Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/07/16 00:00

¿La hora de la tregua con las FARC?

Un combate en La Uribe, Meta, prendió las alarmas sobre el riesgo de que, a punto de ponerle fin al conflicto, se reanime la guerra.

¿La hora de la tregua con las FARC? Foto: León Darío Peláez

El Ejército y la guerrilla quedaron desde el 23 de junio en una situación paradójica. Aunque ya está pactado en detalle el cese del fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, y por tanto el fin del conflicto, todavía este no se puede hacer efectivo por dos razones: 1) El Día D para que entre en vigencia es la firma del acuerdo final, que puede tardarse por lo menos dos meses más. 2) Aún no está lista la misión de monitoreo y verificación, que encabeza la ONU y que contará con participación tanto de militares colombianos como de guerrilleros de las Farc.

Es así como hoy en los teatros de operaciones hay un limbo en el que no hay guerra pero tampoco hay paz. Se trata de un periodo delicado en el que cualquier incidente puede hacer explotar la confianza entre las partes en mil pedazos. Las alarmas sobre la vulnerabilidad de este momento se prendieron el pasado 8 de julio, cuando, a raíz de un malentendido, entraron en combate militares de la Brigada Móvil 2 y guerrilleros del frente 55 de las Farc en La Uribe, Meta.

Todo estaba planeado para que un helicóptero sacara a un grupo de insurgentes hacia Cuba, para recibir instrucciones sobre el mecanismos de monitoreo y la concentración de los guerrilleros con miras a la dejación de armas. Por error, estos se ubicaron en un lugar diferente al establecido en las coordenadas y, al parecer, fueron atacados por el Ejército. Según las Farc, hubo tres guerrilleros heridos y de nuevo se presentaron una serie de desacuerdos entre las partes para evacuarlos del lugar, lo cual no se pudo hacer. En un video divulgado en internet, el jefe las Farc, Timoleón Jiménez, explicó que prefirieron replegarse a la selva y atrincherarse en posición de combate, hasta nueva orden. Lo preocupante es que estas ‘extracciones’ se están haciendo en todo el país de manera continua y posiblemente se incrementen en las semanas que vienen.

El episodio de La Uribe deja muchas lecciones para lo que será la entrada en vigencia del cese al fuego. La primera es que cualquier error técnico, como el que cometieron los guerrilleros de las Farc, puede tener graves efectos políticos en la recta final de la negociación. En este caso, gobierno y guerrilla se hicieron mutuos reproches que no pasaron a mayores.

La segunda es que la presión que están recibiendo los militares hace más complicada esta tarea. Este incidente coincidió con la apertura de pliego de cargos por parte del procurador al ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, por no haber desplegado tropas ni policías en Conejo, corregimiento de La Guajira, cuando las Farc realizaron un evento público en febrero pasado. Una acusación que no tiene mucho fundamento pues Conejo hacía parte del terreno ‘despejado’ para que la guerrilla hiciera su pedagogía de paz.

La realidad es que hoy hay tropas rodeando muchos campamentos guerrilleros y esa fricción se nota en el aumento de incidentes. Según el reporte del Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto, las Farc han violado diez veces el cese unilateral en el último mes.

Por esta razón hay quienes consideran que para facilitar las movidas del cese definitivo del fuego se necesita de manera inmediata una tregua. Desde que comenzó la negociación las Farc han pedido que haya un cese bilateral. Santos se había negado a esta posibilidad para no crearle una zona de confort a la guerrilla que incidiera en un alargue de las conversaciones. Pero hoy las condiciones son otras. La negociación está en su fase final y ambas partes están interesadas en firmar lo más pronto posible el acuerdo. La confianza se ha incrementado y ya están trabajando juntos no solo en La Habana, sino en Colombia. Es por ello que un cese bilateral previo al definitivo les serviría a los propósitos de terminar la guerra con menos riesgos.

Una tregua de este tipo dependería solo de una orden del presidente, como comandante en jefe de las Fuerzas Militares, y aunque sin duda le traería controversias públicas, haría más fácil los delicados movimientos de tropas que en este momento están ocurriendo.

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