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| 8/26/2006 12:00:00 AM

Primíparos del Congreso

Los 115 nuevos congresistas han cometido novatadas y metidas de pata por desconocer las costumbres que hacen valer los que tienen más cancha. ¿Sobrevivirán?

Pocas situaciones provocan más ansiedad en el ser humano que ser primíparo. El miedo a la torpeza nubla la mente, la angustia se convierte en un escalofrío que recorre el cuerpo, las manos se empapan de sudor y el habla se vuelve intermitente. Al mismo tiempo, a ese nervioso novato lo caracteriza la excitación: tiene el poder, es la renovación, todo será antes y después de él. Su misión es cambiar el mundo.

Así llegaron el 20 de julio al salón elíptico del Congreso de la República 115 nuevos congresistas: 24 senadores y 91 representantes a la Cámara. Ese día hicieron su juramento como 'padres de la patria'. Pero, ya ha pasado un mes y el impacto de ese día y de los que le siguieron, los despertó del sueño rosa.

Lo primero que los sorprende es la planta física: La curul es muy pequeña, los baños no tienen papel, la comida de la cafetería es horrible, no dejan entrar sin corbata, hay que usar sastre, los ascensores viven repletos de lagartos.

Después viene el aprendizaje de las reglas no escritas de convivencia que los colegas más antiguos han establecido como normas: A todos se les saluda: Senador, ¿cómo va? Representante, ¿qué tal? Se les trata como si fueran amigos, así no lo sean, nadie es mas que nadie, todos son iguales, aunque hay unos más iguales que otros.

Para sobrevivir hay que dominar el significado de cuatro principios. Paciencia, para soportar la impuntualidad y mantener la calma ante el raponazo de la palabra; resistencia para evitar el sueño en los eternos discursos en debates sin conclusión. Astucia para pillarse las tácticas de los veteranos para saltarse el reglamento cuando buscan detener un debate o hundir un proyecto.

Y mucha humildad. Cecilia López, conocedora del servicio público, aprendió al dedillo esta lección. "Es la mejor herencia que me dejó Rafael Pardo". La ex ministra, ex directora de Planeación, ex candidata presidencial y ex embajadora sabe que al pisar el suelo del Congreso sólo es una más "Al que mira por encima del hombro, se la cobran".

También deben aprender el talento de actuar para la televisión. Impostar la voz como grandes oradores y gesticular exageradamente. "En los debates transmitidos los congresistas se vuelven tigres feroces con los opositores y cuando se apagan las cámaras, se abrazan como amigos", dice sorprendido el representante del Amazonas Manuel Antonio Carebilla.

En lo que todos coinciden, sin embargo, es en que no hay mejor escenario que el Congreso para conocer el país, a pesar de que su funcionamiento y su administración son ineficientes. A eso vinieron, ¿serán capaces de sobrevivir al desafío? ?

Las primiparadas

Hay de todo como en botica. Desde el representante al que le archivaron de inmediato su proyecto porque le faltó una palabra en el encabezado, hasta las burlas a la presidenta del Senado por no utilizar las palabras correctas para poner orden en un debate.

Una de las primiparadas más comentadas en los pasillos del Congreso -terreno fértil para el chisme y la cizaña- es el desliz de la ex ministra Martha Lucía Ramírez, presidenta de la comisión segunda. Un día llegó a su comisión repleta de hojas, las repartió a uno por uno de sus colegas. Pero no pasaron cinco minutos antes de que el susurro burlón se convirtiera en reclamo. La senadora traía una lista de tareas en la que incluía la obligación de reunirse dos veces por semana, llegar a las 8 de la mañana y aprobar el TLC. El regaño fue inmediato. El senador Mario Uribe la llamó "intensa" y le recordó que el reglamento del Congreso ya existe.

La vistosa presidenta, Dilian Francisca Toro, no se ha salvado de cometer novatadas. Cuentan sus colegas que la senadora no sabe cómo ordenar un debate. No diferencia entre una moción de orden y una petición de la palabra. Una vez se le levantó la bancada liberal porque no respetó el turno de intervención de un indígena. "Necesita clasecitas de Ley quinta" (reglamento del Congreso) se dice en voz baja desde las curules.

El representante liberal Luis Alejandro Perea quiere devengar hasta el último peso que le están pagando. Por eso acepta resignado usar la corbata que le anuda el portero del edifico porque él no sabe hacerlo. "El que da la Perea por Boyacá", como fue su lema de campaña, se ha quedado dos veces con la palabra en la boca. Cuando por fin, tras horas, le han dado el chance de intervenir, han pedido verificación del quórum y en segundos el salón queda vacío.

Hay primiparadas que más parecen inocentadas. A Gloria Ramírez, senadora del Polo Democrático, a quien le entregaron su oficina desvalijada y no tiene carro asignado, le pidieron reserva y confidencialidad absoluta en la primera reunión de la comisión de paz. Ella, en cumplimiento del acuerdo, salió de la reunión sin mostrarles a los medios ni la cara, pero ¡oh sorpresa! Cuando llegó a su casa y vio en las noticias por televisión que todos sus compañeros aparecían dando los detalles 'secretos' que habían tratado.

Lucero Cortés quiere reivindicarse en el Congreso y demostrar que además de actuar, puede legislar. Un día en una reunión de parlamentarios soltó la agenda de proyectos que presentaría en la legislatura y a la semana siguiente se dio cuenta de que sus ideas ya no eran suyas. Los proyectos ya estaban agendados, pero otros eran los autores.

Hay primíparos que pecan por exceso de juicio. Nicolás Uribe llegó con las baterías recargadas. El representante del Partido de La U cuenta que la experiencia más frustrante que ha tenido fue en su primera sesión en comisión. Él había visto que estaban incluidos en el orden del día 14 proyectos de ley para debatir. Puso a todo su equipo a trasnochar para alcanzar a evaluarlos a todos. A las 10 de la mañana estaba listo con 14 informes. pero empezó la sesión y por arte de magia todo cambió y ni se mencionaron los proyectos.

Pero no todo es negativo. Estos novatos llegaron al Congreso a aprender y sienten que su vocación es más grande que estos obstáculos. Quieren cumplirles a sus electores y ayudar a cambiar la política. ¿Quién cambiará a quién?
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