Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/06/30 15:06

Nuevo caso de pederastia bajo los sagrarios

La Corte Suprema de Justicia condenó a 23 años de cárcel a un presbítero, por violar a una pequeña de ocho años.

José Ómar Zapata Betancourth Foto: ingimage.com

El drama de una menor que había sido violada en un hogar infantil de Villa Garzón (Putumayo) cuando apenas tenía ocho años tuvo un final menos trágico para ella, gracias a un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que condenó al religioso que abusó de ella.

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La Sala Penal del alto tribunal le impuso una pena de 23 años de prisión al presbítero José Ómar Zapata Betancourth, quien hasta la decisión de esta corporación gozaba de su libertad, pese a haber violado a esta pequeña.

Al parecer, su ascendencia con Dios y su apoyo a la comunidad católica en diversas tareas parecían ser una solo una fachada que disfrazaba a un pederasta.

Muchas parejas veían en él un guía espiritual y su consejero de cara al matrimonio y los hogares infantiles le confiaban la formación espiritual de niños indefensos. Pero quien parecía ser un líder para las almas sumidas en el sufrimiento, terminó siendo otro temible victimario, según lo demuestra este proceso judicial.

Según la Fiscalía, el presbítero se aprovechó de sus tareas en la Fundación San José Obrero para abusar de una menor en el 2008. Así lo relató la propia víctima ante un comisario de familia de Mocoa (Putumayo).

La pequeña relató cómo el presbítero acostumbraba a sacar a los demás niños del lugar en el que ella se encontraba para obligarla a quitarse la ropa y accederla carnalmente. Ese testimonio y otros elementos de prueba le sirvieron al fiscal para demostrarle a un juez de esa capital que el religioso era responsable de las atrocidades que se le atribuían.

El hombre, condenado a 23 años de prisión, apeló la decisión ante el Tribunal Superior de Mocoa y se salió con la suya. Para esa corporación no existía certeza suficiente sobre la culpabilidad del enjuiciado.

El Tribunal ordenó su libertad y lo absolvió de los cargos, al observar que la niña se había retractado de sus afirmaciones cuando fue entrevistada en el curso del proceso penal.

La salida de prisión de este presbítero no dejó satisfecha a la Procuraduría, que estaba convencida de su responsabilidad en estos hechos. Por eso, el Ministerio Público presentó recurso de casación ante la Corte Suprema, con el anhelo de que esa corporación hiciera justicia.

La Sala Penal de ese organismo judicial estableció que estaba probada la culpabilidad del religioso. A su juicio, el simple hecho de que la pequeña hubiera negado en el juicio haber señalado a su agresor de cometer la violación no era suficiente para revocar la pena.

Según la Corte, el Tribunal ha debido tener en cuenta que esa retractación pudo ser producto del miedo, pues había indicios de probables amenazas que el victimario había lanzado contra la menor si esta se atrevía a acusarlo.

Para la Sala, la versión en la cual la pequeña relata los episodios dramáticos que vivió por cuenta de Ómar Zapata concuerda con otros testimonios y evidencias, mientras que su versión en la que niega haberlo acusado no tenía ningún respaldo probatorio.

Por eso, el alto tribunal revocó la absolución y ratificó la condena a 23 años de prisión en contra de este hombre que también operaba como consejero matrimonial. 

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