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| 2/4/2014 12:00:00 AM

La política en los tiempos del ruido

El Gobierno debe poner freno inmediato a las amenazas de criminales contra líderes de la oposición. Análisis de Semana.com

Además del caso de las chuzadas por parte del Ejército a los miembros del equipo negociador del Gobierno en el proceso de paz en La Habana, al presidente Juan Manuel Santos lo debe tener muy preocupado la ola de amenazas contra varios dirigentes políticos, en especial de la oposición. Son hechos que hay que frenar de inmediato.

En Colombia la violencia ha sacudido con frecuencia la campaña electoral. Tanto, que lo que debería ser una situación que generara un rechazo unánime se convirtió en un elemento más del paisaje. Es “normal” que haya proselitismo, que la gente vaya a las urnas y que se mate, se hiera o se intimide a un candidato. Y esto debería ser inaceptable.

No se trata de hechos aislados, sino de una cadena de acontecimientos que horroriza. Un panfleto con nombres precisos y una cifra de 50 millones de pesos para quien los elimine físicamente forma parte de una manual de guerra sucia que se creía ya sepultado. Son 18 candidatos y líderes de la Unión Patriótica (UP), del movimiento Marcha Patriótica y la Mesa Agropecuaria Popular de Interlocución (MIA).

Con sobrada razón, Aida Abella, candidata de la Unión Patriótica, exige que se divulgue ya a quién pertenece, o quienes manejan, el computador desde donde se emitió el correo. La dirección IP es de fácil localización, dice ella al mostrar su asombro de por qué no ha trascendido esta información.

Las amenazas ya no vienen en forma de sufragio o corona mortuoria, como hace unos años, sino a través del ciberespacio. “Recibió los panfletos y los mensajes a través del internet”, contó Santos. Por eso, dijo: “Le he pedido al general Rodolfo Palomino (director de Policía Nacional) que investigue este asunto hasta el fondo: quién está detrás de eso. ¿Serán los ‘Rastrojos’? Porque lo que me dicen a mí es que los ‘Rastrojos’, primero que todo, no tienen hoy día la capacidad para ejecutar este tipo de amenazas, que los ‘Rastrojos’ nunca han utilizado estos procedimientos. De manera que quién hay detrás de lo que aquí se ha denunciado”.

El impacto de esta noticia era enorme. Aún se oía el intimidante eco cuando el candidato al Senado por el Polo Iván Cepeda y el colectivo de abogados José Alvear Restrepo anunciaron que recibieron un correo electrónico que dice: “O se retiran de la política o se mueren, terroristas!” (sic). El mensaje, firmado por el bloque Capital de Águilas Negras, indica que es la última advertencia que les dan para que se retiren de la política, de lo contrario, los matarán.

A Iván Cepeda le recuerdan el asesinato de su padre, el líder comunista Manuel Cepeda, y le advierten que está condenado a tener el mismo destino. En su momento, el crimen de Cepeda fue reivindicado por el jefe paramilitar Carlos Castaño.

También a través de Internet se conoció de otra amenaza en este martes de miedo. El alcalde mayor, Gustavo Petro, informó que acababa de recibir una amenaza de muerte. La líder de oposición Piedad Córdoba también se lamentó por el asesinato de otro colombiano que exigía la restitución de tierras.

En efecto, Carlos Arturo Ospina Córdoba, hijo de su prima Ana Fabricia Córdoba, fue asesinado el sábado primero de febrero con cuatro disparos, en Medellín. De esta familia, media decena ha caído bajo las balas. Por eso, la exsenadora habla de “exterminio”.

El vicepresidente del Senado, Félix Valera, en la noche del lunes fue atacado por dos hombres que se movilizaban en moto. Su escolta reaccionó y disparó contra los agresores. “Afortunadamente para mí, él reaccionó oportunamente para protegerme. Le agradezco a él por su valor y a Dios por cuidar de mi vida”, dijo el militante del partido Alianza Verde.

Son demasiados y muy graves hechos los de este recuento. En la Mesa de conversaciones, las FARC machacan tozudamente que tomaron las armas porque en este país no se puede hacer política de manera legal y justifican su alzamiento como la única forma posible de que les oyeran sus ideas.

A pesar de todos los esfuerzos, las garantías para todos y cada uno de los participantes en el proceso electoral deben ser absolutas. No por darles la razón a las FARC, sino como una exigencia elemental de cualquier sistema democrático. Y por eso, Santos debe estar preocupado. La política debe ser sin el ruido de las amenazas y las balas. Sólo con el peso de las ideas y el elemental derecho a la vida que, infortunadamente, aquí los tenía sepultados la violencia.
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