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| 11/12/2011 12:00:00 AM

¿Procurador o presidente?

El alto perfil que ha adquirido Alejandro Ordóñez tiene entusiasmados a los sectores más conservadores del país, que le ven un gran futuro político. Pero le esperan grandes dificultades.

Hablar prematuramente de candidaturas es un deporte nacional. El último turno le correspondió al presidente transitorio del Partido Conservador, José Darío Salazar, quien en declaraciones a los medios de comunicación la semana pasada habló en buenos términos sobre la hipótesis de que el actual procurador, Alejandro Ordóñez, sea el abanderado del conservatismo en 2014.

Salazar se refirió a Ordóñez como "buen candidato", y enumeró sus argumentos: "Es un conservador convencido, con mucha tradición y con mucha raíz (...) sería un conservador muy auténtico y me parece un muy buen nombre". Después dijo que "él no ha expresado su intención" y luego aceptó que "el debate es prematuro".

La idea, sin embargo, surgió hace dos semanas cuando la bancada conservadora se opuso a un 'articulito' de la reforma a la justicia que establecía una inhabilidad de cinco años para participar en política que se aplicaría a los magistrados de las altas Cortes, al procurador y al fiscal. En la versión aprobada por la plenaria del Senado, la norma fue retirada -con el espaldarazo evidente de la bancada azul- y más de uno sintió que esa jugada tenía nombre propio: mantener viva la opción de Alejandro Ordóñez para la próxima elección presidencial.

Para nadie es un secreto que el actual procurador, elegido exactamente hace tres años, ha elevado su perfil político y cultiva su cercanía social, moral e ideológica con el partido azul. Y no es raro, en consecuencia, que los conservadores le echen ojo, sobre todo en este momento de crisis e incertidumbre por el que atraviesa la colectividad.

Los conservadores no son tan consentidos del presidente Juan Manuel Santos como lo fueron de Álvaro Uribe; en las elecciones locales pasadas bajaron su votación a menos de dos millones y fueron superados por el Partido Liberal y por La U, y la mayoría de los escándalos de corrupción que han estallado en los últimos meses se han producido en entidades manejadas por miembros de ese partido: la Dirección Nacional de Estupefacientes, el Inco, Invías, Agro Ingreso Seguro e Incoder. En el escenario mediático no se ve ninguna figura del conservatismo que descolle, y quienes ocupan cargos ministeriales -Juan Camilo Restrepo, Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Echeverry- son técnicos que no gozan de simpatías dentro del actual directorio. Más bien, convergen con el expresidente Andrés Pastrana, quien ha asumido una crítica vehemente contra la manera como se viene conduciendo la colectividad.

A Ordóñez, quien dentro de un año termina su cuatrienio, le convendría contar con un espacio en la arena política, y al partido le hacen falta figuras. Hay un punto de convergencia de intereses. Y si en algo son ciertas las recientes declaraciones de José Darío Salazar es en que el actual procurador ha asumido con entusiasmo la defensa de banderas ideológicas muy propias de la casa azul. En el país hay brotes de un debate de ideas con connotaciones filosóficas sobre temas como el aborto, los derechos de las parejas del mismo sexo y la restitución del fuero militar. En todos ellos, el procurador Alejandro Ordóñez defiende las posiciones doctrinarias conservadoras.

Otra razón por la cual la vigencia pública de Ordóñez podría necesitar de su participación electoral en el futuro es que sus posibilidades de reelección no están despejadas. Después de que su antecesor, Edgardo Maya, fue escogido para dos cuatrienios, tendría sentido que el procurador figure en la baraja de candidatos para ocupar el cargo. Más aún después de una procuraduría de tan alto perfil como la que ha ejercido Ordóñez. Sin embargo, el escenario de 2008, cuando el Senado lo eligió por una abrumadora mayoría de 81 votos a favor -con los que apabulló a Camilo Ospina y a Germán Bustillo (y al voto en blanco, que obtuvo tres votos)-, no parece repetible bajo las actuales condiciones políticas. El procurador no tiene el apoyo consensuado que hasta el Polo Democrático le brindó entonces.

Uno de los ofrecimientos que hizo Ordóñez durante su 'campaña' fue actuar "en seguimiento de la ley y no de la Biblia". Pero varios de quienes votaron por él consideran que el jefe del Ministerio Público ha actuado con base en su agenda religiosa. En especial, en sus conceptos y actuaciones en proyectos de ley como el que presentó el Partido Conservador para prohibir todas las formas de aborto, incluidos los casos extremos aceptados por la Corte Constitucional. Aunque la iniciativa fue derrotada, el procurador apoyó la causa del Partido Conservador y de su credo católico.

A Ordóñez lo favorece, para sus eventuales aspiraciones futuras -en la política electoral o en la reelección como procurador-, que sus fallos en el ejercicio de su función de vigilancia de los servidores públicos han sido drásticos y equilibrados. En la larga lista de sancionados, que incluye a casi treinta gobernadores y alcaldes, varios de ellos mediante procesos expeditos, figuran también personas con altos cargos como los ministros Sabas Pretelt y Andrés Felipe Arias, y figuras de ambos lados del espectro político: dos exministros uribistas, los exdirectores del DAS Jorge Noguera y María del Pilar Hurtado, y el exsecretario general de la Presidencia Bernardo Moreno, en la esquina derecha, y Piedad Córdoba y Samuel Moreno, en la izquierda.

No es claro si estas credenciales serán definitivas para que Alejandro Ordóñez defina un eventual dilema entre una aspiración presidencial o su permanencia en el cargo por otros cuatro años. Ni tampoco si serán suficientes. Según la última encuesta Invamer-Gallup, al procurador no lo identifican dos tercios de los colombianos y solo el 14 por ciento tiene una imagen positiva de él. Su perfil electoral, en consecuencia, es débil. Y en el otro escenario, el de la reelección, tendría que contar con el apoyo -o por lo menos sin el veto- de algunos de los grandes jefes políticos a los que les ha pisado callos.

En consecuencia, al menos por ahora, de las declaraciones de José Darío Salazar sobre la candidatura presidencial de Ordóñez, la parte más pertinente puede ser que "es inoportuno y prematuro hablar desde ahora sobre el tema".
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