Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Presos de segunda

Mientras los grandes capos de la droga logran beneficios con la justicia estadounidense, a los pequeños traficantes capturados en alta mar les cae todo el peso de la ley.

Cientos de personas capturadas con droga cerca de las costas colombianas, son condenadas en Estados Unidos con mayor rigor que los grandes capos de la mafia.

Los pescadores de buenaventura Nelson Cuero y Ángel Estrada sólo podrán pensar en regresar a su tierra hacia 2027, cuando terminen de pagar sus largas condenas en Estados Unidos. Fueron capturados con droga dentro de sus barcos hace cinco y tres años, respectivamente, cerca del islote de Malpelo por autoridades gringas. Mientras tanto, reconocidos capos de la mafia que han sido extraditados, como Víctor Patiño Fómeque, por colaborar con ese país negocian penas menores y obtienen beneficios, como que parte de su familia pueda residir en Miami. O como el extraditado Pablo Trujillo, condenado recientemente por un juez de Nueva York a 10 años de prisión por lavar 1,7 millones de dólares. La situación de estos barones de la droga extraditados a Estados Unidos y de otros 236 que, según un informe de El Tiempo, reciben condenas que oscilan entre los 10 y 15 años por narcotráfico, contrasta con la de cientos de colombianos capturados en barcos con droga que purgan altas condenas y que logran pocos beneficios.

Estos anónimos compatriotas son detenidos bajo el Acuerdo de Cooperación en la Lucha contra el Tráfico Ilícito por Mar, firmado entre Colombia y Estados Unidos en 1997. Este acuerdo permite a las autoridades norteamericanas interceptar embarcaciones con droga en aguas internacionales, arrestar a sus tripulantes y juzgarlos en sus cortes, bajo las leyes de ese país. En este período, sólo en la costa Pacífica han caído 644 personas que tripulaban 28 barcos pesqueros y 87 lanchas rápidas con droga, según el comandante de la Fuerza Naval del Pacífico, capitán Jairo Peña.

"Los han cogido de gancho ciego", dice Rosa Oviedo, presidenta de Libertad por Amor, una fundación que en Buenaventura agrupa 280 familias de los capturados. Asegura que son pescadores y desempleados, que por la promesa de entre uno y cinco millones de pesos se metieron en esta aventura. Algunos, dice, se embarcaron sin saber lo que había escondido en el barco. Sin embargo, según el capitán Peña nadie va engañado, "el 99 por ciento de los capturados sabe a qué se expone en este negocio", señala.

En lo que coinciden familiares, el capitán Peña y hasta la cónsul de Colombia en Miami, Carmenza Jaramillo, es en que las condenas impuestas son muy altas. La cancillería colombiana explicó a SEMANA que éstas se dan por la cantidad de droga que intentan introducir; lo que agrava su delito. Sin embargo, este argumento lo que hace es evidenciar aún más la contradicción en el trato de los detenidos, pues no se puede comparar la droga que un capo alcanza a enviar durante su trayectoria delictiva con la que uno de estos traficantes de alta mar logre introducir a bordo de un bote.

Los familiares también reclaman porque las capturas mar adentro son irregulares y por el supuesto maltrato de las autoridades. Por ejemplo, Orlando Torres y Milton Estupiñán, detenidos en mayo del año pasado en un barco con cocaína cerca de Manta, Ecuador, contaron en una carta a sus familiares que estuvieron esposados de pies y manos con otras 20 personas, a la intemperie en la cubierta de un bote durante 15 días mientras los trasladaban a Estados Unidos. El capitán Peña asegura que estas versiones sólo son excusas para evadir la justicia.

Para él, no se debe diferenciar entre los miembros del narcotráfico: "Uno de estos hombres mañana puede ser un nuevo capo de la mafia". Lo paradójico es que si esto llegara a pasar, sería mucho mejor su situación que ahora que son pequeños eslabones de un gigantesco negocio.

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