'…
J.F.L.: Esos dieron un paso y se metieron en la guerra. Pero también quisiera desmitificar lo de ricos y terratenientes. ¿Sabe cuántas fincas, por censo, tienen en Colombia más de mil animales? 1.562 fincas. Es una comunidad de 'riquitos' de mentiras. Mil animales valen hoy mil millones de pesos, un apartamento en el norte de Bogotá.

M.I.R.: ¿Cree que la Ley de Justicia y Paz va a lograr desmovilizar el paramilitarismo en todo el territorio?
J.F.L.: No va a terminar funcionando tan bien como quisiéramos muchos colombianos. La Ley de Justicia y Paz tiene hasta un buen nombre. Hay justicia en un marco transaccional, en el que finalmente a la persona la condenan, pero le rebajan la pena. Pero alrededor de esta ley hay demasiada actitud revanchista. Detrás de la verdad no estamos encontrando un instrumento de reconciliación y de paz, sino una nueva oportunidad para fracturar más la sociedad.

M.I.R.: ¿Fracturar significa sancionar a quienes desde la sociedad patrocinaron esta forma de violencia?
J.F.L.: Hay 2.700 cabecillas que están siendo procesados y 30.000 elementos que formaban parte de sus ejércitos y que están tratando de reinsertarse: eso va mal. Pueden convertirse en agentes gestores de una nueva criminalidad, porque finalmente son mercenarios. Muchos salieron de la guerrilla para engrosar las autodefensas. Lo que hay que entender es el fenómeno de la base. Ayer delinquían con unos, mañana delinquirán con otros, y se reciclará la historia. La Ley de Justicia y Paz, tal y como está planteada, incluso enriquecida por el pronunciamiento de la Corte y aceptada finalmente por la comunidad internacional, se ha tropezado con la sociedad colombiana, que ha sido incapaz de construir un consenso para encontrarle salidas al conflicto. Y en lugar de considerarla una buena oportunidad de penalización para personas que han delinquido, está generando nuevos escenarios para que otros actores terminen allá purgando unas penas que no consultan el principio de proporcionalidad. Dicho de otra manera, cada uno de los cabecillas de las autodefensas va a llegar a contar su propia verdad. ¿Cuánta gente va a terminar incriminada por ellos?

M.I.R.: ¿Pero no se trata acaso de que cuenten la verdad? ¿Por qué les da tanto miedo de que lo hagan?
J.F.L.: Ese incriminado puede terminar con 14 años de pena porque pagó un dinero, y eso definitivamente no tiene proporcionalidad.

M.I.R.: Pues eso es lo que va a pasar…
J.F.L.: Claro, si no se atiende el artículo 32 del Código Penal, que contempla la posibilidad de una coacción sobre una persona que supera su capacidad de resistirse.

M.I.R.: Causal muy fácil de alegar…
J.F.L.: No creo que quienes se quedaron allí, en sus fincas, en medio de ese clima de coacción, hayan podido sustraerse del tema. Hay familias con las que arrasaron, como la de Lucho Vives. ¿Qué pensará la señora Rosita Lacouture de Vives, cuyo hijo mayor fue asesinado después de dos intentos de secuestro de las Farc; otro hijo que después de 18 meses de secuestro del ELN terminó asesinado en unos hechos confusos; y un tercero, Lucho Vives, un hombre manso, actualmente preso por paramilitarismo, a quien le tocó heredar un feudo político porque a sus hermanos se los mataron?

M.I.R.: ¿Cuál es el desequilibrio que usted encuentra, y de pronto la Corte Suprema no, entre quienes cometían los actos de barbarie y quienes los patrocinaban?
J.F.L.: Aquí ha habido una tabla rasa demasiado rigurosa. En la política hay todo tipo de protagonistas. No voy a mencionar nombres, pero no veo a varios involucrados en una actividad criminal. Muchos de ellos llevan 30 años obrando correctamente y construyendo un nombre y un prestigio y de pronto pasa un paramilitar de esos y dice: ese señor es un tal por cual. Y queda liquidado moralmente.

M.I.R.: ¿No es acaso labor de la justicia hacer esa valoración?
J.F.L.: Desde luego. Aspiro a que lo haga y que no asuma por razones de carácter político, en lugar de jurídico, la interpretación de la verdad.

M.I.R.: Conclusión: El esfuerzo del Presidente por tratar de generar nuevos escenarios de negociación y de paz, incluida la liberación de guerrilleros, les parece conducente a los ganaderos?
J.F.L.: Si esta ley se hizo para estos tipos, los de las autodefensas, algún día se tendrá que hacer una semejante para las Farc. Y lo voy a decir con toda la perversidad del caso. Nuestros victimarios de ayer, la guerrilla, hoy son las víctimas y nos sindican de ser sus victimarios. ¿Qué va a pasar dentro de unos años, cuando el país tenga que sentarse otra vez a negociar con las Farc, y todos los elementos de este debate se devuelvan? Por ejemplo, los victimarios de hoy van a ser las víctimas del mañana. ¿La sociedad es consciente de ello?

M.I.R.: Me queda la duda del tema de la verdad en el proceso actual. ¿Por qué le temen tanto los ganaderos?
J.F.L.: Me preocupan mucho las confesiones de estos caballeros. La confesión tiene que ser integral y no se puede coger este pedazo de Mancuso sí, y este no. ¿Qué podrán decir los otros 56 cabecillas procesados? Por esa vía la sociedad colombiana puede estar en una celada muy complicada. Si la verdad fuera la de la reconciliación, como en África, sería mucho más fácil. Pero la verdad aquí busca la imposición de una pena y, obviamente, resarcimiento, que si no es por parte del victimario, lo será por parte del Estado. Todo el mundo va a estar interesado en contar una verdad interesada, o para no resarcir lo debido, o para que le resarzan más de lo que es justo. Por esa vía, imagínese el lío en el que nos estamos metiendo con esta ley. Hoy es contra los paramilitares. Mañana será contra las Farc. Hoy somos victimarios, y mañana seremos las víctimas.
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