Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/06/17 00:00

Proyecto agridulce

Mientras el gobierno hace esfuerzos por salvar las empresas de los Grajales, algunos ex trabajadores están armándoles competencia en Venezuela.

Para poder pagarles los salarios a los 4.500 empleados del Grupo Grajales, un carro blindado tiene que transportar, cada 15 días, 1.500 millones de pesos en efectivo desde Pereira, Risaralda, hasta La Unión, en Valle del Cauca

Afinales de los años 90, el narcotraficante Iván Urdinola, preso en la cárcel de Itagüí, reclamó una deuda de 10.000 millones de pesos que le debía Gerardo Grajales. Aunque ambos murieron antes de resolver el asunto, la familia de éste se vio obligada a firmarle a la viuda de Urdinola, Lorena Henao, unas letras que fueron encontradas por las autoridades en enero de 2004, cuando ella fue capturada en Panamá por enriquecimiento ilícito. Allí comenzaron los más recientes problemas del Grupo Grajales con la justicia colombiana y la norteamericana. Meses después, sus empresas fueron incluidas en la 'Lista Clinton'. En junio de 2005 fue capturado Raúl Grajales Lemos, la cabeza visible del grupo. Y el martes pasado fueron detenidos Francisco Duque, gerente de la cadena de almacenes Casa Estrella, y nueve personas más, entre quienes figuran sus socios de origen sirio libanés, que vivían en Barranquilla.

Esto podría ser el fin del emporio empresarial, que comenzó en el patio trasero de la casa de Alberto Grajales en 1945, en el municipio vallecaucano de La Unión.

Las empresas generan 6.500 empleos directos y 7.200 indirectos, desempeñados en su mayoría por personas que viven en Roldanillo, Zarzal, Toro, Bolívar, La Victoria, El Dovio y Versalles. Su nómina quincenal es de 1.500 millones de pesos, que equivale al 58 por ciento del total de los recursos propios que recibe el municipio de La Unión por impuestos en un año. Llegaron a exportar 30.000 toneladas anuales de fruta. Y las solas ventas anuales de tres de sus empresas, Casa Grajales, Agronilo y Grajales S. A., superaban los 60.000 millones de pesos.

Pero desde hace un año, cuando la producción y la comercialización de la uva y las frutas sobreviven en manos de la Dirección de Estupefacientes, su diagnóstico no es alentador. El año pasado, las siete compañías del Grupo registraron pérdidas por 4.911 millones de pesos. No han cancelado 2.000 millones que deben de impuestos (retención en la fuente, IVA e impuesto a la renta). "Hoy sólo podemos mover cuentas a través del Banco Agrario, y clientes comerciales de Estados Unidos y Canadá nos adeudan 263.000 dólares que decidieron congelar aprovechando la crisis", explicó a SEMANA Félix Ospino, depositario provisional de la DNE.

El esfuerzo del gobierno está dirigido a corregir en las empresas su manejo familiar y la falta de un sistema de información contable. Pero según Lina Ramírez, jefe de Planeación de Agronilo y Grajales S. A., "las pérdidas fueron ocasionadas por el bloqueo financiero que se levantó en marzo de este año para tarjetas de crédito.

Los expertos del negocio aseguran que la verdad aún no se ha contado. Sostienen que la cosecha y la producción en los últimos 12 meses fueron un fracaso. Que el gran negocio de la uva está llamado a desaparecer en el país y que ante una eventual ausencia de un control de los cultivos por expertos en el negocio agrícola, lo que se viene es un derrumbe del Grupo.

Eso explicaría la decisión de un grupo de ex trabajadores de los Grajales de empacar maletas e irse para Venezuela y trabajar en uno de los más grandes proyectos de cultivo de uvas y variedad de frutas tropicales en el vecino país. Todo surgió desde el mismo momento en que el emporio financiero de los Grajales quedó en manos del Estado. "No nos vamos a quedar observando el desplome del mercado. Por eso, nos vamos para donde los vecinos," dijo uno de ellos.-

El proyecto va viento en popa. Ya cerca de 1.000 hectáreas están en desarrollo y la idea es sembrar unas 5.000 hectáreas de uvas, papaya, melón, patilla, curuba y maracuyá. Al igual que en los años de éxito en Colombia, van a promover y a proveer el terreno para un centro de investigaciones especializado en frutas del trópico para el consumo de los venezolanos y hacerle competencia a la que fuera su casa durante décadas. Ninguno quiere que su nombre salga a la luz pública, pero consideran que va a ser un gran negocio con mucho futuro.

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