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| 7/12/2014 1:00:00 PM

Proceso de paz: la hora más difícil

Eventos recientes ponen de presente los riesgos de que se politice el movimiento de víctimas y las complejas dificultades para su participación en la Mesa de La Habana.

Por cuenta de las víctimas, que además de sacar a flote las tensiones más profundas de esta compleja negociación, a veces parecen tan divididas como los actores armados que las atropellaron, el proceso de paz en Cuba vive uno de sus momentos más delicados.

Varias reuniones en los últimos días han puesto de presente que el movimiento de víctimas dista de ser homogéneo y que lograr que se sientan adecuadamente representadas y escuchadas en la negociación con las Farc (no se diga con el ELN) será de lo más complicado.

Después de una reunión de dos días, el gobierno y las Farc anunciaron que la Mesa de La Habana arranca el punto sobre víctimas el 15 de julio. En junio se acordaron diez principios para abordarlo, pero todo está pendiente, desde cómo cada uno responderá por la victimización causada hasta cómo participarán las víctimas en la negociación.

Entre tanto, Naciones Unidas y la Universidad Nacional empezaron los foros con las víctimas que les solicitó la Mesa de La Habana. El 4 y 5 de julio hicieron el de Villavicencio y el 10 y 11, el de Barranca, cada uno con unos 500 participantes. Están previstos otros, en Barranquilla y Cali, y en esta última ciudad realizarán el foro nacional de cierre.

En estos eventos, en mesas de trabajo cerradas, las víctimas hacen propuestas para enviar a La Habana, que las partes utilizan como insumos. Aunque la participación es masiva y diversa, y, por lo que se sabe, hay coincidencias en las propuestas, han empezado a oírse quejas desde sectores ligados a víctimas de esa guerrilla.

Herbin Hoyos publicó un artículo titulado ‘El matoneo a las víctimas de las Farc’, en la página web de su programa Las Voces del Secuestro. “¿Qué pueden hacer las víctimas de las Farc cuando llegan a los foros y se encuentran que las mesas y todos los escenarios están controlados por gente de la Unión Patriótica, Partido Comunista, Marcha Patriótica, Colombianos y Colombianas por la Paz?”, señaló.

Algunas víctimas de las Farc critican que en los eventos oficiales quedan en minoría frente a las de paramilitares y agentes del Estado, y piden foros aparte o mesas exclusivas en los que convocan la ONU y la Nacional, de los cuales se han marginado varias organizaciones. Es un hecho que estas últimas tienen una larga tradición organizativa de la que no siempre hacen gala las víctimas de las Farc. Sin embargo, los foros buscan incluirlas a todas.

Después del foro de Villavicencio, varias organizaciones dirigieron una carta a la ONU y la Nacional en la que dicen sentir “temor e intimidación por la ausencia de garantías” y se quejan de que “los espacios establecidos para las víctimas del grupo guerrillero han sido ocupados por organizaciones cuyo victimario no son las Farc”.

El jueves 3, en el Club El Nogal de Bogotá, seis organizaciones, lideradas por Diana Sofía Giraldo de la Fundación Víctimas Visibles de la Universidad Sergio Arboleda y María Fernanda Cabal, representante a la Cámara electa por el uribismo y cabeza de la Fundación Colombia Ganadera (Fundagan), reunieron a víctimas de las Farc con los negociadores del gobierno Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo y Paula Gaviria, de la Unidad de Víctimas. Herbin Hoyos; Clara Rojas, de País Libre y recién elegida senadora; el exdiputado del Valle Sigifredo López; John Frank Pinchao, el policía que se fugó de cautiverio, y otros estaban presentes para hablar con el gobierno y dirigir a las Farc en Cuba 100 preguntas. Varias de estas organizaciones ven con reticencia los foros convocados. “Están invisibilizando a las víctimas de las Farc”, dijo a Semana.com el general Luis Mendieta, quien pasó 12 años en manos de esa guerrilla.

Dos semanas antes, la Mesa Nacional de Víctimas –la mayor organización, construida como parte del proceso de la Ley de Víctimas– convocó una reunión para discutir sus propuestas. Seleccionó varios representantes y, aunque sus iniciativas aún no se han hecho públicas, se sabe que varias enfatizan en temas de verdad y reparación.

Varias organizaciones, como las que se reunieron en El Nogal, no participan de la Mesa Nacional y exigen un trato diferenciado. Las víctimas de homicidio y secuestro entre los ganaderos, que un reciente libro publicado por Fundagan cuantifica en 3.293 entre 1972 y 2008, dicen que sus principales victimarios son las Farc y el ELN. Y, mientras algunas víctimas de las Farc o sus representantes dicen que la izquierda se ha tomado la vocería de las víctimas de agentes del Estado o los paramilitares, desde la otra orilla se oyen acusaciones de que el Centro Democrático intenta ‘capturar’ a las víctimas de las Farc.

Las víctimas son el tema decisivo del proceso en La Habana y lo serán con el ELN en caso de negociación. Según Fabrizio Hoschild, coordinador de Naciones Unidas en Colombia, tienen sus manos las tres llaves hacia un país en paz. Tendrán “la última palabra sobre justicia –vista en su totalidad, incluyendo tanto procesos de verdad y reparación como medidas para asegurar la no repetición”. Son “quienes mejor pueden liderar cualquier proceso de reconciliación”. Y, si el proceso “deja insatisfecha a la mayoría de las víctimas no será ni ético ni sostenible”.

Poner a las víctimas en el centro del proceso es decisivo para la legitimidad internacional de lo que se acuerde. Así lo reconoce el gobierno y hay gran expectativa por la actitud que adopten las Farc. Para ellas, este punto es un momento de no retorno, cuando les corresponde hacer gestos convincentes sobre su responsabilidad en el conflicto. Por eso, pese al acuerdo en los diez principios que reconocen que los derechos de las víctimas no se negocian en la Mesa y que les dan participación directa en la negociación, esta fase de las conversaciones va a ser muy difícil.

Ahora que la negociación en La Habana se concentra en las víctimas, estas están pasando a primer plano, con todo su sufrimiento pero también con todas sus contradicciones. Existe el riesgo de que sectores políticos intenten instrumentalizar el movimiento o partes de él, o de que las víctimas se dividan por victimarios. Lo más sano para el proceso sería que ni las víctimas de agentes del Estado o de los paramilitares se vuelvan ‘monopolio’ de la izquierda, ni que el Centro Democrático ‘capture’ a las de las Farc.

Es un hecho que el proceso electoral dejó un ambiente muy polarizado, que se refleja en las víctimas, y que las Farc ven en los foros la posibilidad de movilizar sectores afines para tratar de influir en la Mesa en una discusión que las afecta no solo como organización sino que toca a cada uno de sus jefes individualmente. El gobierno, por su parte, que con la Ley de Víctimas y otras medidas empezó a reconocer la responsabilidad del Estado y sus agentes, está ante el difícil reto de que todas las víctimas se sientan tenidas en cuenta.

Caso aparte, pendiente de acordar en Cuba, es cómo 6,3 millones de víctimas registradas pueden ser representadas. Quizá lo más práctico es que no hubiera una delegación sino muchas, que se sucedan un ciclo tras otro. Pero este tema también divide a las víctimas, pues casi todas quieren ser oídas y tenidas en cuenta.

En el fondo, la mayoría pide cosas similares. En los foros hay víctimas de las guerrillas y de los militares coincidiendo en propuestas. No es improbable que se llegue a acuerdos en torno a mecanismos como una comisión de la verdad, que cubriría a todos los victimarios. Aunque algunas víctimas enfatizan en demandar castigo, la mayoría insiste en garantías de verdad, reparación y mecanismos que aseguren la no repetición de lo que les ocurrió. Lo dijo Sigifredo López en El Nogal: “Escuchar a nuestros victimarios contar la verdad completa y oírles pedir perdón de manera sincera”. Para el general Mendieta lo más importante es que las Farc digan qué pasó con los cerca de 200 uniformados que, según sus cálculos, siguen sin aparecer. La necesidad de verdad fue un tema prominente en los foros de Villavicencio y en Barranca. Y también en las mesas regionales que hizo el Congreso el año pasado.

Hay, ciertamente, condiciones para que las víctimas cumplan un papel destacado en la negociación y sus propuestas sean incorporadas en los acuerdos. Pero, ahora, cuando llegó la hora de oírlas, empieza lo más difícil. Y demandará mucha filigrana sortear las presiones que introducen en el movimiento de víctimas la polarización y los intentos de politizar sus legítimas demandas. 
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