Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1992/06/01 00:00

PRUEBA DE FUEGO

La sensación generalizada es que el Gobierno salió perdiendo en el epidosio de Telecom.

PRUEBA DE FUEGO


COMO SUCEDE CON FRECUENCLA EN COLOMbia, las partes que participaron en el paro de Telecom dicen que ganaron. El sindicato dice que se garantizó la no privatización de la empresa y que esto constituye un triunfo rotundo. El Gobierno dice que si se lee detenidamente el comunicado del arreglo, no ha cedido en nada y todo lo que aceptó es lo mismo que estaba dispuesto a aceptar antes de la huelga: escuchar sin compromiso.
¿Cuál es, entonces, el verdadero balance del controvertido episodio que le sumó incomunicación a la oscuridad? En términos generales se podría afirmar que el texto del comunicado representa un triunfo teórico para el Gobierno, pero el impacto sicológico que dejó en la opinión pública el paro puede ser considerado un triunfo para el sindicato.
Leyendo con cuidado el documento firmado por las dos partes, no representa ninguna concesión por parte del Gobierno. A primera vista puede haber un párrafo que deje esa impresión al señalar que el Gobierno se compromete "al estudio de una alternativa para el desarrollo legislativo del sector de las comunicaciones, consistente en la consideración de una ley de gestión especial para Telecom que excluya la enajenación de la empresa." Los que leen esta frase quedan con la impresión de que la privatización de Telecom que es de lo que se trataba toda, la pelea, quedó cancelada. Sin embargo, leyendo entre líneas queda claro que no se llegó a ningún compromiso concreto. Fuera del ofrecimiento de "estudiar alternativas en la eventualidad de que no se llegue a un acuerdo", no hay nada en el documento que obligue al Gobierno a hacer algo que no estuviera dispuesto a hacer. Los mecanismos aprobados para dirimir cualquier desacuerdo son los condúctos regulares que siempre han operado en el sistema político colombiano. Es decir, que el proyecto puede ser modificado si el Gobierno encuentra elementos nuevos que lo justifiquen. Pero que si esto no sucede, será el Parlamento a través de su ponente, Juan Guillermo Angel, el responsable de escuchar todos los puntos de vista e incorporarlos a su ponencia si los considera conducentes. Esto, que en el comunicado puede sonar como si fuera una concesión, no es más que el mecanismo rutinario para la discusión y aprobación de todas las leyes en Colombia.
Aunque el paro fue levantado sin que el Gobierno hiciera concesiones por escrito, reina la sensación de que los verdaderos ganadores fueron los sindicatos. No sólo dejaron claro su poder de perturbación, sino que concientizaron a la opinión pública sobre dos cosas: el desacuerdo de la clase trabajadora con la política neoliberal del Gobierno, y su decisión de enfrentarse a ella con todas sus fuerzas. Así mismo dejaron flotando en el ambiente la amenaza de que si lo hicieron una vez lo pueden volver a hacer. La impresión generalizada es que el Gobierno negoció y para la opinión pública negociar es ceder. En un país donde muchos piensan que todos los principios han sido entregados ante la amenaza del narcotráfico o la guerrilla, la sensación ahora es que también se claudicó ante los sindicatos. En altos círculos políticos y económicos no son pocos los que afirman que hubiera sido conveniente sufrir unos días más de incomodidad a cambio de una victoria clara que le permitiera demostrar al Gobierno su firmeza y decisión. Evocan el caso de Inglaterra, en donde la señora Tatcher se enfrentó durante tres años al sindicato de los mineros y, aunque el costo fue enorme, finalmente les ganó. Este triunfo fue la base para un cambio de la ecuación de fuerzas en Inglaterra, lo cual le permitió sacar adelante su proyecto de gobierno. Pero eso aquí no sucedió. Por el contrario, lo que pasó fue que los sindicatos le comunicaron al Presidente que las tesis de la nueva derecha en Colombia están muy lejos de ser un consenso.
Todo esto, en el fondo, es más importante que las consideraciones inmediatas de que tanto se habla. Hay un consenso acerca de que hubo imprevisión por parte de la empresa ante lo que era un paro anunciado. Hay opiniones encontradas sobre el manejo que le dio el ministro de Comunicaciones, Maurico Vargas, al problema, que para algunos fue enérgico y firme y para otros inexperto y emotivo. Pero lo importante en el fondo es que el paro de Telecom constituyó la primera prueba de fuego del programa ideológico, en lo económico, de César Gaviria.
El Presidente es un hombre inteligente y estructurado que considera que Colombia debe incorporarse a las corrientes ideológicas contemporáneas que soplan hoy por hoy del lado del neoliberalismo. Los conceptos de apertura, reducción del tamaño del Estado y privatizaciones no son planes de gobierno comunes y corrientes sino timonazos históricos que modifican estructuralmente la carta de navegación de un país. Colombia, desde la "Revolución en marcha" de 1936, se embarcó en la filosofía liberal del Estado interventor, poniéndose a tono con lo que estaba en boca en el planeta. Medio siglo duró este experimento. El fracaso del comunismo y la desintegración de prácticamente todos los Estados socialistas, llevó al mundo a la conclusión de que había llegado el momento de ensayar fórmulas nuevas.
Todo esto comenzó a verse con claridad en otras latitudes hace 10 años. Como siempre todo tarda en llegar a Colombia, el primer político en captar toda esta evolución y la necesidad de aclimatarla aquí fue César Gaviria. Por esto su programa de gobierno fue considerado de una dimensión más trascendental que la de cualquiera de sus antecesores inmediatos. Es obvio que llevar todo esto a la práctica tiene que provocar muchos choques y dejar muchos tendidos. Así sucedió en 1936, pero al fin de cuentas se logró llegar pacíficamente a la otra orilla. No sobre la base de que todo el mundo estuviera de acuerdo sino sobre la convicción del Gobierno de que esto era lo que más le convenía al país.
Es en este contexto en el que deben analizarse las consecuencias del paro de Telecom que acaba de terminar. Si el Presidente cree todavía en todo lo que él y sus ministros han propuesto tiene que persuadir a los colombianos de las bondades de sus tesis y luchar a brazo partido por sacarlas adelante. Si la inevitable oposición que encontrará va a determinar el abandono de sus tesis, se puede llegar a un modelo económico híbrido que tendrá todas las desventajas y ninguna de las ventajas de las posturas que pretende conciliar.
El Presidente tiene dos rasgos de su personalidad muy definidos: el ideólogo y el negociador. Y a veces preocupa que la segunda faceta aparece con más fuerza que la primera. El reciente paro de Telecom ha sacado a flote estas contradicciones. En el arreglo a que se llegó el Gobierno no hizo concesiones. Pero esto no quiere decir en forma alguna que haya ganado. El proceso de Telecom fue apenas un abrebocas de lo que sin duda alguna se verá en el futuro; si se pretende darle un viraje ideológico al rumbo de la nación. El Presidente tiene que ser consciente de esto y hacérselo entender a la opinión pública. Llegar a la otra orilla es una tarea ardua y el Presidente, y el país, apenas se acaban de echar al agua. -

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