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| 8/26/2016 3:09:00 PM

Así se resolvió el tema étnico, sobre la hora, en el acuerdo de paz

A pesar de ser las principales víctimas del conflicto, los afros e indígenas penaron hasta el último minuto para ser incluidos en el acuerdo final.

El martes 24 de agosto, mientras la prensa y la mayoría de los conocedores anunciaban que ya estaba listo el inminente acuerdo de paz con las Farc y que sólo faltaba la firma de los jefes negociadores, Jesús Santrich –miembro del equipo de las Farc– bombardeó de mensajes su cuenta de Twitter haciendo un llamado a no cantar victoria antes de tiempo.

“Por favor no ensillen sin traer las bestias”, “estar cerca no es haber llegado”. El llamado a la cautela tenía una razón: todavía no se había celebrado el encuentro entre el Gobierno y las FARC con los representantes de las comunidades étnicas, que fueron en gran medida ignoradas durante los casi cuatro años de negociaciones.

 “Creo que tendré que pasar la noche precisando que todavía hay asuntos delicados por cerrar”, señaló Santrich en su Twitter. Y después lanzó una seguidilla de mensajes: “Ojo. Acuerdo final debe incluir capítulo étnico. Ese fue un compromiso y debe cumplirse. No puede haber paz sin inclusión”.

Al mismo tiempo, desde Colombia y también a través de las redes sociales, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y otras asociaciones étnicas pedían estar atentos ante la “inminente exclusión del capítulo étnico” del acuerdo final. Incluso a través de un video, Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la ONIC, les pidió a los pueblos indígenas tomarse las carreteras del país y declararse en asamblea permanente si esto sucedía.

Su miedo era justificado. Aunque desde el 12 de agosto habían presentado su propuesta formal para ser incluidos en el acuerdo final, sólo hasta al miércoles en la mañana (un día antes de la firma) fueron convocados por las partes en La Habana.

La delegación étnica llegó a La Habana el miércoles 25 hacia el mediodía. La reunión entre todas las partes comenzó a las 3:30 pm y se extendió por una hora y media. “El primero que habló, por el Gobierno, fue Sergio Jaramillo. Dijo que para ellos era muy importante un enfoque étnico pero que ya estábamos contra el tiempo. Que se iba a crear una comisión de seguimiento para discutir los temas centrales que habíamos propuesto”, dijo Arias.

Luego el turno fue para Santrich. “Dijo que las FARC estaban de acuerdo con el documento (de 20 páginas) pero había dos cosas que teníamos que discutir”, contó Arias. Los dos “peros” de las FARC tenían que ver, primero con las zonas de reserva campesina y segundo con la justicia indígena.

En el primer tema, la comisión étnica pidió que estas zonas de reserva no se fueran a traslapar con los resguardos indígenas. “Dijeron que es un tema en el que había que llegar a un acuerdo con los campesinos, que ellos no podían hablar en nombre de los campesinos”, dijo Arias. Los indígenas temen que sus pretensiones de construir o ampliar resguardos, se cruce con las zonas de reserva campesina. Según la ONIC ya hay casos problemáticos, como el de la Serranía del Perijá que habitan los indígenas yukpa, o el del Catatumbo donde vive el pueblo barí.

El segundo tema, el de justicia, es quizá el más espinoso. ¿Qué va a pasar con los 45 guerrilleros indígenas, que fueron condenados por la justicia indígena a penas de hasta 60 años de prisión? O en otras palabras: ¿Cómo se va a lograr un diálogo entre la Jurisdicción Especial para la Paz y la justicia indígena, para decidir el futuro de estas personas?

El temor de la ONIC es que con estos guerrilleros pase lo mismo que ocurrió, por ejemplo, con los 30 guerrilleros condenados por el delito de rebelión que el gobierno indultó en noviembre pasado, como un gesto de “construcción de confianza entre el Gobierno Nacional y las Farc”.

Aunque se definió que este tema tendrá que estudiarse con detalle, existen casos en los que será muy difícil para los indígenas pensar, por ejemplo, en la amnistía. Uno de los más sonados ocurrió en noviembre de 2014, cuando un grupo de guerrilleros indígenas asesinó a dos miembros de la guardia indígena del pueblo nasa, en Toribio (Cauca).

Dos de los responsables fueron condenados a sesenta años de prisión por la justicia indígena. Aunque esta pena fue calificada como “severa” por algunos sectores de la sociedad, ellos la justifican porque las víctimas hacían parte de sus mayores autoridades, las más sagradas.

Luis Fernando Arias asegura que al final de la reunión en La Habana, el Gobierno les propuso resumir su propuesta en una página pero ellos se negaron. “Tampoco querían dedicarle un capítulo, sino que se tratara de un enfoque étnico. Al final logramos consensuar las cuatro páginas que quedaron y recogen lo fundamental. Y quedó como capítulo”.

Ese mismo día, pasadas las 6 de la tarde, los jefes negociadores anunciaron desde La Habana la firma del último acuerdo. Iván Márquez, representante de las FARC, resaltó que el capítulo étnico fue ganado “con la propia lucha de los pueblos indígenas y afrodescendientes”.

Lo que se acordó en el capítulo étnico

El respeto a la consulta previa fue uno de los puntos reiterativos de este capítulo, en el que se reitera que la implementación de los acuerdos firmados en La Habana no podrá ir “en detrimento de los derechos de los pueblos étnicos”. En el tema de reforma rural, se garantizarán las condiciones jurídicas actuales de las propiedades y los territorios ocupados ancestralmente.

En materia de participación, se garantizará la inclusión de candidatos de los pueblos étnicos en las listas de las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz. Se definió que los sistemas de seguridad propios de los pueblos étnicos (guardia indígena y guardia cimarrona) se fortalecerán. Y sobre el punto de drogas ilícitas, se acordó que “respetará y protegerá los usos y consumos culturales de plantas tradicionales catalogadas como de uso ilícito”.

Otro de los puntos esenciales, señala que se crearán programas de asentamiento, retorno, devolución y restitución de la comunidad indígena Nukak, del pueblo Embera Katío del Alto San Jorge, del territorio del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera, y Curvaradó y Jiguamiandó.

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