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| 2/7/2017 12:11:00 PM

Cristo, una víctima frente al ELN

El ministro del Interior viajó a Quito a la instalación del proceso de paz con la guerrilla que asesinó a su padre. Este es su mensaje de reconciliación.

Este martes, en punto de las 5:00 de la tarde, en plena mitad del mundo, en Quito, Ecuador, se instalará la fase pública del proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra guerrilla colombiana que aún empuña las armas.

Los negociadores del Gobierno, liderados por el exministro Juan Camilo Restrepo, y los voceros del Comando Central de esta guerrilla se encuentran desde hace varios días atrás en la capital ecuatoriana. Del lado del presidente Juan Manuel Santos, el último en viajar fue el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, por sugerencia del mandatario.

Su presencia es un símbolo y un gesto de reconciliación con el ELN. Hace 20 años, en 1997, en el centro de Cúcuta, los ‘elenos’ asesinaron a su padre, el médico Jorge Cristo, quien además era senador de la República.

Será la primera vez que Cristo se siente con los máximos jefes de la guerrilla que perpetró el crimen de su padre. El ministro hizo su duelo y decidió perdonar. Meses atrás escribió este mensaje al ELN, Semana.com lo reproduce con motivo del inicio del proceso de paz.

Aprendiendo a perdonar

Por Juan Fernando Cristo*

En 1997, el ELN acribilló a mi padre, el senador Jorge Cristo, en el centro de Cúcuta, cuando llegaba a la oficina que él seguía llamando su "consultorio", donde, como médico traumatólogo, atendió durante años a sus pacientes. Desde entonces, la reflexión sobre el perdón siempre me ha acompañado y el anuncio del inicio del proceso de paz con el ELN la ha puesto en el primer plano.

Estoy convencido de que la única salida para nuestro país está en la reconciliación. El camino de la guerra eterna que ofrecen algunos suena a oídos de muchos atractivo porque las FARC y el ELN se han ganado el odio y la desconfianza de amplios sectores de la opinión.  Pero sería un suicidio para Colombia como nación.

La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que redacté y lideré desde el 2007, abrió el camino a la reconciliación. La Ley 1448 plasma un reparación integral de un alcance sin precedentes en las experiencias internacionales y ello mismo hace que estemos recorriendo un camino nuevo y corrigiendo errores mientras avanzamos.

Su implementación ha encontrado obstáculos como la realidad fiscal, que demora el acceso a la oferta de la Ley, las debilidades institucionales de las entidades territoriales y las dificultades de coordinación Nación-territorio.

Más allá de estos desafíos, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras cumplió: devolvió a las víctimas su condición de ciudadanos. Al hacerlo, creó un campo fértil para la reconciliación. De poco nos serviría la paz negociada si no reconociéramos los derechos de las víctimas. Ningún proceso de paz en el mundo ha contado con su participación, ni ha privilegiado tanto sus derechos.  Las víctimas hoy tienen voz.  Por eso, desde el Gobierno decimos que las víctimas están en el centro de la paz y lo seguirán estando.

A los enemigos del proceso de paz, les digo que podemos disentir en medio del respeto. La virulencia de las palabras en la política, en la televisión, en las redes sociales impide la construcción de un diálogo social responsable. Quienes buscan como estrategia política la polarización y la radicalización sobre la base de los sentimientos de rencor y venganza contra quienes equivocadamente usaron las armas para generar dolor y sangre a millones de colombianos, no hacen otra cosa que garantizar una guerra eterna que debemos acabar entre todos.

El ELN ha dejado miles de víctimas en el país. En mi departamento, Norte de Santander, durante la década de los 90, prácticamente liquidó la dirigencia política y social. No fuimos en mi familia sus únicas victimas.  Esa es la verdad.  Pero si permitimos que nos carcoma el odio, el rencor y la sed de venganza, cerraremos la puerta de la paz y reproduciremos por décadas en la sociedad el círculo vicioso de la violencia.

Para desatar ese círculo y construir reconciliación, necesitamos mucha verdad, una dosis adecuada de justicia y reparación y la garantía de no repetición de los hechos. En lo personal, espero que este proceso que se abre con el ELN me traiga la verdad sobre el miserable asesinato de mi padre.  Nada más pero tampoco nada menos.

Hay víctimas que exigen cárcel perpetua para los victimarios. Otras esperan una reparación justa para reconstruir sus proyectos de vida. Y no son pocas las que no están dispuestas a cicatrizar sus heridas y solo claman venganza. Respeto el dolor de cada víctima y su forma de tramitarla. En mi caso y el de mi familia, esperamos la verdad como condición indispensable para el perdón.

Muchos me preguntan y no entienden cómo respaldo conversaciones con el ELN que, no solo asesinó a mi padre, sino pocos años después secuestró a mi tío. Y muchos me insultan con una furia que asusta. Hace un año, ya como Ministro de Interior, el exintegrante del ELN Francisco Galán, en un acto público en Antioquia,  pidió perdón a mi familia por el asesinato de mi padre. Ese día recordé, como lo he hecho toda esta semana al ver en los medios a Pablo Beltrán, negociador del ELN, cuando el en la Serranía de San Lucas hace ya más de 15 años me dijo escuetamente que " lo que había sucedido hace unos años en Cúcuta había sido una equivocación" . Son miles las que han cometido ellos y las FARC durante esta cruel guerra. Ojalá no se sigan equivocando y la decisión de dejar las armas sea sincera.

Como víctima del ELN, acojo con esperanza los diálogos con esta guerrilla y exijo verdad. Verdad para aceptar, verdad para reconciliar, verdad para vivir en paz. Un acuerdo, no solo con las FARC, sino también con el ELN asegurará una paz integral, más seguridad y una mejor implementación. Y nos garantizará, sobretodo, que nuestros hijos no tengan que vivir en el maldito país de la guerra y el odio que nos tocó vivir a nosotros. Solo espero verdad y que el ELN esté a la altura de lo que el país le exige.

*Ministro del Interior 

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