Sábado, 21 de enero de 2017

| 1996/05/20 00:00

QUE FICHITA

EMPEZO COMO CINECLUBISTA, EMBAUCO A ARTISTAS, ACTORES Y MUSICOS Y LA SEMANA PASADA CAYO COMO JEFE DE INTELIGENCIADEL ELN EN BOGOTA.

QUE FICHITA

Cuando los organismos de inteligencia de la Policía comenzaron a leer los archivos computarizados incautados a dos presuntos extorsionistas y jefes de finanzas del ELN capturados por el Unase el martes de la semana pasada, hasta los más astutos sabuesos de la fuerza pública quedaron aterrados. En apenas el 10 por ciento de la información que han logrado descifrar de los 13 disquetes decomisados, aparecen medio centenar de nombres de empresarios, dirigentes y periodistas en lo que _según las autoridades_ tiene todos los visos de ser una minuciosa labor de inteligencia de la guerrilla.Sin embargo el asombro también corrió por cuenta de la gente de la cultura. Cineclubistas, críticos de cine e integrantes del mundo del séptimo arte en general no salían de su estupor al ver que Jaír Orlando Rey Ramírez, uno de los dos individuos capturados por la Policía, era en realidad Javier Rey, aquel inquieto analista visual que comentaba con propiedad las películas de Visconti y Scola durante las famosas sesiones de cine organizadas todos los sábados por el cineclub Ulrika, 10 ó 12 años atrás, en uno de los cinemas de la Avenida Chile de Bogotá.Y es que según muchos de los promotores culturales consultados por SEMANA, quienes prefirieron mantener su nombre en secreto, el de Javier Rey es un caso inusual en el campo de las artes y el espectáculo. A principios de la década de los 80, en una época en la que muy pocos conocían de la irrupción de la Nueva Trova Cubana, Javier Rey se jactaba de ser amigo íntimo de Silvio Rodríguez y se dio el lujo de ser uno de los pioneros en dar a conocer sus canciones. Fundador del grupo Ulrika, no sólo desarrolló un entorno cultural alrededor de su cineclub, sino que logró conseguir el respaldo de Focine para la realización de la Bienal de Cine de Bogotá. Focine le otorgó, además, un préstamo para llevar a cabo la coproducción de un largometraje con Venezuela. En este primer gran negocio Javier Rey dejó a todo el mundo embaucado y después de haberles incumplido toda suerte de promesas a los actores colombianos que participaron en el filme, los venezolanos terminaron reclamándole a Focine el dinero que Rey había despilfarrado en otros menesteres."Rey era un hombre pretensioso al que le gustaba viajar en primera clase, se creía un genio, y aunque era en realidad un embaucador, tenía un magnetismo arrollador que terminaba convenciendo a todo el mundo de sus proezas", dijo una fuente cercana al proyecto.Luego de haber desaparecido durante un tiempo, sus dotes de ilusionista volvieron a la luz, esta vez por cuenta de un espectáculo que Rey vendió como el suceso del siglo y en el que comprometió a buena parte de los trabajadores de la cultura caleña. Se trataba de Ecomundo 92, un evento cinematográfico, ecológico, literario y musical en el cual prometieron participar figuras de talla mundial en favor de la conservación de la ecología. Pero de nuevo Rey dejó a organizadores y espectadores con los crespos hechos y el espectáculo terminó siendo un fracaso en un negocio en el que se perdieron cientos de millones de pesos.Para ese entonces este artista de la prestidigitación cultural tenía arrendada una oficina a Cine Colombia, en el segundo piso del teatro El Cid de Bogotá. Y fue allí donde la Policía encontró una caleta repleta de dinamita durante un operativo realizado hace cerca de un año. Las autoridades investigan la relación de Rey con este hallazgo. Desde Ecomundo, en diciembre de 1992, nadie tenía noticias suyas hasta cuando apareció su rostro en televisión la semana pasada, señalado por la Policía como presunto extorsionista del ELN.A los pocos días de su captura mucha gente se ha acercado a las autoridades para colaborar con información sobre las sombrías travesuras de Javier Rey. Quienes lo conocen aseguran que en él parecen mezclarse las dotes de un encantador de serpientes con la sangre fría de los desvergonzados. Tanto es así que al conocer la noticia de su detención, uno de los perjudicados por sus artimañas se atrevió a decir: "No tiene nada de raro que también haya tumbado a la guerrilla".En todo caso su detención ahora no es asunto de poca monta. Ojalá esta vez la Fiscalía sí actúe, porque en una captura que hizo la Policía hace seis meses, de otro individuo con información similar, todo terminó en una excarcelación del sospechoso bajo el único cargo de porte ilegal de armas.

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