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| 2/2/2006 12:00:00 AM

¡Qué buena fiesta!

Cartagena comprobó que era un lugar idóneo para ser la sede del Hay Festival. Durante los cuatro días, el lema se cumplió: hubo ideas, literatura, música y fiesta.

Esta charla hará un antes y un después en este festival", dijo el caricaturista y escritor argentino Roberto Fontanarrosa con su conocida ironía, cuando recibió la palabra de Daniel Samper Pizano en la tertulia sobre Literatura y humor que se llevó a cabo el viernes en la mañana. Y, en parte, era cierto. Si el jueves el Teatro Heredia había estado a reventar y las colas para adquirir las entradas para el evento de la tarde llegaban casi hasta la muralla, lo del viernes a las 11:30 de la mañana fue el momento más memorable del evento. No se entendía de dónde salía tanta gente, pues el día anterior el teatro estaba a tope. Sin embargo, esa mañana se multiplicaron las cabezas que se asomaban por los tres niveles de palcos del teatro. En el primer piso, los asientos estaban todos ocupados y varias personas que habían logrado que los dejaran entrar estaban recostadas contra las paredes. La gente había asistido en búsqueda de sentido del humor y lo encontró: no tiene sentido. Quedaba ratificado que para conquistar al público de este festival había que reírse y olvidar la solemnidad.

Al final de las conversaciones del jueves, primer día del evento, la gente no paraba de hablar sobre lo maravilloso que habían sido Enrique Villa-Matas y Hanif Kureishi. El primero hizo parte de la conversación '¿Para qué se escribe

', y conquistó con apuntes sarcásticos a los asistentes de un teatro que nunca dejó de estar lleno, y adonde los organizadores decidieron trasladar la mayoría de los eventos programados en el claustro de Santo Domingo por el reducido espacio. Vila Matas dijo que había leído que García Márquez solía escribir descalzo, pero que él se sentía incapaz de hacerlo. "¿Será que eso se debe a que yo no nací en Aracataca?", preguntó.

Por su parte, Kureishi, cuyas respuestas siempre estuvieron cargadas de esa ironía inglesa tan particular, también hizo soltar varias carcajadas al público que quedó encantado con este escritor que es una mezcla entre paquistaní e inglés, entre estrella de rock y vecino del barrio. "He is the boss", dijo refiriéndose a García Márquez, cuando Marianne Ponsford, su interlocutora, le hizo saber que él estaba en desacuerdo con el Nobel al opinar que la literatura y el periodismo pertenecían a mundos diferentes. "El periodismo pertenece al mundo exterior, y la escritura, al mundo interior", dijo Kureishi.

Al cierre de esta edición, Gabriel García Márquez sólo se había hecho presente en la junta del Instituto Caro y Cuervo. Aunque no había asistido a ningún acto oficial del evento, su presencia se sentía en la ciudad.

Al salir de la charla, el autor de El buda de los suburbios se fue caminando junto a varias personas hasta el patio del claustro de Santo Domingo, donde el grupo de Antonio Arnedo y el grupo ganador del Festival Bat realizaban un concierto abierto al público. En los corredores del claustro se mezclaban público, autores, organizadores y periodistas. Todo el mundo iba tan informal, que apenas se lograba saber quién era quién por la escarapela de identificación. Y es que si hay algo que ha caracterizado este festival es la informalidad.

Por ejemplo, el jueves, mientras que decenas de personas tanto de Cartagena como llegados de otra partes del país (Bogotá, Medellín, Ibagué, Armenia, Cereté…) hacían fila frente al Teatro Heredia para conseguir una entrada para las primeras sesiones del Hay Festival y muchas personas preparaban sus cámaras a la caza de cualquier persona que les pareciera que podía ser un escritor, un señor de mediana estatura, vestido de bermudas y camisa de manga corta, se fumaba un cigarrillo en la acera del frente. Era el escritor español Javier Cercas, al que nadie prestaba atención. A la salida, el poeta inglés Owen Sheers se confundía entre los estudiantes. Sheers, de bermudas y camiseta, le tomaba fotos a su novia con el teatro de fondo. Y por las noches fueron muchos los cartageneros y visitantes que terminaron compartiendo mesa y bailando salsa con los invitados.

Aunque al comienzo estaba abierto el interrogante sobre si en Cartagena el Festival iba a lograr ese ambiente relajado que lo caracteriza en País de Gales, la duda quedó despejada desde cuando comenzó el evento. Las recepciones de los hoteles donde se hospedaban los autores no sólo se convirtieron en espacios donde los escritores compartían mesa entre ellos, sino que también fueron lugares propicios para que la gente los abordara y les preguntara lo que quisiera. Las calles que circundaban a las dos edificaciones en las que se desarrollaba el festival estaban llenas de gente que iba y venía con sus libros y programas del festival en la mano. Las librerías siempre estuvieron llenas. Cada vez que se finalizaba una charla, la gente salía a comprar los libros de los autores que acababan de escuchar: hasta el cierre de esta edición, los más vendidos eran Kureishi, Vila- Matas, Cercas y Vikram Seth.

Peter Florence, creador de este Festival hace ya más de 15 años, caminaba feliz por todas partes. Había traído su Hay hasta esta ciudad del Caribe y todo resultó un éxito. Lo comprobó caminando por las calles de la ciudad amurallada: Cartagena es un lugar ideal para este Festival y el público respondió de maravilla. Y por ese motivo, el año entrante se repetirá. n
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