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| 2/12/2011 12:00:00 AM

¡Qué Angelino!

Varios hechos muestran que el vicepresidente de la República se está convirtiendo en una 'piedra en el zapato' para el gobierno.

Hace diez años, durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana, Angelino Garzón, en su calidad de ministro de Trabajo, se convirtió en una 'piedra en el zapato' para las reformas laboral y pensional que en ese entonces Juan Carlos Echeverry, como director de Planeación, y Juan Manuel Santos, como ministro de Hacienda, pretendían sacar adelante.
 
El pulso, en ese entonces, quedó en tablas. Si bien esas reformas no lograron salir en la administración Pastrana, quedaron listas para que el gobierno de Uribe las incluyera en su primera legislatura y fueron el origen de la ley laboral 789 y pensional 797, consideradas dos de las grandes reformas que ha hecho el país en los últimos años.
 
Ahora parece estar repitiéndose la historia, con los mismos actores, pero en papeles diferentes. El rifirrafe que se presentó la semana pasada entre el vicepresidente Angelino Garzón y el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, por el 'articulito' que se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo para aumentar la edad de jubilación, es apenas una prueba de ello. Dos meses atrás, cuando se discutía el incremento del salario mínimo para 2011, mientras los empresarios proponían un incremento del 3 por ciento, posición que compartía el equipo técnico del gobierno, Angelino públicamente terciaba en el debate. "Personalmente manifiesto que el 3 por ciento de aumento es muy bajo y no es justo", decía.

En ambos casos, el vicepresidente, en apariencia, se ha salido con la suya. En el caso del salario mínimo le ayudó que la inflación, al terminar el año, resultó más alta de lo previsto, y el presidente Santos decidió subir el mínimo al 4 por ciento que proponía Angelino. Y en el caso de la edad de jubilación, el primer mandatario ordenó retirar el artículo del Plan, pero anunció que prepara un proyecto especial para aumentar la edad de jubilación a 62 años a las mujeres y 65 a los hombres, para ser radicado ante el Congreso de la República.
 
Más allá de los errores que haya podido cometer el equipo económico del gobierno —como tratar de incluir un artículo en el Plan de Desarrollo para que pasara de 'agache' en las discusiones del Congreso- el verdadero debate que se abre es el papel que está cumpliendo el vicepresidente Angelino Garzón.
 
El hecho de la semana pasada no tiene antecedente. No es usual que un vicepresidente, que por Constitución no tiene funciones distintas a las que le asigne el presidente de la República, termine siendo un funcionario determinante en las decisiones del Ejecutivo. Y menos si lo hace a través de los micrófonos de los medios de comunicación, como lo hizo Garzón: "Yo no creo en los asesores, ni en los consejeros que no advierten las dificultades, por eso públicamente lo digo y asumo la responsabilidad política como vicepresidente de la República, lo mejor que podemos hacer en el gobierno nacional es retirar este punto", le dijo a Caracol Radio.
 
Aunque Santos, después de este rifirrafe, les ordenó a los funcionarios no ventilar públicamente opiniones de carácter interno del gobierno, para muchos el tema no quedó cerrado. El vicepresidente, si bien dijo acatar el jalón de orejas, demostró que tiene vuelo propio, pues a renglón seguido afirmó que el gobierno no debe tomar unilateralmente decisiones tan sensibles como las relacionadas con las pensiones.
 
A eso se le suma que la tarea del vicepresidente, en estos seis primeros meses, no se ha limitado a su función de opinador. Experto, como es, en las lides de la política, está copando todo el espacio que le dejan abierto. En el Valle están convencidos de que fue Garzón el que puso como gobernador encargado a Francisco Lourido, y también dicen que debido a su influencia ante el gobierno nacional, las elecciones atípicas fueron suspendidas. Esa jugada le permitió limar asperezas con algunos sectores de la clase dirigente caleña, que entre pasillos concluye: "Entre Angelino y el PIN, preferimos al primero".
 
Así mismo, a diferencia del vicepresidente anterior, Francisco Santos, Angelino decidió tomarse la Comisión Nacional de Reparación y Rehabilitación. Y la manera como lo hizo ha dejado un mal sabor. Un día cualquiera anunció que asumiría la presidencia, que desde hacía cinco años estaba en cabeza de Eduardo Pizarro. Desde entonces se han escuchado todo tipo de voces que hablan del peligro de que la Comisión se clientelice, pues siendo un órgano plural, con una dirección de 13 miembros, que tomaban decisiones colegiadas, Garzón decidió suprimir los concursos y hace los nombramientos a dedo. Creó una coordinación en la que nombró a un exsubjefe de Catastro de Cali, por ejemplo, y en la seccional de Barranquilla nombró a un excompañero sindicalista, Rodolfo Hernández, que ya había estado en la regional del Atlántico, pero fue desvinculado por presuntas irregularidades. Hasta la comisionada Patricia Buriticá dijo que con la llegada del vicepresidente "se ha dado un cambio sustancial en lo político, pero uno muy negativo en lo administrativo".

En este momento tiene congelada la publicación del informe de Desmovilización, Desarme y Reintegración, porque quiere que sea revisado por el alto consejero para la Reinserción, desconociendo la naturaleza de la Cnrr, que es mixta, no una institución gubernamental. Y, además, ha prohibido el uso en los informes de términos tales como 'conflicto armado', 'crímenes de Estado' y paramilitares. Algunos miembros de la Cnrr están elaborando informes para poner al tanto de esta situación al Comité Internacional de Derechos Humanos.

¿A qué le está jugando Angelino?

"Él quiere convertirse en el interlocutor entre el gobierno y un amplio espectro de organizaciones de la sociedad civil y crear una fuerza política propia", dijo a SEMANA el director de la fundación Nuevo Arco Iris, León Valencia, quien ha conocido los intríngulis de la trayectoria política del vicepresidente desde hace décadas. Valencia dice que Garzón quiere liderar lo que él llama "la izquierda social", que es diez veces más fuerte y vigorosa que la izquierda política: "Es esa plataforma donde se aglutinan las ONG de derechos humanos y la Iglesia, con gran influencia en la opinión nacional e internacional y con una vasta red de organizaciones".

Si es cierto que Angelino Garzón está creando una fuerza política propia, en un país de susceptibilidades como Colombia, ya hay quienes piensan que el vice está preparando una candidatura presidencial. Pero esa hipótesis es prematura, y dentro de cuatro años, o tal vez ocho, puede ser absurda.

Sin duda, no sería nada extraño para él, que ha hecho toda una carrera política, desde dirigente sindical y miembro de movimientos de izquierda como la UP y el M-19, hasta miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, gobernador, ministro de Trabajo del gobierno de Pastrana y embajador en Viena del gobierno de Uribe.

Por ahora, las cosas parecen estarle funcionando. Una semana después de su viaje a Estados Unidos, el presidente Obama dijo que "mantenía su interés en insistir en un acuerdo económico con Colombia y Panamá". La mediación de Angelino fue crucial en el reciente pleito laboral en la mina de carbón El Cerrejón, donde no solo alejó el fantasma de una huelga, sino que llegó a un acuerdo de incrementar en 6,5 por ciento los salarios para 5.000 trabajadores. Y en la polémica desatada por el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, al criticar los excesos de los bancos en el cobro de sus servicios, Garzón también intervino al proponer que esas tarifas se carguen en cuotas fijas mensuales.

Van solo seis meses de gobierno y no cabe duda de que Angelino será un vicepresidente que dará para hablar. En el corto plazo, lo que se verá es cómo resuelve el presidente Santos estas fisuras que comienzan a surgir en su gabinete. Y en el largo, no sería extraño ver a Garzón como una de las cartas a la Presidencia en 2014.
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