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| 5/26/2003 12:00:00 AM

Problemas al parque

SEMANA le cuenta por qué se están deteriorando los espacios verdes de la capital, uno de sus mayores logros de los últimos años.

Hace 10 años caminar a las 10 de la noche por el Parque de la Independencia, en el centro de Bogotá, era una invitación al peligro. Como ese, muchos de esos deteriorados espacios grises, sin iluminación ni vigilancia, eran el escondite de indigentes y asaltantes. Hoy en día el panorama es muy distinto y la gente ha recobrado el derecho a disfrutar la ciudad de puertas para afuera.

Pero esa reconquista está en peligro. Uno de los factores del renacimiento de la ciudad ha sido el sistema de concesión para los parques, que hoy está en el limbo por la suspensión de Luz Stella Vargas, directora del Instituto de Recreación y Deporte (Idrd). Sectores políticos y sociales de la capital están preocupados por el futuro del sistema distrital de parques. ¿Qué pueden esperar los bogotanos?

El desmadre comenzó el 4 de noviembre pasado, cuando se vencieron los contratos del Distrito con las cajas de compensación para la administración de estas áreas públicas de esparcimiento. El modelo, en aplicación desde 1993, funcionaba así: cajas como Cafam y Colsubsidio manejaban parques como el Simón Bolívar, el Nacional, Los Novios y El Lago, entre otros, a cambio de exenciones del impuesto de industria y comercio (ICA).

Los resultados de una década eran evidentes para los habitantes de la capital. No sólo se convirtieron en sitios igualitarios para pasar un rato de esparcimiento y deporte para niños, adultos y ancianos sino que el Distrito logró liberar los recursos de los grandes parques para invertirlos en los zonales, vecinales, barriales y de bolsillo. Además las administraciones los integraron a los demás elementos de la política de espacio público, como ciclorrutas, alamedas, espejos de agua y andenes. Ni hablar de que gracias a la gestión de las cajas de compensación esos potreros abandonados se convirtieron en negocios productivos con una utilidad de unos 1.200 millones de pesos. La delincuencia e inseguridad que los caracterizó dio paso a un espacio de valorización y pertenencia del barrio y la cuadra.

A pesar de la advertencia del Concejo la dirección del Idrd dejó pasar el tiempo y no agilizó la licitación para continuar con el modelo. El resultado no sólo fue el vencimiento de los contratos sino también que estos parques, bien manejados por el sector privado, pasaron a ser responsabilidad del Distrito.

El problema está en que el Idrd ya tiene en sus manos una gran cantidad de parques para cuidar. Existen aproximadamente unos 4.400 de todos los tamaños y dimensiones inventariados y faltan por registrar 8.000 más. La sola actualización de ese registro podría costar más de 100 millones de pesos. ¿Por qué entonces el Idrd se demoró tanto en abrir la nueva licitación?

Modelo en riesgo

Esta pregunta se hizo el concejal peñalosista Alfonso Prada, quien denunció estas irregularidades en un debate en el Cabildo Distrital el pasado 28 de abril. Para Prada, "gracias a su desgreño administrativo e improvisación la directora del Idrd ha puesto en riesgo el modelo de administración de los parques de Bogotá". Las acusaciones de este concejal tuvieron eco en la Personería y hace unas semanas esta entidad decidió suspender a la directora Vargas. A esto se le suma un boletín de la Contraloría Distrital sobre el detrimento del patrimonio en el Instituto de 1.154 millones de pesos.

En una carta al contralor, Juan Antonio Nieto, la directora Vargas afirma que el boletín no aclara que son procesos judiciales de anteriores administraciones -incluso hay un pleito de 1979-. Además concluye que el Distrito no ha perdido los 690 millones de pesos de ICA puesto que estos recursos siguen entrando a las arcas de la capital.

Sin embargo SEMANA recorrió unos parques de la ciudad y comprobó que ya están sufriendo un proceso notable de deterioro en su equipamiento. Por ejemplo, al parque Bosque de San Carlos se le invirtieron unos 1.700 millones de pesos y algunas de sus zonas verdes están convertidas en un lodazal y los adoquines se están levantando.

Otro caso es el del sector de Monserrate del Parque Nacional. La Alcaldía gastó unos 10.000 millones en su recuperación y en la negociación con los invasores. Hoy en día han regresado los cambuches y se corre el riesgo de perder ese esfuerzo. Esto de cierta manera se refleja en la oficina de quejas y reclamos del Idrd. De 82 quejas presentadas, 47 eran sobre el estado de los parques.

Además, según el concejal Prada, que la directora Vargas no haya prorrogado los contratos de administración con las cajas de compensación le ha costado al Distrito unos 6.000 millones de pesos desde el mes de noviembre y ha desembocado en un sinnúmero de contratos pequeños de aseo y vigilancia que no aprovechan la economía de escala.

¿Que viene?

Ante este panorama de acusaciones contra la cabeza del Idrd cabe preguntarse sobre el futuro del sistema de parques de Bogotá. Sin un modelo de administración eficiente, racional y rentable la sostenibilidad de los parques barriales y zonales puede verse amenazada ante los gastos de mantenimiento de los grandes parques metropolitanos, que son los de 'mostrar'. Muchos han interpretado las acusaciones de los concejales peñalosistas como una defensa de los ingresos de las cajas de compensación frente a nuevas opciones de administración por otras entidades, como universidades u organizaciones sin ánimo de lucro. Sin embargo sería miope ignorar el éxito del modelo anterior, no sólo para recuperar estos espacios de recreación en la ciudad sino volverlos amigables e integrados a los cambios de la última década.

Mientras la Personería confirma o levanta la suspensión a la directora Vargas el proceso de adjudicación de parques por exención tributaria no sólo debe continuar sino agilizarse. Los únicos perjudicados con la interinidad son los usuarios de los más pequeños, que ven cómo la escasez de recursos para cuidarlos se traduce en abandono y deterioro. Un parque en desuso es el más seguro foco de inseguridad, vandalismo y delincuencia. Junto a las transformaciones en el sistema de transporte masivo, las bibliotecas, las ciclorrutas y la cultura ciudadana, los parques son símbolo de la Bogotá renovada. Dejar que empiece un proceso de deterioro es un lujo que los capitalinos no se pueden dar. Nadie quiere regresar a las épocas en que 'parque' en Bogotá era sinónimo de amenaza nocturna.
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