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| 6/11/1990 12:00:00 AM

Porqué no cogen a Escobar

Los generales en la mira de la opinión pública.

Todos los colombianos recuerdan la imagen del 6 de noviembre del 85: un tanque Cascabel que sube las escalinatas del portal del Palacio de Justicia sobre el costado norte de la Plaza de Bolívar, y trata de ingresar, como una aplanadora, en el edificio. Nada más aparatoso. Y a la vez, nada más ilustrativo de los problemas tácticos de las Fuerzas Armadas y de seguridad de Colombia.
Para un episodio en el cual se requerían, antes que nada, unidades de comando que dominaran a los guerrilleros del M-19 y rescataran a los rehenes, las autoridades terminaron utilizando los instrumentos de una guerra convencional, como si se tratara de la confrontación de Rommel y Montgomery en el desierto africano.
Ese ejemplo puede ser el más claro. Pero está lejos de ser el único. En los últimos meses, el país ha sido testigo de cómo, en la persecución de un sólo hombre, Pablo Escobar Gaviria, no solo han vuelto a aparecer los tanques, sino también los aviones de combate de la Fuerza Aérea Colombiana, para no hablar de batallones enteros de soldados y brigadas de centenares de policías. Todo ello para rodear y ocupar una zona de más de 2 mil kilómetros cuadrados, en la cual tratar de ubicar a Escobar, independientemente del número de efectivos, aviones y tanques, es como buscar una aguja en un pajar.
Lo cierto es que cada vez más colombianos, entre indignados y llenos de sospechas, se preguntan porqué no ha sido posible capturar al jefe del cartel de Medellín. Los generales de la República, encargados de la situación, se encuentran en la mira de la opinión pública y, por primera vez en muchos años, algunos de los más importantes dirigentes políticos han comenzado a hablar abiertamente del tema, otrora considerado como tabú.
Mientras el candidato de Salvación Nacional, Alvaro Gómez, insiste en que en Colombia "no hay autoridad porque aquí no cogen a nadie", el aspirante liberal César Gaviria habla de "los precarios resultados que muestra la acción de las autoridades contra las organizaciones criminales", y el ex presidente Alfonso López plantea de frente la necesidad de reestructurar los organismos de seguridad. "Muchos creen que algo anda mal, pero la verdad es que todo o casi todo anda mal", le dijo a SEMANA un especialista que lleva varios años investigando la cuestión y que está convencido de que con los actuales mecanismos, es imposible para el Estado no sólo ganar sino enfrentar esta guerra.
Aparte de él, SEMANA se dedicó durante varios días a indagar, con fuentes civiles y militares del gobierno y con otros especialistas no gubernamentales, sobre las verdaderas dimensiones del problema. Esta revista tuvo además, acceso a parte importante de un extenso documento secreto que está en manos del alto gobierno y que contiene un detallado análisis de la cuestión.
UN DISEÑO EQUIVOCADO
Cuando el especialista en mención habla de que todo anda mal, comienza por explicar que el diseño de las Fuerzas Armadas y de seguridad del país parte de un principio absolutamente equivocado a la luz de las circunstancias y particularidades del problema colombiano: "todo en Colombia, desde los tiempos de la Independencia, está diseñado en materia de seguridad y defensa con base en la idea de confrontar a un enemigo externo. Y guerras exteriores, en forma, solo hemos tenido la del Perú, mientras que guerras civiles y conflictos irregulares contra fuerzas guerrilleras o paramilitares, o contra grupos de bandoleros y terroristas, hemos tenido por montones".
Esto es particularmente claro en el caso de las Fuerzas Militares (las mismas Fuerzas Armadas, pero sin incluír a la Policía). Allí puede verse el diseño de un Ejército, una Armada Nacional y una Fuerza Aérea que planean sus actividades, sus tácticas y sus adquisiciones pensando siempre en un enemigo externo. Basta echar una mirada a los más de mil millones de dólares que se gastaron en la segunda mitad de la década pasada en crédito externo destinado a cuatro proyectos que responden a necesidades -discutibles al menos como prioridades- de defensa externa. Se trata de la compra de los aviones israelíes K-fir, de las reparaciones a los submarinos de la Armada, y de los proyectos de Bahía Malaga, en el Pacífico, y Marandua en la frontera con Venezuela. "No hace falta mucha imaginación para pensar en todo lo que se habría podido hacer en materia de contraguerrrilla, antiterrorismo y antinarcóticos con ese dinero", comento la fuente.
Algunos militares justificaron la compra de los K-fir alegando que no solo cumplían con el objetivo de disuadir a Venezuela, sino que podían ser utilizados en la ubicación de campamentos guerrilleros y laboratorios y rutas de transporte de la pasta de coca desde el Perú, Brasil y Bolivia.
Sin embargo, estas últimas tareas solo las podrían cumplir estos aviones en caso de que contaran con un equipo de radar especializado, que -prueba del enfoque siempre externo de la defensa nacional- no fue solicitado en el pedido a los fabricantes y que ahora que va a ser corregido, lo será cuando los K-fir necesiten una reparación general, dentro de unos años.
En cuanto a la reparación de los submarinos, aunque las cifras son secretas, se habla del gasto de más de 90 millones de dólares, equivalentes a mas del 70% de la inversión naval de la administración de Virgilio Barco. "El caso de los submarinos es dramático -asegura un funcionario civil del gobierno- pues la relevancia de la reparación de los submarinos frente al problema de orden interno es absolutamente nula". Y mientras la Armada se gastaba 90 millones de dólares en los submarinos, el alto gobierno se enteraba de que, para controlar las numerosas vías fluviales por donde se transportan las armas para la guerrilla y los narcotraficantes, así como los químicos y las materias primas necesarias en la producción de cocaína, la Armada sólo cuenta con 5 naves. "Teniendo en cuenta las particularidades de las guerras internas que enfrenta el país, los ríos tienen hoy un valor estratégico muchísimo mayor que los mares", comentó un oficial del Ejército, particularmente crítico de la forma como opera el gasto militar, y especialmente el naval.
COORDINACION CERO
Pero esta concepción de la defensa nacional no sólo distorsiona las decisiones de inversión. También distorsiona el planeamiento táctico, que obviamente se hace con base en el equipo disponible para cada operación. Si por ejemplo, se logra una información altamente verificada sobre el lugar donde se encuentra Escobar, los altos mandos se reunen para ver con que equipo cuentan para la operación. Y como ese equipo fue adquirido pensando en un conflicto externo, o simple y llanamente no sirve o hay que adaptarlo a machetazos.
"Una de las veces que "El Mexicano" se escapó de un cerco que le habíamos tendido en el Magdalena Medio, pocas semanas después del asesinato de Galán, pudo huír porque el ruido de unos aviones A-37 lo alertó. Habíamos pedido ese apoyo para la eventualidad de que Rodríguez Gacha tratara de escaparse por vía aérea, pero la falta de coordinación fue tan evidente, que los A-37 comenzaron a volar antes de tiempo y el hombre se nos fue sin que pudieramos cerrar el cerco", recordó una fuente de la Policía.
Aunque parezca increíble, en Colombia el criterio central de la distribución de las responsabilidades de las distintas fuerzas es esencialmente geográfico. En vez de la coordinación y la cooperación, la tradición ha sido que la FAC, la Armada, el Ejército y en algunos casos la misma Policía, se distribuyan sus tareas por regiones.
Durante varios años, el control de las llanuras de la Costa Atlántica ha estado en manos de infantes de Marina que a pesar de su escasa preparación y especialización en estas tareas, han tenido que enfrentar los problemas de una región que registra en los últimos años el mayor recrudecimiento de los problemas de la guerrilla y de paramilitarismo de todo el país.
Los criterios de distribución geográfica no solo se presentan en la asignación de las funciones de las distintas fuerzas. Muchas veces se extienden al interior de cada una de esas fuerzas. Esto es especialmente claro en lo que se refiere al Ejército. Para él, el territorio nacional esta compuesto por divisiones, divididas, a su vez, en brigadas. Este diseño, aunque en principio no es del todo equivocado, si ha demostrado sus graves falencias en el curso de los últimos años de guerra.
El caso más ejemplarizante, aunque de lejos no el único, es el del patrullaje del oleoducto Caño Limón Coveñas. Sobre la franja territorial que recorre el tubo, ejercen autoridad siete mandos militares distintos, y no siempre es fácil ponerlos de acuerdo o autorizar el traslado de tropa de un mando a otro. "Nadie que no conozca de cerca al Ejército se imagina lo difícil que es trasladar tropa de un mando a otro. Todos los oficiales que tienen tropa bajo su cargo son muy celosos cuando de perder efectivos se trata. Falta flexibilidad y falta sentido de la eficiencia en todo esto", aseguró un funcionario civil.

Estos problemas se evidenciaron hace pocos meses en el oleoducto.
Cuando finalmente la brigada encargada de custodiar el tubo y enfrentar al ELN en el tramo que va de Caño Limón a Río Zulia, en Norte de Santander, estaba aprendiendo a golpear a ese grupo guerrillero, había montado un aparato de inteligencia relativamente confiable y estaba evitando las voladuras del oleoducto, el ELN comenzó a atacar en el tramo siguiente del tubo, al otro lado de la cordillera oriental. Lo lógico hubiera sido trasladar a esos hombres -o al menos a buena parte de ellos- a la nueva zona de combate para que combinaran sus conocimientos y su experiencia en el combate del ELN, con el conocimiento y experiencia de los hombres de la otra brigada en cuanto a las particularidades de la nueva zona de operaciones. Pero para hacerlo se requiere un procedimiento burocrático bastante complejo y esto no fue posible.
En este campo, a fines del año pasado hubo un primer reconocimiento de los errores cometidos. Se trata de la creación de las brigadas móviles, como la que ha venido operando contra el EPL en Córdoba y Sucre.
De hecho, es algo así como adaptar a la estructura del Ejército lo que ya ha dado sus frutos en la Policía: el Cuerpo Elite, que no es otra cosa que una brigada movil de policías, que tiene su base en Bogotá y se traslada a cualquier parte del país donde se necesite sus servicios. "Aunque no es fácil cambiar concepciones tan arraigadas hemos avanzado, con la idea de las brigadas móviles, hacia una especialización de nuestras tropas no solo con base en un área o en una región determinadas, sino con base en un enemigo", comentó una de las fuentes del gobierno.
Hay problemas de coordinación operativa, pero también los hay a nivel de inteligencia. Aunque en este campo, según los expertos, es en el que más se ha avanzado, pues hoy el DAS y la Dijin han progresado en forma considerable en cuanto a investigaciones, lo cierto es que falta mucho para que el Estado colombiano pueda contar con una organización de inteligencia como la que se requiere en las actuales circunstancias.
Existen, al menos, cinco entes dedicados a la inteligencia: el DAS, la Dijin -de la Policía-, el B-2 -del Ejército--y los de la FAC y la Armada. Esta multiplicidad de organismos no necesariamente es mala, si se logra promover la competencia entre unos y otros para que el gobierno civil obtenga información. Así sucede en la mayoría de los países del mundo. Pero para que esa multiplicidad y esa competencia surtan efecto, se requiere que alguien en el más alto rango del gobierno civil -generalmente el ministro de Gobierno o Interior-, sea capaz de coordinar las actividades de cada uno de esos organismos y, sobre todo, sepa promover la emulación poniendo a cada uno de ellos a traerle más y mejor información. En Colombia, aunque existe un Consejo Nacional de Inteligencia, nunca se reune, lo que hace que cada organismo de seguridad actue como si fuera de un pais distinto.
Algo se ha avanzado en la integración de actividades entre la Dijin y el DAS. Pero esto se debe más a la empatía entre sus jefes -el general Miguel Maza y el coronel Oscar Peláez- que a una organización que así lo permita. También ha habido avances en Medellín, actual centro de operaciones contra el narcoterrorismo donde el general Harold Bedoya, comandante de la IV Brigada, ha logrado un buen nivel de coordinación con la Dijin, el DAS y el Cuerpo Elite en esta lucha. A pesar de ello, Bedoya reconoce que hacen falta resultados y que si no se ven pronto "la moral de las tropas va a empezar a verse afectada".
Y la de la ciudadanía, a juzgar por hechos como los dos carros-bomba que el sabado en la tarde estallaron en Niza y Quirigua, en Bogotá, y los otros dos que al anochecer estallaron en Cali. Por lo menos 20 colombianos se sumaban a la larga lista de víctimas de la guerra, y más de 150 heridos y pérdidas millonarias eran reportados.
LOS CRITERIOS DE PROMOCION
Pero los problemas están lejos de limitarse a los procesos de adquisición de equipo y al planeamiento táctico de las operaciones. Hay también y de manera no despreciable, serios problemas respecto al proceso de promociones y ascensos dentro de la estructura de las Fuerzas Armadas.
Lo primero que salta a la vista de quien analiza esta situación es que el gobierno civil no cuenta nunca con suficientes criterios ni elementos de juicio para decidir sobre la política de promociones. Son muy escasos los civiles, dentro y fuera del gobierno, que saben que pasa en el seno de los mandos militares y eso obliga al alto gobierno a dejar en manos del alto mando las decisiones sobre promoción y ascensos.
Pero aparte de la necesidad que existe de que a nivel de los funcionarios civiles haya personas que se especialicen en las cuestiones militares, todo indica que, en lo referente a promociones y ascensos, lo que hay que cambiar, ante todo, son los criterios. Actualmente existen dos tipos de estos, uno formal y otro informal. El formal esta compuesto por la antiguedad y por los cursos, grados y medallas. El informal tiene que ver con las tendencias y grupos que existen en el seno del mando militar y, según una fuente, "es algo así como el clientelismo militar".
En cuanto a lo formal, denota una concepción más bien burocrática de los ascensos, que a su vez determina una actitud casi defensiva de los oficiales. Si a uno de ellos le hacen falta seis meses para ascender a mayor, de seguro va a tratar de correr el menor número posible de riesgos tanto en acciones de combate como en la parte administrativa, para evitar poner en peligro su ascenso. "Si meses antes del próximo ascenso un oficial tiene la oportunidad de conducir a sus tropas hacia un objetivo que determinaría golpear duramente a las FARC, es posible que decida quedarse quieto, pues así no se arriesga a que le maten unos soldados y eso ponga en peligro su ascenso", le explicó a SEMANA un oficial retirado.
¿Cuál es, pues, la alternativa ante este sistema de promociones? Que este se haga, como sucede en países como Corea, con base en el desempeño. Esto promueve la audacia y la imaginacion de los oficiales. "Si las promociones se dieran por desempeño, estaríamos ponderando al oficial de campo sobre el de oficina", concluyó un funcionario del gobierno. Esto para no hablar del hecho de que en la estructura militar colombiana un suboficial nunca puede ser ascendido a oficial. "Uno de los secretos de la efectividad del ejercito de Hitler era el hecho de que los suboficiales que demostraran sus capacidades podían llegar hasta el rango de capitanes. Hoy algo de eso se conserva en el Ejército alemán, en el coreano y en el israelí", agregó la fuente.
En fin, como quedó evidenciado una vez más con los carros-bomba del sábado en la tarde, es mucho el trecho que se necesita recorrer para voltear la tortilla de las Fuerzas Armadas y de seguridad y convertirlas en el verdadero brazo armado que el Estado colombiano requiere para salir adelante en este durísimo fin de siglo. "A veces pienso -le dijo a SEMANA uno de los especialistas consultados- que para enfrentar esta guerra con reales posibilidades de éxito es igualmente importante, y en todo caso más urgente, una profunda reforma a la estructura de la defensa y la seguridad nacionales que una reforma constitucional".
¿DONDE ESTAN LAS FALLAS?
- Todo esta diseñado en materia de seguridad y defensa, con base en la idea de confrontar un enemigo externo. Y lo que el país tiene son enemigos internos.
- Se gastaron US$90 millones en reparar los submarinos, mientras la Armada sólo cuenta con 5 navíos para controlar las decenas de ríos por donde entran las armas y la pasta de coca.
- Según el general Bedoya, si no se empiezan a ver pronto los resultados, la moral de las tropas va a verse afectada.
- Aunque existe un Consejo Nacional de Inteligencia, nunca se reune, lo que hace que cada organismo actue como si fuera de un país distinto.
- Los criterios de antiguedad en los ascensos deberían ser remplazados por criterios de desempeño, para ponderar al oficial de campo sobre el oficial de oficina.
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