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| 9/30/2016 10:17:00 PM

Mambrú no vuelve a la guerra

Evitar el reclutamiento de niños, niñas, adolescentes y jóvenes se ha convertido en una tarea prioritaria para un país que se aproxima al posconflicto.

Los niños han estado entre las grandes víctimas del conflicto que ha vivido Colombia en los últimos 50 años. El 46 % de las personas que están en procesos de reconciliación ingresó a los grupos armados siendo menores de edad. Aunque se supone que en algunas regiones desaparecerán los riesgos, la tarea de prevención es grande frente a la posibilidad de que el ELN y los urabeños intenten controlar los territorios donde históricamente las FARC.

Hace tres años nació Reconciliación por Colombia, una iniciativa de la sociedad civil liderada por Publicaciones Semana, organización que viene trabajando con la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional y con la Agencia Colombiana para la Reintegración en una estrategia para prevenir el reclutamiento de menores al promover el diálogo regional, visibilizar procesos y experiencias de reconciliación que se han venido desarrollando en las regiones que han sufrido como consecuencia del conflicto armado.

Durante los días lunes y martes se realizó un taller en Valledupar y en el municipio de La Paz, Cesar, una de las Zonas Veredales de Transición y Normalización donde los excombatientes de las FARC permanecerán durante 180 días después de la firma de los acuerdos de paz antes de reintegrarse a la sociedad.

Al taller asistieron dos invitadas internacionales provenientes de Guatemala y El Salvador, países donde se realizaron procesos de paz a mediados de los años 1980. Una de las invitadas fue Sandra Morán, politóloga activista por los derechos de la mujer, presidenta de un colectivo de Arte y primera mujer elegida al Congreso de los diputados en Guatemala en declararse feminista y lesbiana, que ha declarado como compromiso encauzar la agenda de las mujeres y del colectivo de LGTBI.

Sandra Moran considera muy positivo el hecho de que en Colombia se esté actuando antes de que el acuerdo de paz entre en vigencia. En su país lo primero que hizo el primer presidente electo tras los acuerdos fue desconocerlos y privatizar servicios y empresas estatales. En ese entonces, 1986, ni las mujeres ni los colectivos LGTBI fueron considerados, otro punto que encuentra positivo en los acuerdos colombianos. Se asombra con el hecho de que a pesar de la complejidad del caso colombiano y de la extensión del territorio estén avanzando con estrategias como la de MAMBRÚ NO VA A LA GUERRA, pues la experiencia tras estos conflictos lo que enseña es que hay resolver los problemas que dieron origen a la guerra y los problemas derivados de la guerra. En Guatemala, dice, la situación agraria sigue siendo un asunto por resolver 30 años después porque no hay tierra para los que se desplazaron y en lo institucional el Ejército no reconoce haber desaparecido ni participado en más de 600 masacres que hubo entre 1960 y 1986. Ella les pide a los colombianos paciencia, mucha paciencia y luchar contra la desconfianza.

La segunda invitada internacional fue Margaret O’Neill, conocida afectuosamente como Sor Peggy, una octogenaria religiosa norteamericana que lleva 30 años viviendo en Santa Lucia Parroquia Suchitoto de El Salvador, dirigiendo el Centro de Artes para la Paz, un centro cultural de educación que promueve la paz a través de la danza, el arte y la reflexión teológica.

En El Salvador también han transcurrido 30 años desde la firma de los acuerdos. Sor Peggy ve con mucha esperanza la firma de los acuerdos en Colombia y también insiste en que la palabra es paciencia. Sobre su experiencia trabajando en Suichitoto dice que hay muchos traumas y, al igual que en Guatemala, la historia no incluyó la memoria de las mujeres, y los partidos políticos pretendieron desconocer los acuerdos diciendo que habían sido entre el Gobierno y los rebeldes y después de 20 años el Congreso expidió una ley para que se cumplieran los acuerdos y aún hoy, 30 años después, hay personas que no conocen los acuerdos porque la gente cree que esto de La Paz no es con ellos.

En este taller se divulgó la estrategia nacional ‘Mambrú no va a la guerra, este es otro cuento’, y sus resultados en el corregimiento de Villa Victoria, Puerto Asís, Putumayo, y en cuya representación estuvo el rector del colegio, la bibliotecóloga, un estudiante líder de la comunidad y la delegada de la Agencia Colombiana para la Reintegración que lideró el proyecto. Hoy otros corregimientos y veredas quieren replicarlo porque la comunidad terminó apoderándose de él gracias a los logros obtenidos.

‘Mambrú no va a la guerra, este es otro cuento’ es una estrategia flexible que se adapta y mimetiza en los territorios donde se está implementando, que en su mayoría son zonas vulnerables por la poca institucionalidad del Estado y la manera como se ofrece esta herramienta a los a los jóvenes es a través de la música, la danza, el deporte y el teatro. La vulnerabilidad termina arrastrando a los jóvenes a las drogas, la prostitución, la vinculación a pandillas o bandas organizadas que los vinculan a la guerrilla o al crimen organizado. Esta estrategia se está implementando en 38 municipios y busca que niños, niñas, jóvenes y adolescentes tomen como opción entrar a un grupo armado.

De acuerdo con Enrique Maruri, director de cooperación Sur_Sur de la APC, están documentando experiencias, aprovechar los aprendizajes que ha dejado Mambrú, es una oportunidad para incluirnos, es el proceso de reintegración posterior a un conflicto consiste en perdonar y dar apoyo a esa persona y a sí mismo.

En desarrollo del taller intervino un joven excombatiente de las AUC que viene trabajando con la ACR y al terminar de exponer su experiencia sobre la prevención del reclutamiento tuvo una réplica de dos víctimas, una madre de familia y un líder comunitario del colectivo LGTBI de La Paz, Cesar, quienes reclamaron a las agencias presentes que se tuviera tanta consideración con los victimarios y a las víctimas se les desconociera. A pesar de la tensión del momento, el excombatiente de las AUC pidió que lo perdonaran con un abrazo, dijo que él había sido reclutado muy joven, que en su vereda así como unos se fueron a la guerrilla, otros se fueron a las AUC y que incluso quien hoy es su esposa había sido víctima también de las AUC. La respuesta del excombatiente a la petición de que lo perdonaran fue positiva por las dos víctimas, se fundieron en un abrazo entre sollozos y el silencio respetuoso de los presentes.

Escenas como esa se producen a lo largo y ancho del territorio nacional donde se repiten factores de riesgo que hacen vulnerables a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de entre 5 y 28 años.

Ante economías ilegales como el narcotráfico, contrabando de gasolina, abuso sexual, embarazo adolescentes, maltrato intrafamiliar, ausencia de oportunidades, presencia de actores armados y microtráfico porque produce dinero fácil, la alternativa de esta estrategia es realizar intervenciones en los barrios y generar alianzas a través de la educación, el deporte, la danza, la música, mejorar los entornos y aumentar la oferta de oportunidades para que esta población vulnerable tenga más opciones para ocupar su tiempo.

En Colombia, la violencia ha dejado de acuerdo con el Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación Integral, 7.860.385 víctimas, por eso la reintegración y la reconciliación son necesarias para restaurar los entornos sobre la base de la Construcción de nuevas relaciones basadas en la confianza y el respeto.

¿Qué va a pasar en las regiones cuando las FARC se hayan desarmado y reintegrado a la sociedad civil? ¿Cómo los recibirán en las poblaciones a las que llegarán y de qué manera esas personas que vivieron durante años y décadas en la guerra podrán reincorporarse en medios sociales donde viven sus víctimas?

Mambrú no va a la guerra se está anticipando a ese escenario con una cantidad de ofertas educativas y culturales que ya están produciendo resultados positivos como el caso de Villa Victoria, en el área rural de Puerto Asís, Putumayo, una población expuesta a los cultivos ilícitos y a la presencia armada de las FARC desde los años 1980, donde gracias a la iniciativa identificada por la ACR se realizó la dotación y adecuación de la biblioteca del centro educativo, lo que brindó a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes implementos con fines educativos y culturales y generó un entorno de protección a esta población vulnerable.

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