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| 5/23/2015 10:00:00 PM

“¡Qué gran muestra de valor!”

Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, cuenta cómo ha atendido la catástrofe en Salgar.

Semana: Comience por lo básico. ¿Qué pasó en Salgar?

Carlos Iván Márquez: Se presentó un fenómeno denominado ‘avenida torrencial’ causado por aguaceros atípicos. Esto último quiere decir que cayó una gran cantidad de lluvia imposible de predecir. Cuando la naturaleza se manifiesta así, lo hace contra todos los pronósticos.

Semana: ¿Pero cómo termina un aguacero arrasando a un pueblo entero?


C. I. M.: Lo que ocurrió es que esa avenida generó una creciente súbita que recorrió 40 kilómetros y llevó consigo material de todo tipo. Iba cogiendo lo que encontraba a su paso y así ganó fuerza destructiva. De cierta forma se fue convirtiendo en un balín, y por eso pudo llevarse hasta un puente. Así acabó con 120 viviendas, mató a 88 personas, dejó 57 heridos y 350 familias damnificadas.

Semana: Se ha denunciado que el municipio ya tenía una advertencia sobre el riesgo de una creciente súbita.

C. I. M.: Yo no recibí ninguna alarma. Ahora bien, habrá que mirar esa supuesta advertencia, pero después. Porque lo que hay que hacer hoy es respetar el dolor de la gente y entender la situación de la alcaldesa. Ella en este momento no tiene cabeza para responder asuntos técnicos. Ella ha tenido que reaccionar a una tragedia que ocurrió de la noche a la mañana y partió en dos la historia del municipio.

Semana: ¿Entonces no hubo nada que hacer para evitar la tragedia?

C. I. M.: Desde un punto de vista meteorológico no se podía prevenir. Yo ya había conocido esa cuenca y no detecté elementos de riesgo como montañas desprotegidas o minería... Todo esto fue súbito.

Semana: Usted llegó a Salgar poco después del desastre. ¿Lo recibieron con rabia?

C. I. M.:
No. La gente está enfocada en entender lo que sucedió y en invocar sus creencias religiosas. Pero todos, incluidos los afectados, se han mostrado agradecidos con la Defensa Civil, la Cruz Roja, los bomberos, las Fuerzas Militares, el ICBF, mi persona y el presidente. Y han estado comprometidos a ayudar. En medio del dolor, la angustia y la impotencia, no ha venido una sola queja de la comunidad, como sí me ha ocurrido en otras situaciones.

Semana: ¿Es cierto que ha habido gente que ha ayudado a rescatar a sus propios familiares?

C. I. M.:
Ha habido casos de fortaleza impactantes. Uno es el de una funcionaria de la Alcaldía de Salgar que perdió a siete familiares, entre ellos a algunos hermanos, y, así y todo, desde el día uno ha estado pasando cajas de asistencia humanitaria. La gente de Salgar ha dado una gran muestra de valor.

Semana: Usted viaja todo el año por Colombia previendo catástrofes. ¿Es posible prevenirlas todas?

C. I. M.: Claro que no. Colombia tiene una herencia histórica muy grave en el tema de vulnerabilidad. La mayor parte de los municipios y de las construcciones se han hecho en zonas de riesgo. Acá mucha gente vive cerca de los ríos y las quebradas en poblaciones vulnerables. Por eso es que lo de Salgar no puede pasar desapercibido. Necesitamos que los alcaldes y los gobernadores se comprometan a reducir el riesgo. Hay que revisar municipio por municipio y, si es el caso, reubicar a la gente.

Semana: Usted lleva cuatro años en su puesto. ¿Qué ha hecho hasta ahora?

C. I. M.: Colombia ha dado un salto enorme. Hoy el país invierte más en reducir riesgos, que en manejar desastres, lo cual es una muy buena noticia. Estamos aplicando métodos y herramientas de vanguardia para mitigar riesgos. Aquí, por ejemplo, hay una ley que obliga a los gobernantes a entender el riesgo, reducirlo y saberlo manejar. Incumplir los puede poner en la mira de la Procuraduría. ¡Es que no hacerlo es una falta legal!

Semana: ¿Qué lugares del país son los más amenazados?


C. I. M.: Hay riegos de deslizamientos en las cordilleras. En Nariño y el Eje Cafetero está la amenaza de los volcanes. La costa Pacífica vive el riesgo de un tsunami. San Andrés, Providencia, La Guajira y algunas zonas de Antioquia podrían experimentar huracanes. Y también están las amenazas generadas por el hombre, por ejemplo, los incendios forestales.

Semana: ¿Y el país está preparado para todo esto?

C. I. M.: Sí. Y esto es algo que los medios tienen que nombrar con más énfasis porque, al informar solo sobre las catástrofes, se puede hacer creer a la gente que nuestra labor no aporta. En Risaralda, por ejemplo, hay una zona donde históricamente cada año había dos inundaciones. Nosotros hemos logrado que en los últimos tres años no haya vuelto a haberlas. Otro ejemplo es el volcán Galeras. Allá hoy tenemos muy buenos sistemas de monitoreo, alerta y alarma y puntos de evacuación. En cinco años, hemos comprado lotes y movido a 1.000 personas.

Semana: ¿Han sido el conflicto armado y las acciones del crimen organizado un obstáculo para la gestión de riesgos?

C. I. M.: No. El sistema se ha ganado el respeto de todos los actores: de la comunidad, del sector privado, pero también, cuando vamos a zonas en conflicto, de los actores armados ilegales. Le doy un ejemplo. El pasado 23 de diciembre nos fuimos a una zona de Cauca, de la que todo el mundo nos decía que no se podía entrar. Pero tuvimos que ir porque había grandes crecientes y un riesgo para la población. Fuimos, nos respetaron y construimos siete puentes que entregamos hace un mes.

Semana: ¿Es verdad que Colombia ha estado colaborando en misiones fuera del país?


C. I. M.: Sí. Han sido operaciones interesantes. La última fue este año en Chile cuando el desierto de Atacama, uno de los lugares más áridos del mundo, terminó inundado por efecto de unas lluvias atípicas. El agua arrastró arenas y causó una emergencia en dos regiones. Nosotros enviamos ayudas humanitarias para 500 familias. A Nepal estuvimos a punto de enviar nuestro equipo de respuesta intermedia, pero finalmente el gobierno no necesitó nuestra ayuda.

Semana: ¿También exportan conocimiento?

C. I. M.: Hemos hecho muchas asesorías. Recientemente apoyamos al gobierno de República Dominicana en diseñar una ley de gestión de riesgos como la nuestra. Y ahora vamos a asesorar a Trinidad y Tobago en la construcción de unos puentes peatonales que permitan reducir riesgos.

Semana: Todas estas noticias son alentadoras, pero eso no evita que ocurran catástrofes. ¿Qué se le pasaba por la cabeza cuando estuvo cabizbajo durante el sepelio de 33 víctimas el jueves en Salgar?


C. I. M.: Que el mundo, desde que tiene vida propia, está destinado a vivir catástrofes. Y esto lo puedo decir porque me he leído la historia de las catástrofes globales. Pero ese día también pensé que es posible reducir y prevenir y que no podemos parar nuestra misión. Siento que hoy somos capaces de estar con las víctimas y de ayudar a que el dolor sea menor y, sobre todo, que el duelo sea digno. Antes, la gente se quedaba sola con su muerto y con su reclamación en Medicina Legal. Hoy estamos con ellos.

Semana: ¿No lo desgasta tener un trabajo rodeado de tragedias?


C. I. M.:
A mí me duele el tema de la muerte y se me arruga el alma y el corazón. Pero lo mío es como lo del médico que opera todos los días y que cada vez que salva una vida se llena de motivación. Para mí, eso es un aliciente enorme.
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