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| 8/31/2011 12:00:00 AM

¿Por qué se fue Rodrigo Rivera?

Por encima de los golpes a 'Jojoy' y 'Cuchillo', la percepción de deterioro de la seguridad, el corto circuito en el mando de las FF.MM., la distancia con el Gobierno, la falta de capacidad de acción y el aislamiento político influyeron en el primer gran ajuste en el gabinete, coinciden los analistas.

La salida de Rodrigo Rivera del Ministerio de Defensa estaba cantada. Desde hace varios meses se rumoraba en los círculos políticos que su salida era inminente. Incluso, hubo voces que anticiparon que Juan Carlos Pinzón, secretario de Presidencia y ex viceministro de Defensa, sería su reemplazo. El propio presidente Juan Manuel Santos ha dicho que los ministros son “fusibles”, que se deben relevar cuando se considera que han cumplido su función. Esta es la norma que tradicionalmente ha regido los cambios de gabinete, aunque los ocho años de la era Uribe se caracterizaron por la defensa a ultranza del equipo ministerial.
 
A lo largo de su gestión, Rivera recibió, en los difíciles momentos que vivió el frente de la cartera, el permanente apoyo del presidente Santos, quien este miércoles volvió a expresarle su aprecio y su admiración. "Ha actuado con responsabilidad, devoción y entrega total, se han dado unos grandes resultados", dijo el mandatario. Y recordó, entre otros, los golpes a 'Jojoy ' y 'Cuchillo'.

Y si bien su situación no se había hecho insostenible, los analistas coinciden en que era el momento de un timonazo en el Ministerio de Defensa. Por ejemplo, para algunos, la estrategia de combate a la guerrilla necesita una reingeniería, pues esta ha dado la vuelta a la tradicional “guerra de guerrillas”. Para otros sectores cercanos al uribismo se necesita un mayor respaldo jurídico a las Fuerzas Militares para que “el ánimo de la tropa” se levante. En cualquier caso, se requieren cambios. Pero ¿cuáles razones incidieron en la partida del ministerio de Defensa de Rodrigo Rivera?

1- La percepción de deterioro de la seguridad

Aunque Rivera estuvo a la cabeza del ministerio durante importantes operaciones como la que dio de baja a Víctor Julio Suárez Rojas, alias ‘Mono Jojoy’, y a Pedro Oliverio Guerrero, alias 'Cuchillo', la percepción de que la seguridad desmejora en el país ha ido en aumento. Según la encuesta de junio de Invamer Gallup, el 74 por ciento de los 1.200 encuestados en las cinco principales ciudades dijo que la inseguridad en el país estaba empeorando.

Los ataques de la guerrilla a municipios como Toribío y Caloto (Cauca); las explosiones de carros bomba en Iscuandé (Nariño) y en Puerto Rico (Caquetá); las muertes de policías en Antioquia, Valle del Cauca, Nariño, Cesar y otros departamentos; los ataques de bandas criminales en Córdoba, entre otras acciones que se dieron a mitad de año, reforzaron la idea de que la política de seguridad necesita un cambio.

Para Jairo Libreros, analista de seguridad, “a pesar de que las cifras lo favorecen, no supo comunicar sus logros y perdió espacio”.

2- El corto circuito dentro de las Fuerzas Armadas

Con la llegada del nuevo gobierno también hubo cambios en la cúpula militar, lo cual es natural. Pero el nombramiento de Édgar Cely, un marino, como comandante de las Fuerzas Militares, no cayó bien en algunos sectores del Ejército.

Para el general Jairo Delgado, director de análisis de Seguridad y Defensa el Instituto Hernán Echavarría Olózaga, “ese fue un cambio abrupto, pues durante ocho años había estado a la cabeza un oficial del Ejército”. El descontento generó tensiones que no han sido ajenas a la opinión pública y que dieron el mensaje de falta de unidad dentro de las Fuerzas Armadas.

Esas tensiones llegaron a un punto crítico con el llamado a “calificar servicios” que le hizo Rivera al general Gustavo Matamoros, entonces jefe de Estado Mayor.

“Rivera se convirtió en un administrador de tensiones internas y eso le dificultó desarrollar estrategias y observar con más rendimiento el cambio de dos variables de la seguridad: el reacomodamiento de las FARC y la percepción del deterioro de la seguridad ciudadana, que se convirtieron en el talón de aquiles del gobierno de Santos”, agregó Delgado.

3- La distancia con el Gobierno

Rivera era el enlace más cercano del gobierno de Santos con el uribismo. En la campaña de apoyo al referendo que buscaba la reelección del expresidente Álvaro Uribe, el ahora exministro se marginó del Partido Liberal y asumió la defensa de la iniciativa. Por esto su nombramiento en la cartera fue interpretado como un mensaje de tranquilidad sobre la continuidad que tendría la política de seguridad democrática en el Gobierno.

Pero Santos poco a poco ha tomado distancia con el gobierno anterior al promover una Ley de Víctimas con la que Uribe estuvo en desacuerdo, con el reconocimiento del conflicto armado y al decir que la llave del diálogo con las guerrillas no está perdida. Y el uribismo radical ha pasado a ser opositor a Santos. Este viraje del Gobierno dejó a Rivera en una posición incómoda.

Esas diferencias salieron a flote en abril pasado, cuando SEMANA publicó un reportaje sobre los privilegios de los militares recluidos en la base de Tolemaida. Mientras el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, uno de los más aplaudidos por su gestión, pidió trasladar a los reclusos a la nueva penitenciaría de Guaduas (Cundinamarca), Rivera replicó que las Fuerzas Militares podían cumplir esa función carcelaria. Esa fue una de las divergencias que los dos funcionarios sostuvieron en público, en una relación que no fue mala pero que que no estuvo exenta de tensiones. 

Para el general Delgado, el origen del problema fue estratégico. “Cuando Santos recibió la Presidencia era un momento de definición estratégica y no política”, explicó. En su criterio, la elección del ministro no debió privilegiar el consenso político, sino tomar una decisión pragmática, ante los retos que desde ese momento ya se vislumbraban.

4- “Le faltó liderazgo”

En criterio de algunos analistas, a Rivera le faltó liderazgo para capotear los retos que se le fueron encima. Dentro de la cúpula militar, a pesar de que se le reconocía su capacidad de trabajo y que estaba haciendo las cosas bien, no gozaba de capacidad de mando.

“Todos reconocen que lo está haciendo bien. Pero le falta mando, decisión y poder”, dijo un alto oficial para un artículo publicado en SEMANA sobre las tensiones dentro de la cúpula militar. A esto se sumó el hecho de que, pese a tener grandes responsabilidades, se quedó limitado a la hora de tomar decisiones. Muestra de eso fue que solo nombró a uno de sus tres viceministros.

En criterio de Libreros, “el Gobierno montó una nueva arquitectura de la seguridad, expresada en la creación de la Conferencia de Seguridad, que le restó (a Rivera) protagonismo y le dificultó la posibilidad de tomar decisiones”.
 
Rivera tampoco gozó de popularidad. Por ejemplo, según un estudio de opinión publicado por Gallup en junio, el 22 por ciento de los encuestados dijo aprobar su gestión y el 13 por ciento no, lo cual demostró que la proporción de conocimiento de su figura es escasa.

5- Se quedó solo

Aunque los postulados de Rivera en materia de seguridad eran más cercanos a los del uribismo, este lo dejó solo. Muestra de eso fue que Juan Lozano, presidente de La U, dijo este miércoles que Rivera no representaba al uribismo en el gabinete, y Rafael Pardo, presidente del Partido Liberal al cual perteneció oficialmente Rivera, lo contradijo: “él representaba al uribismo, no sé si con carné o sin carné, pero era de allá”, dijo.

Y, paradójicamente, las fallas en la política de seguridad atribuibles a Rivera, quien se proclamó continuador de la política de seguridad democrática y defensor del uribismo, fueron duramente criticada por sectores cercanos al expresidente.

“Las cosas malas de haber pertenecido al Partido Liberal y de haber pertenecido al uribismo se convirtieron en un boomerang que solo lo afectó a él”, sintetizó Libreros.

En su carta de renuncia, Rivera destacó la reducción de los índices de criminalidad en el último año. Dijo que el homicidio común se redujo en 7 por ciento (679 casos menos), el secuestro extorsivo en 10 por ciento (13 casos menos), las lesiones comunes en 6 por ciento, entre otros. Pero las demandas de la sociedad van por otro camino y, además de las cifras, la ciudadanía espera que la percepción de inseguridad cambie, se desactiven las acciones militares de la guerrilla y el combate a las bandas criminales sea efectivo. Está por verse si los ajustes dan el fruto esperado.




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