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| 6/24/2016 8:26:00 PM

María Ángela Holguín, la mujer del proceso de paz

La canciller fue clave en la fase final que permitió acordar los lugares de concentración de las FARC. Este ha sido su papel.

Desde cuando comenzó el proceso de paz, muchas voces pidieron que por el Gobierno una mujer llegara a la mesa de diálogos. En un principio el grupo estuvo conformado sólo por negociadores: Humberto de la Calle como jefe del equipo, los generales Óscar Naranjo y Jorge Enrique Mora, Sergio Jaramillo, Frank Pearl y Luis Carlos Villegas. Por eso, cuando en mayo del 2015 el presidente Santos anunció el nombramiento de María Ángela Holguín como plenipotenciaria para las negociaciones de la Habana, se generó una gran expectativa. 

En la mesa habían estado también Nigeria Rentería y María Paulina Riveros. Sin embargo, aunque su papel fue importante, no tenían el peso de sus colegas. La canciller, por su parte, era una figura ideal y de mucho peso para las negociaciones. Una funcionaria de ese nivel llenaba ese clamor de género, pero por otro lado, también fortalecía el proceso de paz en la comunidad internacional, un componente fundamental para que este tenga éxito.

María Ángela Holguín es un personaje en cierto modo atípico en las relaciones internacionales del continente. Tiene trayectoria diplomática y ocupa un puesto que tradicionalmente ha sido entregado a los políticos. Ha durado los seis años del Gobierno en una cartera que antes solía cambiar frecuentemente de ocupante.

El papel que ha tenido como canciller le ayudó para desempeñar un buen papel en La Habana.  En cierto modo, ella fue la artífice de la superación de la crisis con Venezuela. Conocía muy bien ese país pues había sido embajadora allí y, poco a poco, logró recomponer unas relaciones que estaban profundamente maltrechas. En un mundo cada vez más conflictivo esa credencial la ha hecho ser respetada en el ámbito internacional.

Así, la canciller ha vivido simultáneamente dos escenarios políticos internacionales de peso con resultados opuestos. En el primero, el proceso con Nicaragua en la Corte de la Haya, no le ha ido bien. Internamente muchos le pasaron la factura por el resultado adverso del fallo y en la comunidad internacional por la posición de Colombia de no aplicar la sentencia de ese alto tribunal y luego de retirarse del Pacto de Bogotá.

En el proceso de paz le pasó lo contrario y le fue muy bien. La principal razón es que si bien estas negociaciones se hacen entre dos partes, tienen un componente internacional fundamental. Desde un principio eso quedó claro en los diálogos con las FARC, que comenzaron en Noruega, se desarrollaron en Cuba y contaron con el apoyo, además de estos dos últimos, de Chile y Venezuela como garantes.

El papel de Holguín fue fundamental en dos momentos del proceso: para acordar cómo sería el mecanismo de verificación y la semana pasada para llegar finalmente a los puntos de concentración.

Lo primero no fue sencillo por el temor que genera el Consejo de Seguridad. La canciller propuso una fórmula mixta y la resolución del Consejo de Seguridad debe ser concreta y limitada. Es decir, que fuera exclusivamente para cese y desarme, pero que no se convirtiera en una compuerta para que la ONU intervenga en otros asuntos de la agenda nacional y el Gobierno pierda soberanía. 

La semana pasada, Holguín también tuvo un liderazgo importante. Quienes acompañan de cerca el proceso cuentan que fue clave para destrabar el acuerdo sobre los puntos de concentración que tendrán los guerrilleros una vez se firme la paz. Se dice que la canciller llegó con mapa en mano y ayudó a definir uno a uno los lugares donde esa transición a la paz se hará realidad.

El punto había empantanado los diálogos porque las FARC tenían la tesis de que era mejor elegir más lugares y el Gobierno quería jugársela por menos. Así, de más de 90 puntos a los que aspiraba la guerrilla, finalmente quedaron las 23 zonas veredales y ocho campamentos que se presentaron el jueves.  

Por cuenta de ese papel, Holguín se ha convertido en una de las figuras de mayor peso en el gabinete. Y a pesar de que no estuvo en la campaña de Santos, hoy es una de sus colaboradoras más cercanas. En Palacio dicen que es una de las pocas que saben decirle al presidente las cosas que le molestan sin que le molesten. 

Aunque siempre se ha dicho que por cuenta de que lleva mucho en el equipo podría pedir un respiro y retirarse de su cargo, eso no se ve probable hasta que se firme la paz. Para reemplazarla han sonado muchos nombres, desde Sergio Díaz Granados hasta Íngrid Betancourt. No se sabe qué pueda pasar, sólo que el trabajo de quien asuma ese papel o de ella si lo continua, será enorme.   

 

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