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| 9/7/2017 2:39:00 PM

Un papa en la alfombra roja de la Casa de Nariño 

Nunca antes un jefe de Estado había sido recibido por más de 2.500 invitados en la sede de Gobierno. El papa Francisco ha sido el más aclamado.  

Cuando un presidente o un primer ministro hace visita diplomática a Colombia, su primera escala es el Patio de Armas de la Casa de Nariño, la sede presidencial desde 1908. Allí se repite un protocolo, rígido, como si se tratara de un libreto inmodificable. Honores militares, himnos de cada nación, y un desfile al paso por la alfombra roja que solo se extiende en honor de los visitantes ilustres. Un paseo de casi 50 metros, que por lo general no ocupa más de un pñar de minutos en recorrerlo, incluso cuando se asume despacio. 

Aunque el papa Francisco se había dado un baño de multitudes en la tarde del miércoles, cuando en su papamóvil recorrió la Calle 26 repleta de fieles, a las nueve de la mañana de este jueves cumplió el primero de sus actos oficiales. El hombre que tiene paralizado al país llegó a esa hora, no solo en calidad de máximo prelado de la Iglesia católica, también como jefe de Estado del Vaticano, el más pequeño del mundo. Por eso Juan Manuel Santos lo recibió de la misma forma que todos los presidentes que han visitado el país.

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Llegó en un coche cubierto, de color negro. Chévrolet Smart, como el que tienen muchos trabajadores colombianos. Sin mayores lujos. En la carrera Séptima la caravana papal fue escoltada por una guardia de seis caballos castaños y tres tordos (blancos) vestidos con cintas de colores amarillo, azul y rojo, hasta la reja del patio de Antonio Nariño. Allí ya se encontraban el presidente Santos y su esposa, María Clemencia Rodríguez, vestida de blanco impecable, haciendo juego con los ornamentos del papa. La orquesta filarmónica de Colombia interpretó las notas marciales del himno del Vaticano, y las del Himno Nacional. El cantante Fonseca fue el encargado de ponerle voz. 

Los más de 50 metros de alfombra roja que se habían desenrollado desde temprano, Francisco empezó a caminarlos con paciencia mientras Fonseca cantaba ‘Puede ser‘. Los pelos se pusieron de punta y las lágrimas salían en cada paso templado del sumo pontífice. Aunque el trayecto se veía corto, se dilató más que de costumbre. Primero, un espontáneo periodista burló la seguridad y se arrodilló frente al santo padre. Con ese antecedente, de las dos tribunas habilitadas para el acto de bienvenida oficial al papa, empezaron a descender niños al tapete para abrazarlo y obtener una bendición. Su escolta, Doménico Giani, pasó fatigas sin saber si dejar que los niños fueran al papa, o protegerlo de las espontáneas manifestaciones de fe y cariño que se salían de control. Únicas, impredecibles. Tan emocionante como la sonrisa de Bergoglio. Siete minutos tardó Francisco en llegar hasta el final de la alfombra. En cada paso una bendición. Los que llenaron las tribunas ondeaban pañuelos blancos como si estuvieran en la Santamaría. Subió cuatro escalinatas y se sentó a la diestra de de Juan Manuel Santos.  

Julio tiene 19 años y padece de síndrome de Down. Fue uno de los que hizo caso omiso a los agentes de seguridad y se fue a la alfombra para abrazar al papa, como quien no quiere desprenderse de él. “Dios me regaló una vida buena, tengo una familia especial, tengo mis pecados, y es una felicidad muy grande que esté acá para que no haya más peleas”, dijo aún emocionado por el momento. Giovanni Vecino, de 38 años, también con ese síndrome, quiso abrazar al papa pero prefirió volcarse hacia el presidente Santos. “Fue muy divertido el señor Santos es muy amable”.

"Dios me regaló una vida buena, tengo una familia especial, tengo mis pecados y es una bendición que el papa esté acá para que se acaben las peleas", dijo. Foto: Rodrigo Urrego

Yarik Peña, de 9 años, venezolano de nacimiento, sufre de una enfermedad llamada piel de mariposa. Le pidió por su recuperación, pero también porque en su país haya alimentos, medicinas y libertad.  

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Andrea había llegado como invitada a la Casa de Nariño con su hijo Juan Manuel, de 8 años, quien tiene una parálisis cerebral espástica. Tan pronto vio al papa cerca caminó a la alfombra empujando la silla de ruedas de su niño. “Fue muy lindo, conseguimos que Juan Manuel se acercara. El papa lo tocó, le dio la bendición. Eso es lo que estábamos buscando, su bendición, o tal vez un milagro. Todas las mamitas que hoy vinimos queremos la sanidad de nuestros hijos”. 

"Fue muy lindo. Conseguimos que Juan Manuel se acercara. El papa lo tocó y le dio la bendición. Eso era lo que estábamos buscando, su bendición, o tal vez un milagro".

"Fue muy lindo. Conseguimos que Juan Manuel se acercara. El papa lo tocó y le dio la bendición. Eso era lo que estábamos buscando, su bendición, o tal vez un milagro".

"Fue muy lindo. Conseguimos que Juan Manuel se acercara. El papa lo tocó y le dio la bendición. Eso era lo que estábamos buscando, su bendición, o tal vez un milagro", dijo su mamá Andrea: Foto: Rodrigo Urrego

La expectativa por la presencia del papa en la Casa de Nariño había comenzado desde las cinco de la mañana, cuando empezaron a ingresar los cientos de periodistas acreditados para el acontecimiento. Nunca antes una visita de un jefe de Estado al país se tuvieron que habilitar tres tarimas para la prensa. Dos horas después empezaron a llegar los invitados especiales por el Gobierno. El expresidente Belisario Betancur fue quien más madrugó. No solo llegó de primero y ocupó el primer asiento de una de las dos graderías, denominadas para la ocasión, ‘Caridad’ -la de la derecha-, y ‘Bondad’, la levantada al lado izquierdo. César Gaviria y Ernesto Samper fueron los otros expresidentes en la Plaza de Armas. Ni Andrés Pastrana ni Álvaro Uribe asistieron, pese a tener lugar reservado. 

A esa hora la alfombra roja ya estaba extendida, pero los invitados hacían corrillos sobre ella. Algo que no les hacía gracia a los operarios de la Casa de Nariño, que tenían que limpiarla cada cinco minutos para borrar las huellas.

Las que dejaban sin percatarse más de 100 meseros, vestidos de blanco, repartían pasabocas y luladas que traían desde el antiguo observatorio astronómico, en otro jardín de la sede presidencial. O las de los ministros del gabinete y sus familias, las de los negociadores en La Habana, Humberto de la Calle, Frank Pearl, y el general Mora Rangel. Las que dejaban en un palmo de terreno el fiscal Néstor Humberto Martínez, el procurador Fernando Carrillo, el contralor Edgardo Maya, que no solo hicieron una mini cumbre mientras sonaba la diana del batallón Guardia Presidencial, sino que se sentaron juntos y comentaron la ceremonia. Al frente los magistrados de las Altas Cortes y congresistas de todos los partidos encontraron lugar. Muy cerca del atril donde habló el papa, en la tribuna ‘Bondad‘, el senador Musa Besaile prefirió la sombra de un paraguas, en días donde hasta el sol lo golpea con dureza. "Todo está en manos de Dios", le dijo a un contertulio.   

El Gobierno invitó a senadores y representantes del Centro Democrático, pero estos se abstuvieron de hacer presencia. Solo se vio a un uribista, Felipe García, en condición de magistrado del Consejo Nacional Electoral. 

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Caras conocidas de la política como Claudia López del Partido Verde, los exministros Clara López, Juan Fernando Cristo, Yesid Reyes y Luis Felipe Henao, y los congresistas del Polo Iván Cepeda y Alirio Uribe, los senadores Juan Manuel y Carlos Fernando Galán. Y artistas nacionales como Fonseca, Gali Galiano y Tostao, del grupo Chocquibtown. 

A las 8:50 de la mañana la organización se puso seria y pidió a todos los invitados que ocuparan sus lugares. Las sillas que dejó vacías el uribismo fueron ocupadas a última hora por funcionarios de la Presidencia y soldados del batallón Guardia Presidencial, que acompañaron a una veintena de uniformados heridos en combate.

Cinco minutos más tarde se abrió la puerta principal de la Casa de Nariño y por allí aparecieron Santos y la primera dama. Ovación de los invitados en su camino hacia el patio de Antonio Nariño para recibir al papa. Tras el paseo glorioso por la alfombra roja, casi un centenar de niños vestidos de blanco (hijos de los ilustres invitados) se levantaron y se fueron a abrazar al papa.

A diferencia de los honores a los presidentes, que no tardan más de diez minutos, el jefe del estado del Vaticano fue el único en pronunciar discurso a las puertas del palacio. El caminante de la paz, como lo llamó Santos, en la plaza de Armas.

Primero habló Santos que pareció ser el sacrdote en homilía. Incluso apeló a citas bíblicas en su discurso. Como cuando habló del hijo pródigo, como en el evangelio de San Juan, o aquella cita de libro de Mateo, para advertir que hay que perdonar 70 veces 7.

El papa Francisco, en cambio, recurrió a los símbolos nacionales. Citó a Gabriel García Márquez al referirse a los más desfavorecidos. "...que las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".

También invocó el "libertad y orden" del escudo. "Ahí está todo". Y hasta sacó la letra Himno Nacional cuando cuando dijo, frente a los empresarios más importantes del país, que había que mirar a los pobres a los ojos: “aquellos que entre cadenas gimen”. También pidió “comprender las palabras de quien murió en la cruz”. Puede que luego de la visita del papa Francisco los colombianos canten el himno entendiendo la letra.  

Santos y el papa prendieron la llama de la esperanza, y luego entraron a la Casa de Nariño. Media hora en el que el sumo pontífice conoció a la familia presidencial, autografió el libro de visitantes ilustres, e intercambió regalos.

Santos le dio una pequeña escultura de María en Paz, una figura en barro de  Javier de Ráquira, un rosario y una mochila arhuaca. Francisco, por su parte, entregó una escultura en plata del viacrucis de Cristo.

Tan pronto se cerró la Casa de Nariño la alfombra roja se llenó de invitados y meseros. Cualquiera se paseaba por donde Francisco había dejado huella. Caminar sobre la alfombra era encontrarse codo a codo con Luis Carlos Sarmiento Ángulo, con el Policía que capturó al cartel de Cali, general (r) Rosso José Serrano, con todos los embajadores acreditados en el país, con los presidentes del Congreso. Chismes políticos, abrazos entre conocidos, fotos, más pasabocas y luladas. Belisario seguía sentado, apoyado en su bastón. El vicepresidente Óscar Naranjo fue el último en salir.

*Editor político de Semana.com 

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