Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/11/07 00:00

¿POR QUE LOS LIBERARON?

SEMANA revela las incongruencias e irregularidades que justificaron el fallo judicial

¿POR QUE LOS LIBERARON?

Pocas imágenes habían impresionado tanto a la opinión pública. Juan Tadeo Espitia Supelano, un joven de 23 años y mirada extraña, confesaba de manera detallada, ante el estupor del país entero que lo veía por televisión, la forma como había llevado a cabo el asesinato de Gloria Lara de Echeverry. Con voz temblorosa y aspecto embotado, contaba que en compañía de dos personas más y en un Renault blanco, había llevado en medio de la noche a Gloria Lara a un parque del barrio Bonanza en donde, despues de hacerla arrodillar, le disparó en la cabeza.
Diez meses después, el país recibía desconcertadamente la noticia de que Tadeo Espitia y los otros 7 sindicados del atroz asesinato eran inocentes. El Juez 16 Superior, Enrique Alford Córdoba, después de haber practicado numerosas diligencias judiciales, decretaba para todos "excarcelación y libertad incondicional".
La confesión de Espitia no era sino una de seis que la BIM había obtenido y que constituían la base de la acusación de que una antigua organización política denominada la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) era la responsable del secuestro y asesinato de Gloria Lara.
¿Cómo era posible que un delito con múltiples implicados y lujo de detalles, cuyas pruebas parecían irrefutables, resultara ser, de la noche a la mañana, un protuberante error judicial? ¿Si las personas que antes fueron presentadas como culpables hoy son inocentes, quién es responsable y qué implicaciones tiene esto en un país que se precia de ser un Estado de derecho? Probablemente, como sucedió con el caso Rincón Quiñones, muchos de estos interrogantes no serán absueltos nunca.
Lo único que parece claro son los aspectos jurídicos del asunto. Los acusados del asesinato de Gloria Lara fueron liberados por dos razones: por irregularidades en el proceso y por ausencia de pruebas contundentes en su contra. Lo primero, son aspectos de mecánica jurídica que pueden anular un proceso sin que esto implique inocencia de los acusados. Lo segundo, un debilitamiento gradual de la prueba acusatoria. A la opinión pública le importa más lo segundo que lo primero, pues antes que los tecnicismos jurídicos, le interesa es determinar con base en qué evidencia se decretó la libertad de los acusados.

MULTIPLES CONTRADICCIONES
Inicialmente la prueba central sobre la cual reposaba el proceso eran las confesiones individuales de los ocho sindicados. Como éstas fueron obtenidas en la BIM y posteriormente retractadas ante el juez tuvo lugar un debate sobre si habían sido producto de torturas. Las autoridades, encabezadas por el Procurador, desmintieron estas versiones alegando que hubo "maltratos" y no torturas. La opinión pública, partiendo de la base de que los sindicados eran culpables, no consideró necesario hacer un mayor esfuerzo para diferenciar entre unas y otras.
Sin embargo, SEMANA se enteró de que, cuando se comenzaron a estudiar detenidamente las confesiones, empezaron a salir a flote algunas incongruencias y contradicciones. De éstas las más significativas son las siguientes:
1. El acusado material del crimen, Juan Tadeo Espitia Supelano también estaba acusado de haber participado en el secuestro. Sin embargo, ese día, se encontraba trabajando en el Fondo Nacional del Ahorro, según la tarjeta de control de horario y constancia expedida por dicha entidad oficial.
2. Mientras todas las confesiones coincidían en que el secuestro se había llevado a cabo utilizando el Renault 4 blanco de Hernando Franco, sindicado de la autoría intelectual del crimen, los testigos oculares identificaron el vehículo como un Renault 12 de color azul.
3. La persona acusada de haber conducido el vehículo la noche del secuestro, Rodrigo Penilla Candela, estaba dictando clases de sociales en la Escuela Pedro Poveda, según constancia expedida por esa entidad.
4. Los detenidos confesaron que tan pronto estuvo en su poder la señora Lara de Echeverry, partieron rumbo al sur, mientras todos los testigos oculares coinciden en que el vehículo de los secuestradores partió hacia el norte.
5. Las tres casas donde supuestamente habría permanecido la secuestrada, según confesiones de los sindicados, eran claramente inapropiadas para mantener una persona cautiva. La casa de Hernando Franco, donde habría estado inicialmente, resultó ser un jardín infantil con señoras recogiendo diariamente a sus hijos, varias de las cuales atestiguaron que en sus visitas cotidianas nunca registraron nada anormal. El segundo sitio, la casa de una de las detenidas, Betty Suárez, se trata de un recinto estrecho y habitado por varias personas; sería, según algunos, ilógico pretender tener una persona retenida en medio de tanta gente. Finalmente, el local en el barrio Paulo VI, en donde habría pasado sus últimos dias la secuestrada, está situado en un primer piso, a la vista pública en un edificio multifamiliar.
6. Aunque tanto en el secuestro como en las fotos que conoció la opinión pública se utilizaron diversas armas, en ninguno de los mas de 50 allanamientos que se hicieron se encontró una sola arma.
7. Según las confesiones, las armas fueron transportadas desde Sincelejo en un carro funerario Ford modelo 55 de propiedad de Hugo Guevara Urrutia. Posteriormente, testimonios de habitantes de Sincelejo certifican que un carro de ese año y en las condiciones en que está no hizo ni puede hacer el trayecto Sincelejo-Bogotá.
8. Tadeo Espitia Supelano afirmo en su confesión haber llevado personalmente al "Bogotano" las fotos que probaban que la ORP tenía en su poder a Gloria Lara. Durante el proceso se estableció a través de declaraciones de personal de este diario, entre otros Jaime Torres, que éstas fueron recogidas en el Motel La Florida, después de una llamada suministrando esa información.
9. En el momento en que supuestamente Tadeo Espitia Supelano estaba asesinando a Gloria Lara, tenía lugar la celebracion del grado de su hermana. Según testificación del colegio que confirió el grado, este si tuvo lugar y según varios testigos y parientes fue celebrado en una fiesta familiar, en la cual estaba presente Espitia Supelano.
10. María Herminda Silva de Vizcaya, el único testigo ocular del secuestro que concurrió al reconocimiento de los sindicados para establecer si entre ellos se encontraba alguna de las personas que ella observó cuando aprehendieron a Gloria Lara, no reconoció entre los capturados a ninguno.
11. A través de las confesiones de los sindicados se estableció su militancia en la ORP hasta 1978 cuando ésta se disolvió, pasando sus integrantes a distintos grupos políticos desde el PTC hasta el galanismo. A lo largo del proceso se constató que no solamente participaban de actividades políticas diferentes sino que sus divergencias políticas habían llegado inclusive hasta el enfrentamiento personal, y muchos de ellos no se veían desde hacía varios años.
12. Ninguna de las voces de los sindicados en el caso Gloria Lara corresponde a la de las personas que llamaron a pedir el rescate según dictamen del laboratorio criminalístico de la Dipec.

COMO INFLUYO EL CASO BISHOP
Por el mes de marzo de este año, la ORP se adjudicó el secuestro del funcionario de la Texas Kenneth Stanley Bishop, inciándose una investigación penal sobre este hecho, que condujo a la captura, en el mes pasado, de Iván Darío Murcia Rojas, ex juez de Caicedonia (Valle) y otros, a quienes el F-2 presentó como sus autores. Las indagaciones realizadas desde el momento de la captura de estos individuos arrojaron revelaciones que aportaron nuevos elementos que fueron claves en la determinación de liberar a los acusados en el caso de Gloria Lara. De éstos, los más significativos son los siguientes:
a- Cuando estaba secuestrado Bishop, sus secuestradores enviaron en un sobre a los medios de comunicación fotos de él en cautiverio, así como fotos inéditas del cautiverio de Gloria Lara.
b- Los comunicados enviados a la familia Lara y la de Bishop fueron elaborados en la misma máquina de escribir según dictamen del F-2.
c- Frecuentemente Murcia Reyes, principal sospechoso en el secuestro de Bishop, caminaba por los alrededores de la casa de Gloria Lara, antes del secuestro de ella, según lo declaró su amante Martha Mercedes Ropero, quien lo acompañaba en estos paseos.
d- Bishop afirmó que durante su cautiverio sus secuestradores lo amenazaban de hacerle lo mismo que a Gloria Lara, si no pagaban el rescate.
e- La prueba técnica realizada por el F-2 demostró que la voz de los secuestradores que pedían el rescate de Gloria Lara, era la misma que la que solicitó el de Bishop.
DEMASIADOS CABOS SUELTOS
Aisladamente ninguno de estos elementos es una prueba contundente de inocencia. Muchos dependen de testimonios que pueden ser coartadas. Otros pueden ser producto de un error de percepción o de fallas en la memoria. Algunos de éstos no necesariamente prueban la inocencia de los que estaban presos, sino más bien podrían indicar que además de los detenidos hubiera otros involucrados. sin embargo, el juez aparentemente consideró que existían suficientes cabos sueltos que no permitían llegar a una conclusión de culpabilidad.
No acababa de darse a conocer el fallo cuando ya comenzó a suscitar reacciones contradictorias. El Procurador manifestó su desacuerdo con la providencia y la apeló. Las Fuerzas Armadas acataron el fallo a través de una declaración del general Landazábal, antes de pasar a un total hermetismo.

LAS TORTURAS
Los liberados, por su parte, en un gran despliegue en los medios de comunicación, reiteraron en forma categórica que sus confesiones habían sido obtenidas bajo tortura. SEMANA se entrevistó durante cuatro horas con ellos y escuchó sus versiones sobre irregularidades en sus capturas y las torturas a que habrían sido sometidos durante su cautiverio. Alegan que, con la excepción de Rodrigo Penilla Candela, quien fue golpeado con una tabla mojada en los gluteos, la mayoría de las vejaciones no dejaban marcas físicas. Además del "submarino" en el cual se sumerge en agua la cabeza de la persona hasta obligarla a hablar, la más frecuente era la asfixia por medio de presión de una toalla empapada contra la nariz y la boca. También mencionaron torturas sicológicas como las amenazas de su propia muerte o de sus familiares más cercanos, y a humillaciones como la de desnudar a las mujeres delante de varios hombres. El más impresionante de los testimonios fue el de Betty Suárez, quien manifestó que la habían obligado a comer excrementos y fue amanazada de que iba a ser violada por un caballo. Al referirse a estos hechos irrumpió en llanto e igual cosa hizo Tadeo Espitia Supelano, evocando el tratamiento de que fue objeto. Ver próximo artículo. La impresión general, escuchando la espontaneidad y la vehemencia de estos testimonios, es la de que son reales.
Independientemente de las reservas que subsisten en algunos sectores sobre el fallo que se acaba de proferir, de lo que sí no parece haber muchas dudas es de que los acusados fueron efectivamente objeto de vejaciones físicas que se acercan más a la tortura que al mal trato.
Más grave que esto, sin embargo, es la sensación que ha quedado flotando de que los organismos de seguridad han adquirido una dinámica propia que puede producir este tipo de errores. La sola duda asusta y desafia la credibilidad.
En todo caso esto deja en la opinión pública un sabor amargo y una gran incógnita: ¿cuál de las dos justicias, la castrense o la ordinaria, cometió una monstruosidad?

TUVE QUE ACEPTAR TODO
Juan Tadeo Espitia Supelano, quien confesó en "videotape" haber disparado contra Gloria Lara, explica las razones de su confesión. El viemes 17 de diciembre, a las 7:30 de la manana, me dirigía tranquilamente a mi trabajo en el Fondo Nacional de Ahorros. No alcancé a dar siete u ocho pasos más allá de la puerta de la casa, cuando un tipo me interceptó por la espalda. En ese mismo momento, en un taxi público, amarillo y negro, que hizo su aparición, tres tipos se bajaron y entre los cuatro, a la fuerza, me obligaron a subir al carro, donde me taparon con una ruana y me colocaron los pies encima para que no me pudiera mover. Ya en el piso, lo único que pude preguntar era qué querían. "Cállese hijueputa ¡que somos del MAS y lo vamos á matar!" fue la contestación vulgar que recibí. Inmediatamente, procedieron a vendarme, amordazándome, hasta llegar a un sitio que no pude siquiera reconocer. No sabía que estaba en la BIM. Allá me sorprendieron preguntándome el porqué había matado a Gloria Lara. Obviamente, aunque yo tenía el conocimiento por los periodicos de que la sigla OPP estaba vinculada al asesinato de doña Gloria nunca imaginé la posibilidad de qué se me llegara a incriminar. Mi actividad política era bastante diferente y aparte de unas reseñas en la policía, debidas a capturas de hace años cuando me habían cogido pegando afiches de la OPP, nunca se me había vinculado con hecho violento de tal naturaleza. No lo podía creer. Y me negué rotundamente a aceptar eso.
En ese momento fue que comenzaron las torturas y según lo entiendo, empezaron con una de las más duras: la asfixia. A uno lo amarran (a Tadeo le tiembla la voz y parece quedarse sin aire con sólo recordar), me vendan, echándome chorros de agua, y pegándome golpes en el estómago y en todas partes del cuerpo. Es el famoso "trapito" que le quita a uno totalmente la respiración. La desesperación mía fue tal, que en uno de esos momentos me desaté las manos, me quité la venda y vi la cara de mis torturadores. "Ese hijueputa nos reconoció es hombre muertó: dijeron ellós. Esas caras, nunca las voy a poder olvidar.
Hasta las 6:30 de la tarde, de ese mismo dia, las torturas nó pararon. A esa hora me obligaron a quitarme el buso, me amarraron los pies y me colgaron. (En Medicina Legal queda constancia de la huella que dejaron las sogas en mis espinillas). Fui colgado, y me pintaron en la espalda y el pecho, con pintura roja, el letrero de MAS. Según los señores de la Brigada, ya me había llegado la hora.
En los interrogatorios, prolongados por 24 horas seguidas, yo me negué sistemáticamente a aceptar mi participación en ese crimen, y a vincular la lista de militantes de la ORP al asesinato de Gloria Lara. El domingo en la madrugada fui llevado al allanamiento de mi casa y una mujer policía que iba en el carro, me preguntó en qué sitio se encontraban las armas. "las únicas armas que existen son las de la cocina, acá no tengo ningún tipo de armas" contesté. "Más vale que confiese, porque a usted no le gustaría que se llevaran a su mamá, la violaran y la mataran delante suyo, debido a que usted se negara a confesar me advirtieron todos. De ahí me llevaron de vuelta al sitio anterior, que reconoci, era la Brigada de Institutos Militares. Estaba absolutamente seguro de que era hombre muerto. No había habido precedentes de que el MAS soltara a alguien que estaba en su poder y estaba convencido de que ahí iba a terminar la cosa. Eso reforzó en parte mi negativa a aceptar la participación en el crimen.
Sin embargo a medida que las torturas se refinaban, mi decisión iba a cambiar: ocho o 10 tipos empezaron a golpearme, sin dejar tiempo para contestar, sólo para confundir. Todo esto en medio de los gritos desesperados de una mujer que decían, era mi mamá (a Tadeo se le entrecorta la voz por el llanto). Así fui llegando a la conclusión de que tenía que aceptar lo que me estaban imputando. Tomé la decisión de escribir en un papel y de grabar en un cassette sencillo, que yo había matado a Gloria Lara.
Se llegó el lunes, día de la indagatoria en la Brigada, cuando un señor se presentó, sin identificarse plenamente como el Juez Luis Eduardo Mariñó. Yo le solicité a él que me dejaran llamar a mi abogado, pero luego de consultar con los militares, me dijeron que era imposible porque allá no había teléfono. Así comenzó una indagatoria bastante sui generis, ya que uno de mis torturadores, que me había llevado a donde el juez, se quitó la capucha y le sirvió de secretario al juez.
En la primera indagatoria confesé que yo había llevado las fotos del cadáver de Gloria Lara al "Bogotano", luego de que Freddy Rivera me las había entregado en la Nacional. En la segunda, luego de una serie de torturas, confesé cómo había matado a Gloria Lara. En la tercera, el cuento se completó. Ese mismo día grabé el video cassette con mi confesión de haber asesinado a Gloria Lara sin saber que en pocos días sería visto por todo el país.
El jueves de la misma semana, a pesar de que el juez había ordenado desde el martes mi traslado a la Modelo fuí llevado a la cárcel y sacado de lá Brigada. Sólo a principios de enero recibí la visita del investigador de la Procuraduría para las Fuerzas Armadas, que venía a averiguar sobre las denuncias de torturas. A él le dije que podía reconocer la cara de mis torturadores y eso quedo anotado en el expediente.

HABLA EL AUTOR INTELECTUAL
Hernando Franco, según los testimonios de sus compañeros en enero de este año, era el supuesto autor intelectual del asesinato de Gloria Lara. Desde esa época, más o menos el está en la clandestinidad, escondiéndose en las casas de amigos, parientes y familiares y por último, habiendo cruzado la frontera del país. Actualmente vive en París como asilado político. SEMANA, en entrevista exclusiva por teléfono, logró consignar algunas de sus opiniones.
SEMANA.: ¿Cómo recibió la noticia de la liberación de sus compañéros?
HERNANDO FRANCO.:Pues mire, tuve reacciones contradictorias. Primero me alegré de que mis compañeros hubieran salido. Pero luego, indudablemente me dio mucha tristeza al ver el póder de la impunidad en nuestro país. ¿Quién paga todo?
S.: ¿Esto significa entonces que su regreso al país no es muy seguro?
H.F.: Pienso retornar al país, pero no tan pronto. Tomar mi tiempo en Europa y reponerme de estas situaciones vividas. Quiero esperar la decisión del tribunal y, sobre todo, no veo garantías en este momento, para mi regreso al país. El otro día me leyeron una afirmación de uno de tantos generales colombianos de que le extrañaba que estuvieran soltando a los verdaderos asesinos. Mientras esa clase de dudas exista no creo posible retornar al país. Es más, en estos nueve meses, mi casa, las casas de amigos, familiares y conocidos han sido allanadas mi vida familiár ha quedado casi destruida y mi economía rota. Me tengo que recuperar.
S.: ¿Cómo se explica el curso tan irregular del proceso que los implicó a ustedes?
H.F.: Debido al creciente proceso de militarización que vive el país, muy a pesar de la buena voluntad del Presidente Belisario Betancur y de los banquetes y conciertos en el Palacio de Nariño lo real es que ese proceso de militarización se ha manifestado en la vida política. Los militares, en este caso, no desaprovecharon la posibilidad de un montaje, que tuviera a la izquierda como blanco. Escogieron un grupo sin posibilidad de respuesta política, como lo era la ORP, que hacía tiempo estaba desperdigada. En esto, sin duda alguna, me tocó el papel del Procurador, al negar las torturas. Quién sabe qué cara pondrá ante la opinión pública cuando compruebe la inocencia total de sus compañeros. En mi caso particular yo tenía el perfil ideal para ser el pez gordo y el autor intelectual.

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