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| 1/30/2016 12:00:00 AM

Cambiar la mentalidad

La cultura tendrá un papel determinante en el posconflicto: reconstruir la identidad y el tejido social de un país enfermo por medio siglo de guerra.

“El desafío más grande que tenemos como país es cambiar de mentalidad, y las artes y la cultura son fundamentales en ese proceso”. Así dio paso Mauricio Rodríguez, director del programa radial Líderes RCN, al conversatorio sobre cultura en el Foro Colombia 2016 ¿Para dónde va el país? Luego tomó la palabra Álvaro Restrepo –coreógrafo, creador y director de la fundación El Colegio del Cuerpo–, quien empezó su ponencia resaltando que quizá esta era la primera vez que un bailarín tenía la palabra en un escenario de alto nivel para hablar de paz y cultura. “Se vislumbra la etapa del posconflicto, y la cultura será columna vertebral, catalizador, articulador, pivote y médula de ese proceso”, dijo.

Restrepo expuso una tesis puntual: la tarea de reconstruir la identidad y el tejido social de Colombia, un país que en sus palabras está “severamente enfermo, y aquejado por una grave crisis multidimensional (ética, política, espiritual, social, económica…)”, debería ser transdisciplinaria. En su opinión, la cultura debe “aglutinarse” con sectores como la educación, los medios de comunicación e, incluso, la protección social y la salud; y juntos diseñar un plan extraordinario para sanar el alma, la mente y el cuerpo de manera simultánea.

Pero claro, hay obstáculos para que la cultura se posicione en ese papel. Quizá los dos más evidentes y arraigados sean la falta de credibilidad y de presupuesto. Ambos fueron tema en esta conversación que también contó con la presencia de la poeta Piedad Bonnett, de Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, y de Germán Rey, miembro de la junta directiva de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Piedad Bonnett comenzó con una anécdota de sus años de adolescencia, para ilustrar cómo en Colombia la cultura tiene que abrirse paso contra los prejuicios: el papá de una de sus amigas calificó como “un bonito adorno” la carrera de filosofía y letras que ella había elegido. “Él partía de una concepción de cultura que la supone información, entretenimiento, barniz decorativo, pasatiempo para el ocio… Una idea que persiste en muchas mentes, incluidas las de gobernantes y periodistas”, dijo.

Germán Rey fue enfático en su posición al respecto: la cultura debe estar en los grandes debates y en las reformas estructurales del país. “Por ejemplo –señaló–: yo no sé por qué se sigue discutiendo la política de tierras sin referir el tema cultural. ¿Es que acaso no hay nada más profundamente cultural que la pertenencia a la tierra, que el despojo, que el desplazamiento, que los retornos simbólicos? ¿Puede haber una política solo con medición de áreas?”.

Segundo obstáculo: la falta de apoyo financiero. Ramiro Osorio planteó que es fundamental asumir una posición más firme frente a las exigencias que el sector le hace al gobierno: “Somos un sector que aporta al producto interno bruto (PIB) y por lo tanto requerimos incentivos como los otros sectores. Cumplimos una labor en el desarrollo de la sociedad”. Las industrias culturales aportan un 3,3 por ciento al PIB del país, una cifra cercana a la meta del Ministerio de Cultura de llegar a 3,6 por ciento este año.

La cultura y las artes, entonces, no solo crearán ciudadanos más preparados y educados sino, como bien lo dijo Restrepo, “más sensibles, intuitivos, memoriosos, perceptivos, compasivos… más humanos”. Y justamente esos son los ciudadanos que se necesitan de cara al posconflicto.

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