Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/11/05 00:00

Prórroga anunciada

El gobierno cedió en el tema de la zona de distensión. Las Farc no hicieron concesiones. ¿Qué pasará ahora?

Prórroga anunciada

Todo empezo en la mañana del pasado jueves 27 de septiembre cuando el país entero estaba a la expectativa de si las Farc le iban a permitir o no el acceso a la zona de distensión al candidato presidencial Horacio Serpa Uribe. Aunque hasta ese momento en la Casa de Nariño había criterios encontrados entre quienes opinaban que la marcha beneficiaría a Serpa y los que pensaban que era una audaz jugada electoral, a todos les entró pánico cuando conocieron las declaraciones del comandante ‘Joaquín Gómez’, uno de los voceros de las Farc en la Mesa de Negociación y responsable militar del Bloque Sur. El guerrillero afirmó que el Ejército había incursionado en la zona de distensión y que había matado a dos guerrilleros. “La carretera queda cerrada y el paso queda restringido”. Lo que se preveía como una manifestación casi folclórica se había convertido en una fuente inesperada de fricción con las Farc.

Ese viernes la temperatura aumentó cuando el general Fernando Tapias, comandante de las Fuerzas Militares, dijo que Serpa podría seguir su camino y que si le llegaba a pasar algo él le daría la orden al Ejército para que entrara a la zona y lo rescatara. En la noche el alto comisionado de paz, Camilo Gómez, declaró que quien tomaba las decisiones sobre la zona de distensión era el Presidente y no el general Tapias.

Esta explicación se debió a que en Palacio sus declaraciones no fueron interpretadas como un gesto de buena voluntad de parte del oficial sino como un paso en falso pues está claro que los 42.000 kilómetros cuadrados están vedados para la Fuerza Pública. Al día siguiente, en la tarde del sábado, el bloqueo a Serpa se hizo realidad. Aunque todo el gobierno a estas alturas sabía que las Farc no se andaban con medias tintas el hecho provocó indignación. El Presidente se mostró molesto e hizo una declaración oficial de condena a la actitud del movimiento guerrillero.

Espacios vedados

Además, en solidaridad con el candidato liberal, anunció para el día siguiente una reunión del Frente Común por la Paz en el Caguán, con lo que el gobierno pretendía demostrar que en Colombia no hay espacios vedados por ningún grupo armado. Una situación similar se había vivido a principios de febrero de este año cuando en el país se apostaba a que la zona de distensión ya era un área perdida. En aquella ocasión el Presidente se levantó, tomó una avioneta y se fue, sin escoltas, a visitar los cinco municipios despejados para demostrar que allí todos los colombianos tienen derecho a ir.

Sin embargo en esta oportunidad su proyecto se frustró. Serpa no quiso ir con el argumento de que la cumbre se podría hacer en Bogotá y Alvaro Uribe Vélez fue categórico al rechazar la invitación, bien fuera en la montaña o en los salones de Palacio. Entre tanto hubo el tiempo suficiente para que los noticieros de fin de semana informaran sobre los hechos. En sendos extras los sorprendidos presentadores anunciaban primero el viaje presidencial y luego la suspensión del mismo.

La cosa quedó en ese punto y muchos colombianos se fueron a dormir inquietos. El jefe del Estado no pudo conciliar el sueño porque a las 3 de la mañana fue despertado para avisarle de la muerte de su ex ministra de Cultura Consuelo Araújo Noguera. El Presidente se desconcertó. Una hora después los militares estaban organizando un viaje con periodistas nacionales e internacionales hacia la Sierra Nevada de Santa Marta, en donde ‘La Cacica’ había sido asesinada, para mostrarles cómo las Farc llegaban a tales niveles de crueldad. En Palacio se enteraron del viaje y lo desmontaron, lo que produjo un nuevo roce en la relación Ejecutivo-militares. Todos estos elementos se sumaron en la cabeza de varios funcionarios de Palacio, que a esa hora se debatían entre el dolor por la muerte de ‘La Cacica’ y la posibilidad de que el proceso de paz, principal bandera del gobierno, se esfumara de una vez por todas.

Sin embargo las aguas se calmaron por unos días. Las Farc aceptaron tácitamente ser las autoras del homicidio aunque expidieron un comunicado para descargar la responsabilidad en los militares con el insólito argumento de que éstos los habían hostigado. El cinismo de las Farc tocó a todo el país y en particular al senador Germán Vargas Lleras, que desde hacia varias semanas atrás venía recopilando información detallada sobre los abusos de las Farc en la zona de distensión.

El martes en el Congreso, que a todas estas ya estaba bastante alterado por la persecución de que ha sido objeto por parte de las Farc (ver

artículo siguiente) se realizó una acalorada sesión en la que Vargas Lleras denunció uno a uno los delitos que han cometido las Farc allí. Aunque el informe del congresista es doloroso, extenso y contundente, en realidad sus denuncias son muy similares a las presentadas recientemente por la ONG Human Rights Watch y por el informe de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Lo nuevo es que Vargas detalló casos de supuestos terroristas que han pasado por la zona, lo que provoca más titulares de prensa debido a la consecuencia que esto tiene después de lo ocurrido el 11 de septiembre en Estados Unidos.

Intervencion clave

Pero el debate no se profundizó en qué hacer para evitar la ocurrencia de delitos en la zona de distensión pues al gobierno le preocupó más saber quién le había dado la información a Vargas. La sorprendente reacción del ministro del Interior Armando Estrada fue una acusación a los militares. “Señor Ministro, puedo asegurarle que yo no he hablado con los generales Tapias, ni Mora, ni Ramírez, ni Fracica de este tema, respondió Vargas. Y si esto hubiera sido así tengo la certeza de que ellos nunca me hubieran dando la información porque ellos han dado ya suficientes pruebas de lealtad ”, agregó.

Para entonces las relaciones ya estaban tan deterioradas que el presidente Pastrana llamó al general Tapias y a su cúpula para una reunión de urgencia en Tolemaida. En ésta, durante cinco horas, los militares le expresaron al Presidente sus reservas sobre lo que significaba la ampliación de la zona de distensión. Pastrana los escuchó y les recordó que el comandante en jefe era él y que era necesario dejarle en claro eso al país.

Salieron entonces a un recinto donde había un micrófono para una improvisada rueda de prensa, en la que el Presidente poco habló y se limitó a decir que el general Tapias quería hacer unas declaraciones. Este tomó la palabra y después de manifestar que la reunión fue “franca” y “cordial” procedió al lugar común de que las Fuerzas Militares acataban lo que dijera el Presidente. Esa aclaración no pedida dejó perfectamente claro que la reunión pudo haber sido franca pero no cordial.

Simultáneamente el gobierno lidiaba otro toro. Camilo Gómez y Juan Gabriel Uribe, por el ejecutivo, discutían con los hombres del secretariado de las Farc. Fueron varios días de tensas reuniones. Aunque el Alto Comisionado para la Paz viajó a principios de la semana con el fin de buscar un salvavidas que evitara el naufragio del proceso, ‘Manuel Marulanda Vélez’ sólo lo atendió el jueves . Este desaire fue proporcional a la forma como fue recibido inicialmente por ‘Raúl Reyes’, quien leyó un comunicado en el que le anunciaba que las Farc no se dejaban imponer condiciones. Así, mientras Gómez recurría a las artes de la diplomacia, en Bogotá el general Jorge Enrique Mora acudía a su característica franqueza: “Las condiciones no las imponen los bandidos, las impone el Estado”.

En medio de una semana bastante agitada, en la cual el proceso de paz pendía de un hilo, varios protagonistas de la vida nacional salieron a sentar su posición. Luego del asesinato de ‘La Cacica’ la candidata Noemí Sanín pidió que se congelara el proceso. Dos días después la embajadora estadounidense Anne Patterson dijo que los grupos guerrilleros “no están excluidos” de las medidas adoptadas por su país contra los terroristas, tras los atentados del 11 de septiembre y, por si fuera poco, Enrique Gómez Hurtado, aliado del Presidente, pidió derogarle las facultades de paz por considerar que las cosas se le habían salido de las manos.

Al finalizar la semana casi todo el mundo estaba de acuerdo en que el proceso debía seguir y que había que prorrogar la zona pero con condiciones. Eso fue lo que entendieron el gobierno y las Farc, que después de dos días de reunión en San Francisco de la Sombra expidieron un comunicado cuya lectura daba la impresión de un gran paso adelante pero cuyo contenido en el fondo no significaba mucho. La frase clave es que las partes se comprometen a “abocar de inmediato el estudio integral del documento de recomendaciones presentando por la Comision de Personalidades”. El documento de los Notables contiene muchos temas importantes, como la tregua, el cese al fuego, el cese de hostilidades, paramilitares y Constituyente. Sin embargo, como “estudiar” no implica compromiso alguno, todo el episodio no era más que un saludo a la bandera. Llamó la atención que se mencionara en forma explícita la eliminación de las ‘pescas milagrosas’ pero esto tampoco tiene alcance real mientras se siga secuestrando.

Sin alternativas

La concesión por parte de las Farc de que se les permitiría a los candidatos ir a la zona fue casi ofensiva. Y no quedó en claro qué era peor, si esa concesión o el reconocimimiento por parte de las Farc de que en la zona de distensión mandan los alcaldes y la policía cívica, que anda armada apenas con un bolillo de madera.

Lo cierto es que a pesar de esta comedia el gobierno no tenía muchas alternativas. El hecho es que mientras la negociación en medio de la guerra hizo crisis el documento de los Notables por lo menos dejó una esperanza de que las Farc consideren seguir el proceso en medio de una posible tregua con cese del fuego y de hostilidades. Por el momento las partes dicen que le van a apostar a esta carta, que aunque es una propuesta concreta, audaz y necesaria para impulsar el proceso, a medida que se aterriza comienza a enredarse.

El cese de hostilidades que piden los Notables y casi todos los sectores del país implica que la guerrilla deje de secuestrar y extorsionar —actividades que representan gran parte de sus fuentes de ingreso— y, por lo tanto, habría que buscar una fórmula para financiar a las Farc durante esa tregua. ¿De dónde puede venir esa plata? En primer lugar, de la comunidad internacional. Pero después de los acontecimientos del 11 de septiembre ni la Unión Europea, y menos Estados Unidos, estarían dispuestos a meterle plata a un grupo que el Departamento de Estado cataloga como terrorista.

En segundo lugar, el dinero puede provenir del propio gobierno. Sin embargo, para que los contribuyentes se metan la mano al bolsillo para financiar a las Farc, es requisito fundamental que liberen a todos los secuestrados, de lo contrario para el Estado sería moralmente inviable. ¿Estarían las Farc dispuestas a eso? Sólo profundizando el tema de la financiación queda claro que esto no es tan fácil como parece a primera vista.

Pero lo mismo sucede con puntos tan candentes como la localización de los efectivos de las Farc en algunas zonas del país para verificar la tregua. Es claro que el secretariado no va a permitir que se acantonen todos en la zona de despeje. ¿Se crearán, entonces, otros enclaves en el territorio para concentrar las cuadrillas de las Farc mientras dura la tregua? ¿Está dispuesto el país a asumir ese riesgo después de lo que ha pasado con la zona de distensión? ¿Qué pasaría durante esa tregua con las Fuerzas Militares en las zonas donde operan los paramilitares y las Farc?

Son preguntas que surgen al concretar y desmenuzar la propuesta de un cese del fuego y de hostilidades. Cuando se habla de tregua, en abstracto y sin mayor contexto, la mayoría de los colombianos la respalda para ponerle fin, así sea por un tiempo, al baño de sangre que está viviendo el país. Pero cuando se les pregunta si están de acuerdo con financiar a la guerrilla esa misma mayoría se opone radicalmente a esa posibilidad. Y no hay una sin la otra.

Esto demuestra los difíciles obstáculos que debe enfrentar un proceso de paz en un conflicto tan complejo y arraigado como el que vive el país. Sin embargo explorar la opción de la tregua es una propuesta concreta —y la única seria hasta el momento— que va a ser necesario estudiar y analizar. Al final de la pasada semana la única certeza es que ésta se iniciará con una prórroga que, pese a todo lo que pasó, ya estaba anunciada. n

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