Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/10/08 00:00

¿QUE DIABLOS ES EL DIALOGO NACIONAL?

Consultando diferentes fuentes, SEMANA intentó encontrar una respuesta

¿QUE DIABLOS ES EL DIALOGO NACIONAL?

El futuro de Colombia depende de algo llamado "Diálogo Nacional", y sin embargo, pocas personas, o prácticamente ninguna parece tener una idea concreta sobre qué significan esas dos palabras. La expresión "Diálogo Nacional" fue una invención de Jaime Bateman, el malogrado comandante del M-19 considerado unánimemente como un mago de la publicidad, como un genio en el manejo de imagen. Bateman, con esa rara habilidad política que lo caracterizaba, logró establecer en esa expresión un equilibrio entre lo abstracto y lo concreto, hasta el punto de que el "Diálogo Nacional" se convirtió en un slogan llamativo en su momento. El problema le quedó a sus herederos que hoy tienen que asumirlo como una realidad, preguntándose qué diablos significan ese par de palabras abstractas.
La primera vez que se habló de diálogo nacional en el país fue en abril de 1980, cuando el M-19 secuestró al periodista Germán Castro Caicedo. En una extensa entrevista profusamente difundida, Bateman propuso la expresión. Pero fue a raíz de otra entrevista en 1981, con Juan Guillermo Ríos, cuando la organización guerrillera oficializó este concepto, al enviar una carta al Presidente de la República, en la que proponía la realización del diálogo nacional.
Tras la firma del cese al fuego con las FARC, sus comandantes solamente pidieron al gobierno que presentara iniciativas al Congreso en torno a las reformas políticas que solicitaban. El M-19 criticó a las FARC arguyendo que la guerrilla de Manuel Marulanda había pactado "de espaldas al pueblo", y exhibió, en contraste, la bandera del "Diálogo Nacional", como la mejor forma de hacer participar a este pueblo en el proceso de la paz. Hoy hay que reconocer que el sólo hecho de que el concepto de diálogo esté flotando en el ambiente es un triunfo del M-19, que nuevamente se salió con la suya en materia de publicidad para sus ideas.
Lo que es curioso, no obstante, es que ni siquiera el movimiento que se inventó la fórmula del diálogo ha podido dar una explicación satisfactoria de su real significado y de sus mecanismos. Así las cosas, los observadores han tenido que remitirse al expediente de la buena fe de las dos partes firmantes del pacto. Y otros sectores, amparados en el carácter gaseoso de la propuesta han salvado de una vez sus responsabilidades en la misma, como lo hizo el Presidente del Senado, José Name Terán, cuando recientemente excusó la participación de su corporación en el diálogo hasta tanto no se aclare la índole del mismo.
En medio de esta confusión, SEMANA ha tratado de darle cuerpo a estas dos palabras, consultando fuentes de todas las partes interesadas en el proceso de la paz.
LO QUE SE PACTO
Para la Comisión de Negociación y Diálogo, que enfrentó en toda su extensión este proceso, la vaguedad del concepto "Diálogo Nacional" se debe a que el país no ha leído el texto de los acuerdos de paz. "Lo importante es lo que pactamos y no lo que se rumora", afirmó a SEMANA el Presidente de esa comisión, John Agudelo Rios. El "Gran Diálogo Nacional" quedó pactado como "parte esencial" del acuerdo de cese al fuego con el M-19 y el EPL, al que adhirió el ADO. El debate político quedó circunscrito a diez temas centrales sobre los que se piden reformas y que corresponden a los campos constitucional, agrario, laboral, urbano, justicia, educación, universidad, salud, servicios públicos y régimen de desarrollo económico. En el último párrafo el acuerdo especifica que su entrada en plena vigencia se dará apenas con la "iniciación" de las políticas y actitudes incluídas en el diálogo nacional. De manera que el compromiso del gobierno no es el de garantizar la aprobación de las reformas, sino, como se dice en otra parte del acuerdo, el de "estudiar y sentar las bases" de esas reformas. "Los guerrilleros mismos están de acuerdo --explica Agudelo Ríos--en que no pretenden que los partidos tradicionales les hagan sus programas, porque eso los liquidaría a ellos mismos. Lo que piden es que puedan opinar, que se les tenga en cuenta, que puedan seguir dando la batalla por lo que creen".
Para preparar, vigilar y coordinar el dialogo, será creada una Comisión de Diálogo, integrada por representantes del gobierno, de las viejas Comisiones de Paz, de Negociación y Diálogo y de Verificación, y de los distintos movimientos guerrilleros firmantes de la paz. El acuerdo contempló la creación de "mecanismos que faciliten la participación", los cuales estarán conformados básicamente por diez grupos de trabajo o mesas redondas, uno por cada tema del diálogo. Estas mesas, nombradas y organizadas por la Comisión de Diálogo tendrán cada una de 14 a 18 personas, con un moderador éstablecido también por la Comisión.
Tendrán facultad para oír a todos los ciudadanos que quieran participar en el campo específico de cada una y se trasladarán, para este efecto, a cualquier región del pais donde se necesite. Las mesas estarán establecidas para que comiencen a trabajar a más tardar a fines de este mes.
Como es de esperar, habrá acuerdos y desacuerdos sobre cada tema. Los acuerdos se le mandarán al gobierno y éste los trasladará al Congreso en la forma en que lo estime conveniente. "El Diálogo Nacional será como un banco de datos y de ideas al servicio del Congreso, para que éste en su soberanía resuelva lo que quiera", explica Agudelo Ríos, y añade: "Los guerrilleros no son idiotas, comprendieron que no podíamos pactar por un tércero, el Congreso. Tampoco el gobierno está obligado a aceptar las tesis de ningún grupo, de la misma manera que el Ejecutivo no acepta en forma obligatoria las tesis de la ANDI o de Fenalco."
El diálogo no tiene un plazo preestablecido, pero de igual forma como se delimitó al número de diez la infinita cantidad de temas posibles, se considera necesario limitar en el tiempo el diálogo. Así lo expresa el presidente de la Comisión de Negociación: "La guerrilla tiene que racionalizar el diálogo para que dé resultados. Este no puede ser abierto indefinidamente porque se convertiría en una sintonía inconclusa".
EL DIALOGO EN CALIENTE
Una cosa es lo que está pactado en el documento del cese al fuego y otra lo que cada grupo guerrillero piensa hacer dentro de ese gran marco general. Las FARC, por ejemplo, no se han mostrado muy interesadas en el diálogo, aunque es muy probable que participen. Su preocupación está concentrada casi que exclusivamente en las reformas a las instituciones políticas, con el agregado de la reforma agraria. En realidad sucede que las FARC se identifican con un programa político ya establecido, que es el del Partido Comunista, a diferencia del M-19, cuyo programa de acción está en formación.
La propuesta del EPL consiste en proponer una Asamblea Nacional Constituyente, como instancia última que recoja los frutos del diálogo, y como instrumento superior o forma mas alta de democracia, por medio de la cual el pueblo sería el auténtico y verdadero legislador. La Asamblea le permitiría al pueblo ejercer aquellos derechos sobre los cuales va a hablar en el diálogo. El M-19, por el contrario, opina que la Constituyente no es conveniente, porque equivaldría a "casarle la pelea al Congreso".
Subraya que la forma jurídica concreta en que termine el diálogo no importa mucho, y en cambio destaca la necesidad de que ese diálogo sea eficaz.
¿Cómo entiende el M-19 la eficacia del diálogo? En conversación con SEMANA el cuarto comandante de ese movimiento, Antonio Navarro Wolf, explicó que "el diálogo es eficaz cuando es extrainstitucional", y puso como ejemplo los paros civicos, las protestas y las acciones de presión que han permitido conquistas populares, como las de los indígenas del Cauca, que en 10 años han recuperado 40.000 hectáreas y las tienen adecuadamente explotadas. "Y lo han hecho --subrayó--, a garrote". El M-19 parte de que "en este país para conseguir las cosas hay que pelear y por eso el diálogo debe hacerse en caliente, no sólo en frío". A pesar de que dejaron las armas, continúan con el presupuesto de que "la lucha contra la oligarquía no la pararemos nunca". Y en consecuencia, anuncian que una parte de sus comandantes y de sus fuerzas permanecerán en el monte, de donde bajarán poco a poco, según como vaya evolucionando el proceso de la paz. Invocan a su favor la buena voluntad con que han asumido la tregua: "¿A quién le pueden pedir más honestidad que a los que estamos ahora exponiendo la vida en la legalidad de las ciudades?", pregunta Navarro Wolf.
Para estos primeros proponentes del "Diálogo Nacional" sus mecanismos principales serán el cabildo abierto, la asamblea popular por barrio, por vereda, por sindicato. Del diálogo saldrá un paquete de acuerdos y propuestas. Lo comparan con "un gran globo que estamos llenando". Se niegan a hacer futurismo afirman que "en el mismo diálogo van a ir surgiendo las fórmulas " y llaman "organicistas" a los que les preguntan sobre su estrategia organizativa y programática, con un afán de "ver el final de la película". Sin embargo, han elaborado un Plan de Emergencia para la Salvación Nacional, sobre cuatro áreas, prioritarias para el diálogo: primera, la redención y democratización del campo--"que no es la reforma agraria solamente", aclaran--; segunda, medidas urbanas sobre tierra, transporte, servicios y ecología; tercera, justicia social en campos como nutrición, desempleo, educación y salud; cuarta, reforma o apertura política. Insisten, especialmente en esta última área porque "en Colombia este bipartidismo es algo furibundamente cerrado, una camisa de fuerza terrible y por eso hay que abrir los cauces de la democracia".
LAS TRES HIPOTESIS DE LOS MILITARES
Las Fuerzas Armadas están muy atentas al desarrollo del diálogo, porque comprenden que de la suerte que éste corra dependerá su accionar futuro. Fuentes castrenses, que pidieron a SEMANA no ser identificadas, enfatizaron en la necesidad de que el diálogo se haga "despojado de toda influencia vanguardista, comecandela y belicista, porque entonces no habría diálogo".
Los militares están hoy manejando tres hipótesis en torno al proceso de la paz, y más precisamente en torno a lo que puede hacer en adelante la guerrilla. La primera consiste en que la guerrilla cumpla los compromisos de paz, y presione al gobierno por reformas, con naturales dificultades que no pasen de incidentes menores Según la segunda, la guerrilla podría aparentar que cumple, mientras aumenta por debajo de cuerda su entrenamientos, reclutamiento, financiación, compra de armamento consolidación en las áreas. En la tercera la guerrilla se dedicaría a aumentar la politización de masas, el control de los sindicatos, de los estudiantes en una palabra a aumentar su penetración en todos los niveles del Estado y la empresa privada, asunto que requiere una gran agitación, para la cual se necesita estar en la legalidad. Los militares consideran esta última hipótesis como unidas generalmente; la segunda, y plantean que "nosotros estamos preparados para las tres, pero nuestro corazón está en la primer, indudablemente". Y está en la primera, es decir en la de la consolidación de la paz, porque ello les permitiría "dedicarnos a lo que realmente queremos y nos gusta, es decir, a ser útiles aumentando nuestro apoyo a desarrollo nacional, y a defender las fronteras y la soberanía de la patria"
Pero puede suceder que se dé una combinación de la primera y la tercera hipótesis. Es decir, que los guerrilleros cumplan los pactos de paz y se dediquen a politizar a la población, como parece ser la verdadera intención del "Diálogo Nacional", según lo reconoció a SEMANA Navarro Wolf: "el problema es ligar el movimiento armado, sin armas hoy, con el movimiento popular". ¿Qué harían en este caso los militares? "Al gobierno civil es al que le corresponde contrarrestar la politización, --respondió la fuente militar--, nosotros no tenemos posibilidad de impedir que el enemigo penetre los sindicatos. Lo más que podemos hacer es inteligencia. Por eso lo nuestro tiene que ir encadenado con otras acciones del Estado. Y para contrarrestar la acción políticaideológica son ideales los partidos políticos. Si éstos se dejan quitar las universidades y los sindicatos, eso es harina de otro costal. Pero nosotros, mientras construimos una carretera en una vereda, no podemos quemarle el libro de "El Capital" a unos campesinos que estén reunidos estudiándolo ".
EL DESMONTE DEL BIPARTIDISMO
En medio de todo este debate hay un hecho nuevo que surge en claro.
Los guerrilleros, reconociendo la crítica situación económica del país, han disminuído la presión sobre sus exigencias tradicionales en torno a problemas de salud, vivienda, educación y las han aplazado para insistir, en un acto de realismo práctico, sobre lAs reformas políticas. El presidente de la Comisión de Negociación lo expresó en forma plástica: "Esta paz es una paz política, donde usted no ve nada de comer".
No obstante, voces tan autorizadas como la del ex presidente Carlos Lleras han considerado que las exigencias de los guerrilleros en materia política son inocuas porque la democracia colombiana ya les ofrece lo que reclaman. En el fondo estas voces esgrimen conceptos simplistas, porque si bien la democracia bipartidista colombiana es una de las tres más antiguas del mundo--junto con la de Estados Unidos e Inglaterra que llevan más de 150 años--, el monopolio de los dos partidos, consagrado por el artículo 120, en lo que se ha dado en llamar la distribución del ponqué entre socios, agotó el curso del bipartidismo, cuya esencia es la de garantizar la oposición, la cual se neutralizó para dar paso a la complicidad de los dos partidos tradicionales. De manera que, si el bipartidismo colombiano era imperfecto por haberse vivido históricamente con base en hegemonías, terminó por desvirtuarse totalmente al desterrarse la libre oposición.
Si el proceso de paz resulta y si el "Diálogo Nacional" fructifica, Colombia está "ad portas" de convertirse en una sociedad multipartidista, como la de Italia, Francia o Argentina, a cuyas instituciones políticas habría que introducir muchas reformas encaminadas a darle albergue en la democracia a nuevos partidos y nuevas fuerzas, hasta ahora excluidas en la práctica.

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