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| 1/31/2009 12:00:00 AM

¿Qué buscan con los petardos?

La bomba en el norte de Bogotá hace parte de un plan de extorsiones entre las Farc y la delincuencia que ya lleva 30 petardos en el último año.

TENÍAN QUE MORIR CARLOS Romero y Diana Mora para que las autoridades tomaran medidas sobre algo que viene atormentando a la capital desde hace más de un año. El humilde celador y la ingeniera fueron las víctimas del atentado terrorista contra el almacén de alquiler de videos Blockbuster ubicado en la carrera novena con calle 82, en el norte de Bogotá, el pasado martes 27 de enero. Aunque no han sido las únicas víctimas del terrorismo en el último año, la magnitud del atentando -y el que haya ocurrido en una de las zonas más exclusivas y transitadas de la capital- generó una gran reacción por parte de la ciudadanía y las autoridades locales y nacionales.

Tras el embate de terror, el gobierno nacional y la Alcaldía mayor anunciaron un paquete de medidas extraordinarias para contener este tipo de atentados. Conformación de grupos especiales por parte de todos los organismos de inteligencia, refuerzos en el pie de fuerza de policías y una red de recompensas fueron algunos de los anuncios hechos después del ataque.

Aunque esas medidas son importantes, lo que resulta cuestionable es la tardanza con la que se tomaron esas determinaciones por parte de la Alcaldía y la Policía, pues las señales de alerta comenzaron mucho antes del ataque contra Blockbuster de la semana anterior.

Tan sólo en los últimos 12 meses Bogotá ha sufrido más de 30 ataques terroristas en diferentes lugares de la ciudad (ver recuadro). El vigilante Romero y la ingeniera Mora no fueron las primeras víctimas de esos actos. En junio y octubre del año pasado otros dos ciudadanos murieron como consecuencia de explosiones y en el último año más 30 personas han resultado heridas como resultado de esos actos de terror.

Apenas la semana pasada las autoridades reconocieron públicamente el grave problema que viene enfrentando la ciudad con una oleada de extorsiones por parte de la guerrilla. Aunque la cadena de atentados, uno cada dos semanas en promedio, lleva un año, sólo la semana pasada la alcaldía aceptó y reconoció que las Farc estaban detrás de los ataques terroristas.

Los ataques no han sido indiscriminados y, por el contrario, los blancos evidencian el plan extorsivo de las Farc. La cadena Blockbuster ha sido víctima de tres ataques. Grandes almacenes de cadena como Éxito y Carrefour también fueron objeto de artefactos explosivos. Compañías transportadoras como Panamericana perdieron seis busetas que fueron incineradas. Otras empresas más pequeñas, como constructores, servitecas y hasta un almacén de textiles y otro de venta de carnes también padecieron los efectos del terrorismo (ver recuadro).

Aunque tanto la Policía como los militares y el DAS, entre otros, tenían información que demostraba que los planes terroristas eran obra del grupo subversivo, la politización del tema de la seguridad en la capital hizo que el asunto se fuera dilatando sin llegar a un consenso sobre lo que había que hacer. Así pasó un año y 30 atentados, hasta la semana pasada, cuando finalmente todos se pusieron de acuerdo para adoptar correctivos.



Todo por la plata

Lo cierto del caso es que esa oleada de ataques tiene como principales responsables a las Farc. Parte de las razones que han llevado a facciones de la guerrilla a lanzar esa ofensiva sobre la capital se debe a tratar de buscar una salida, por medio de la extorsión, a la precaria situación económica de una de las principales estructuras de ese grupo conocida como el Bloque Oriental, el cual agrupa varios frentes bajo las órdenes de Jorge Briceño, alias 'Mono Jojoy'.

La ofensiva que desde hace varios años viene adelantando el Ejército contra los hombres de 'Jojoy' en todo el oriente del país ha conseguido romper las líneas de comunicación y abastecimiento entre el bloque y los frentes. Desde hace más de dos años algunos de esos frentes dejaron de recibir el dinero, entre otras cosas, enviado por 'Jojoy' para el funcionamiento de esas estructuras armadas. Algunos de los más afectados son los frentes 51 y 53, que actúan en Cundinamarca, muy cerca de Bogotá, y las milicias de Antonio Nariño, que actúan en la capital.

Los atentados registrados en la capital no hacen parte de una estrategia de la guerrilla para mostrar fortaleza o un medio por el cual pretendan evidenciar que, a pesar de los duros golpes recibidos, están 'vivas' y pueden hacer daño y desestabilizar.

Tampoco se trata de un plan estructurado para poner en jaque a la capital o una estratagema para evidenciar la debilidad de la política de seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe al golpear en el corazón de la República. Una prueba de ello es que de los 30 atentados del último año, 26 de los objetivos de la subversión fueron comerciantes, locales o empresas de transporte. Lo que están haciendo las Farc en Bogotá es simplemente acudir a una táctica propia de la delincuencia común, como es acudir a la extorsión, con el fin de buscar recursos que les permitan sobrevivir. Acudir a ese delito es una estrategia relativamente efectiva para la guerrilla.

La extorsión es uno de los delitos más difíciles de combatir y, a la vez, una de las modalidades que menos infraestructura requieren. A diferencia de los secuestros, que en el pasado constituyeron uno de los grandes rubros de ingresos de las Farc, una extorsión es realizada por muy pocas personas y no requiere planeación y logística compleja como los secuestros.

Panfletos amenazantes y llamadas intimidatorias son suficientes en muchos casos para conseguir el pago de una extorsión. A eso se suma el hecho de que la mayoría de las víctimas no denuncia los casos a pesar de que las estadísticas demuestran que cuando se denuncia hay excelentes resultados por parte de las autoridades. Nueve de cada 10 casos denunciados ante el Gaula de la Policía terminan con la captura de los extorsionistas.

Esa falta de colaboración por parte de las víctimas ha sido una de las causas que han facilitado el incremento de la extorsión. "En el último año nos hemos encontrado con casos en Bogotá en los cuales grandes almacenes de cadena venían siendo extorsionados desde hacía muchos meses, pero sólo contaron cuando les pusieron una bomba porque se negaron a seguir pagando o porque se atrasaron en hacerlo. Esa actitud de ocultar el problema no sólo es exclusiva de grandes cadenas y eso dificulta dar con los responsables", afirma un oficial del Gaula.

SEMANA conoció que a finales de 2007, siguiendo instrucciones de 'Jojoy', los frentes 51, 53 y las milicias de la 'Antonio Nariño' que operan en Bogotá, recibieron instrucciones de elaborar un listado del cual hacen parte más de 100 empresas en la capital, para ser extorsionadas. Muchas de ellas ya han sido víctimas de petardos en el último año. Para efectuar las llamadas intimidatorias y recibir los pagos, los guerrilleros se han aliado con bandas de delincuentes comunes especializados en extorsión, con los cuales comparten el botín.

Lo importante con esta ofensiva delictiva, aparte del hecho de que las autoridades finalmente hayan reconocido lo que está ocurriendo, es que la ciudadanía tome conciencia de lo que está pasando. No se trata de una escalada guerrillera para sembrar pánico -aunque lo logra-, como sí ocurrió en el pasado. Se trata de un fenómeno delincuencial con fines económicos orquestado, en muchos de los casos, por las Farc. Y es por eso que, aparte de la efectiva acción de los organismos de seguridad, la denuncia de los ciudadanos es clave para poder detener estos actos terroristas.
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