Jueves, 30 de octubre de 2014

| 2010/01/23 00:00

Qué hay detrás del magnicidio

La versión de 'Rasguño' de que Serpa y Samper tuvieron algo que ver en el asesinato de Álvaro Gómez no convence.

El asesinato de Álvaro Gómez Hurtado es otro de los magnicidios que nunca se han podido resolver en Colombia y que por estos días han vuelto a resucitar en los estrados judiciales. Esta vez con un condimento explosivo: un capo del cartel del norte del Valle dijo en la Corte Federal de Washington que al líder conservador lo mató la mafia a pedido del presidente Ernesto Samper y del ministro Horacio Serpa.

El testimonio de 'Rasguño', revelado por La FM de RCN, como era de esperarse por la estatura política de los implicados, cayó como una bomba en la opinión. Hasta ahora ninguna autoridad judicial había manejado esa hipótesis del asesinato. Los nombres de Samper y Serpa sólo se empezaron a poner en tela de juicio en este caso hace seis meses con la declaración dada por el ex ministro Fernando Botero, quien calificó lo ocurrido como un "crimen de Estado".

Durante los últimos 14 años -después del asesinato el 2 de noviembre de 1995- las pesquisas se habían enfocado en varios militares, pero no terminaron en nada. La justicia no tiene ninguna idea de los autores intelectuales ni de las motivaciones del magnicidio. La línea de investigación que más avanzó fue el caso contra el coronel Bernardo Ruiz Silva, el entonces comandante de la controvertida Brigada XX del Ejército. Tres testigos aseguraron que el homicidio había sido cometido por un grupo de inteligencia denominado 'Cazadores' del cual él era el jefe. Por esto fue llamado a juicio, pero los testigos se retractaron y fue absuelto en 2001. Desde entonces el proceso se estancó y hoy sólo queda un expediente de 52.000 folios y un condenado como autor material del crimen, Héctor Paúl Flórez Martínez, un delincuente común de Sincelejo que nunca ha dejado claro para quién trabajaba.

La declaración de 'Rasguño' acaba de descongelar la investigación. El corazón de su testimonio de más de 10 horas es el relato de una acalorada reunión de la que fue testigo a comienzos de 1996. En ella estuvieron el jefe paramilitar Carlos Castaño; el máximo cabecilla del cartel de norte del Valle, Orlando Henao -conocido como el 'hombre del overol'- y el narcotraficante 'Don Efra'. Los tres hoy están muertos. "Fuimos a una finca que se llama Cinco Tres, en Tierralta (Córdoba), la finca era de Carlos. Hay una discusión muy fuerte entre Orlando y Carlos Castaño por lo de Álvaro Gómez. Me paro y me abro un poquitico, pero me quedo ahí pendiente y yo digo nos van a matar, porque la discusión es fuerte. Orlando era también muy grosero y Carlos le decía que ellos no tenían por qué haber matado a Álvaro Gómez y más por proteger a un bandido como Samper".

La discusión se zanjó, según 'Rasguño', gracias a que Henao sacó un buen fajo de billetes y se lo dio a Castaño. Cuando salieron del lugar, 'Rasguño' le pidió explicaciones al 'hombre del overol' y este le respondió: "Hermano, lo que pasa es que el doctor Álvaro Gómez estaba ambientando un golpe de Estado dentro de los militares y los grandes ricos de Bogotá. Entonces el Doctor, el 'Gordo' (el Gordo es Samper) y Horacio (porque él le decía Horacio) mandan la razón de que hagamos lo que sea para parar a Álvaro Gómez porque si hay un golpe militar, van a coger y a extraditar a todo mundo". Y concluye: "Tratamos por todos los medios de buscar al doctor Álvaro para que se quedara quieto y ese hombre es muy jodido, no quiso recibir plata, ni quiso recibir a nadie. Entonces nosotros vimos que la única forma de acallarlo era matarlo y tomamos la decisión de matarlo".

A pesar de lo minucioso del relato, hay que decir que la declaración de 'Rasguño' tiene tanto de ancho como de largo. En primer lugar, revela que el cartel del norte del Valle tuvo que ver con ese oscuro episodio. Se trata del grupo criminal que se volvió famoso el año pasado por la serie de televisión de Caracol El Cartel. Y que el hombre clave dentro del operativo fue el ex policía Danilo González, el tenebroso personaje que pasó de ser el héroe de la guerra contra Escobar y contra los Rodríguez a ser el jefe de seguridad de 'Rasguño' y de 'Jabón'. El ex policía ya había salido a relucir no como autor, sino como "cerebro" del magnicidio, en una carta que Carlos Castaño escribió en 2002 y que fue descubierta hace apenas un año, cuando otro jefe paramilitar, 'H.H.', entregó a la Fiscalía una memoria portátil, más conocida como el 'testamento de Castaño'. El hecho de que se tratara de una carta privada, escrita en 2002 y sin ningún interés de manipular una historia en un libro o ante un juez, le da credibilidad a la versión de que Danilo González fue el hombre clave.

El cartel del norte del Valle, para la época del magnicidio, pasaba por su mejor momento. Su socio, el cartel de Cali, había sido prácticamente desmantelado entre enero y agosto de 1995, con lo cual el negocio del narcotráfico quedó en sus manos. El 'Padrino' de este grupo era el temible Orlando Henao, el 'hombre del overol', a quien Miguel Rodríguez describió como más peligroso que Pablo Escobar.

El golpe de Estado
El segundo punto que queda claro de la declaración de 'Rasguño' es que el supuesto golpe de Estado que se estaba fraguando contra Ernesto Samper tuvo algo que ver en este magnicidio. La primera noticia que el país tuvo del golpe se dio en agosto de 1996; el embajador de Estados Unidos, Myles Frechette, dejó caer como sin querer queriendo una bomba en una entrevista de televisión: "Varios civiles se acercaron a mí en agosto de 1995 para sugerir un golpe de Estado, un pequeño golpe, y en ese momento yo les dije a ellos que de ninguna manera, que se olvidaran". El embajador no quiso dar nombres ni detalles.

Con el tiempo se llegó a saber que desde abril de 1995, cuando la Fiscalía abrió formalmente el proceso 8.000, un pequeño grupo de oficiales se reunió en secreto en Residencias Tequendama y repitió la dosis en los meses siguientes, en distintos lugares y con civiles abordo. Luego, en agosto, cuando se publicó la indagatoria de Santiago Medina, en la que el tesorero de la campaña confirmaba que la candidatura presidencial había sido financiada por la mafia, el inconformismo creció.

En octubre de 1998 agentes del CTI de la Fiscalía encontraron en poder del político quindiano Romel Hurtado García la 'prueba reina' del golpe de Estado. En la caja fuerte tenía un texto titulado 'Acto de Poder Constituyente', considerado como manifiesto del golpe, y un informe de una de las reuniones, en el Hotel Casa Medina, a la que se denominó "el almuerzo de la conspiración". La reunión tuvo lugar el 10 de agosto de 1995, es decir, el mismo mes en el que se acercaron a proponerle el golpe de Estado a Frechette y en el que los conspiradores llevaron a Álvaro Gómez a una finca de recreo en las afueras de Bogotá para invitarlo a ser parte del golpe.

¿Por qué habla ahora?
Existen varios elementos que llevan a pensar que el testimonio de 'Rasguño' se debe tomar con beneficio de inventario. Sobre este caso, el de Álvaro Gómez, curiosamente había dicho algo muy distinto en una entrevista que concedió a SEMANA. No hablaba ni del tema del golpe de Estado ni le echaba la culpa a Samper. ¿Pero fue una muerte política o fue la mafia? se le preguntó. Y él respondió. "Eso fue una revoltura". ¿Cómo así? "Lo único que le puedo decir es que fue un amigo cercano que se creía un político importante y quiso con eso tenderle un manto al proceso 8.000 para ayudarles a algunos políticos comprometidos en el escándalo. Yo siempre sostuve que eso fue un error. El país perdió demasiado".

Y esta falta de concordancia entre una y otra declaración tiene una explicación. Durante los casi tres años que permaneció en prisión en Cuba, desde 2004, cuando fue capturado por llevar consigo un pasaporte falso, 'Rasguño' siempre estuvo desesperado por volver a Colombia y ser extraditado. La razón era simple: la mayoría de sus lugartenientes terminó en Estados Unidos y empezaron a contar con lujo de detalles todo lo que sabían sobre socios y rutas, para lograr una rebaja en sus condenas. De manera que a él ya no le quedaba mucha información exclusiva para negociar con la justicia de ese país.

Durante 2008 y 2009 'Rasguño' habló con fiscales y todo tipo de autoridades en Estados Unidos. Pero le pasó lo que temía: lo que estaba contando ya lo habían contado otros narcos. Durante meses puso a familiares, amigos y abogados en Colombia a ayudarle a conseguir datos sobre temas que él no tenía claros pero sobre los que iba a hablar con la esperanza de tener algún beneficio. El primer intento de esa estrategia lo consolidó en septiembre del año pasado y aprovechando que se cumplían 20 años de la bomba del avión de Avianca salió con explosivas declaraciones. Dijo, entre otras cosas, que tenía datos sobre ese acto en el que murieron tres ciudadanos estadounidenses.

Pero su testimonio, con el paso de los días, se fue derrumbando. El ex capo dijo que pagó un soborno para desviar la investigación sobre el atentado narcoterrorista. Las personas que mencionó lo desmintieron con argumentos contundentes. Y quedó abierto un interrogante que no pudo responder: ¿Por qué 'Rasguño' querría desviar una investigación contra el que en ese momento era su más feroz enemigo, Pablo Escobar?

Algo similar está pasando con el tema de Álvaro Gómez, que revivió hace una semana gracias a otra declaración de 'Rasguño'. En julio del año pasado, desde la prisión en Estados Unidos, 'Rasguño' buscó a varias personas en Colombia para que le ayudaran a recolectar datos sobre el magnicidio. SEMANA habló con dos de ellas y confirmaron que en julio, agosto y noviembre de 2009 un enviado y familiares suyos en el país estuvieron buscando datos y personas con ese fin.

El testimonio de 'Rasguño' no fue el único contra Samper y Serpa. En junio del año anterior, el ex ministro de Defensa Fernando Botero también insinuó que el crimen de Gómez en el fondo era un crimen de Estado. Su argumentación se basa en que, según él, en medio de la crisis del proceso 8.000, la prioridad del gobierno era cambiar la agenda periodística para que se hablara de otra cosa. Botero dijo que se llegó a diseñar un documento donde se barajaron diferentes propuestas para distraer a la opinión pública. En esta lista estaban la desmilitarización de una zona para negociar con las Farc, hablarle a Venezuela con tono duro sobre el diferendo limítrofe o hacer algo parecido con el disputado territorio marítimo con Nicaragua. Su conclusión es que como el asesinato efectivamente distrajo a la opinión pública, no era de descartarse que la mano del gobierno estuviera detrás.

Botero reconoce, sin embargo, que no tiene pruebas sino simplemente deducciones. Tal vez por esto sus denuncias no cobraron mucha fuerza, pues es de conocimiento público que detesta a Ernesto Samper desde el proceso 8.000 y aprovecha cualquier oportunidad para ponerle banderillas. Otro elemento que debilita su testimonio es que una denuncia de esa magnitud no se puede sacar del cubilete 14 años después de los hechos.

La desafortunada coincidencia de dos testimonios en su contra, por sospechosos que sean, deja en el ambiente un mal sabor alrededor del binomio Samper-Serpa. Los antisamperistas siempre han creído que el hoy ex presidente es capaz de cualquier cosa. Según el raciocinio de estos: "Si resultó verdad que recibieron la plata de los narcos, ¿por qué va a ser mentira el resto?". Pero la verdad es que no existe una sola persona en Colombia que conozca a Ernesto Samper o a Horacio Serpa que considere por un momento posible que alguno de ellos pudiera tener vínculo de algún tipo con el asesinato de Álvaro Gómez. Una cosa es decir "hagan lo que quieran mientras yo no me entere" sobre una financiación non sancta y otra cosa es ser autor intelectual de uno de los magnicidios más importantes del siglo XX.

Las versiones según las cuales los narcos estarían haciéndole un favor a Samper matando a Gómez, sin la autorización del Presidente, también desafían la credibilidad. Nadie monta todo el operativo que requiere un magnicidio para hacerle un favor a un tercero sin que este se entere. Las personas que mataron a Gómez no lo mataron para defender los intereses de Ernesto Samper, sino sus propios intereses.

Es indudable que esa muerte tuvo alguna relación con un supuesto golpe de Estado que se estaba fraguando. El golpe no era ni muy serio ni muy viable. Sus protagonistas visibles eran más conspiradores de café que los grandes poderes del país. El propio embajador de Estados Unidos de entonces en Colombia, Myles Frechette, reconoció que había sido abordado por los golpistas para tantear cuál sería la posición de su gobierno al respecto. Su respuesta fue categóricamente en contra. La mayoría de los medios de comunicación del país consideraba que Samper debía renunciar o ser destituido de su cargo, pero por las vías institucionales y definitivamente no por las de hecho. Los tres grandes grupos económicos, Santo Domingo, Ardila y Sarmiento, eran conscientes de la narcofinanciación, pero la consideraban más una metida de pata electoral que un pecado mortal que condenaba automáticamente al gobierno al colapso. Tenían cercanía y amistad de toda la vida con Samper y con Serpa y para ellos lo sucedido era más un acto de corrupción política que de corrupción personal. El Sindicato Antioqueño tenía una visión menos benévola pero definitivamente no golpista. Los militares tuvieron muchas presiones, y probablemente tentaciones, pero en todo caso golpe no dieron. Los gobiernos no se caen cuando hay amas de casa indignadas, y un puñado de valientes y críticos columnistas de opinión sino cuando los dueños del país toman la decisión. Y eso en todo caso no pasó.

Sin embargo, aunque no hubo golpe, sí hubo movimientos preliminares del mismo. Álvaro Gómez fue invitado a algunas reuniones sobre el tema y llegó a ser considerado la posible cabeza de un gobierno civil que reemplazaría al depuesto. En un borrador de programa de gobierno preparado para esa eventualidad se mencionaba como primer punto el restablecimiento de la extradición y el envío inmediato a Estados Unidos de todos los narcotraficantes. Por esa combinación de factores fue que perdió la vida Álvaro Gómez Hurtado. Ese crimen, todo lleva a pensar que fue cometido por el cartel del norte del Valle en combinación con esas fuerzas oscuras que siempre existen en los organismos de inteligencia. Ese tipo de tenebrosas alianzas ha quedado demostrado con el escándalo del DAS, el asesinato de Pizarro, el de Galán y el de Bernardo Jaramillo.

Ernesto Samper asegura que a Gómez lo mataron porque después de escuchar a los golpistas decidió no participar en la conspiración. Si ese fuera el caso, lo mataron para que no los denunciara. Sin embargo, no todo el mundo coincide con la interpretación del ex presidente. Gómez era un foco de oposición prestigioso y pudo haber estado tentado a meterse en esa aventura. En ese orden de ideas, los narcotraficantes lo habrían asesinado para neutralizar la posibilidad de su extradición en la eventualidad de que llegara al poder. Pretender que esto sucedió por iniciativa de Ernesto Samper y de Horacio Serpa es un invento de personas que buscan sacarse un clavo o lograr rebajas con la justicia norteamericana.

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