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| 10/2/1995 12:00:00 AM

¿QUE OPINA DANIEL?

El drama del Presidente afecta a pocas personas tanto como a su hermano el periodista.

En toda la crisis política que está viviendo el país, todo el mundo asume que el personaje más golpeado es el Presidente de la República. Desde que Ernesto Samper se posesionó prácticamente no ha tenido una semana de tregua. Verdades y calumnias han sido confundidas por la opinión pública en un torbellino de chismografía que hubiera dado al traste con cualquier personalidad pública débil. Sin embargo Ernesto Samper sigue de pie y frenteando el chaparrón.
Pero todo este episodio ha tenido un protagonista discreto y silencioso que la opinión pública no ha registrado: Daniel Samper Pizano. El hermano del Presidente ha sido simultáneamente consejero doliente y observador de todo el proceso. Consejero, porque además de ser el hermano es el mejor amigo de Ernesto Samper. Doliente, porque una situación de estas afecta a todo el que es familia cercana. Y, por último observador, porque un periodista es ante todo un observador, y Daniel Samper es considerado por muchos el mejor periodista de Colombia. Esta doble condición de hermano y periodista es muy difícil de manejar para cualquier persona y según Gabriel García Márquez "mucho más para Daniel que no sólo es un gran periodista sino un gran hermano".
La semana pasada Daniel Samper vino a Colombia. Había seguido desde España la evolución de los acontecimientos. Ahora quería ver las cosas de cerca, con sus propios ojos. Durante su estadía participó en una serie de reuniones sociales con sus amigos más cercanos. Estaba de muy buen ánimo, con la chispa intacta y tan comunicativo como siempre. En cuanto al tema de su hermano fue particularmente prudente. Oyó mucho y habló poco. Quería saber qué pensaban otros. Quería sentir la opinión pública. Quería palpar al país.

JUICIO AL PERIODISMO
SEMANA intentó dialogar con él sobre los acontecimientos actuales pero Samper dejó saber que había tomadó la decisión de no abrir la boca para ser totalmente fiel a su promesa pública de marginarse de opinar sobre el gobierno, porque "odia los gobiernos de familia". Sin embargo, a través de entrevistas con varias de las personas que estuvieron en contacto con él la semana pasada es evidente que, aún cuando no abre la boca, los puntos de vista de Daniel Samper son muy interesantes.
Como era de esperarse, muchos de sus interlocutores fueron periodistas. De estas conversaciones han salido algunos juicios que son interesantes sobre el periodismo nacional en la actualidad. A todos les expresó unas opiniones que dan pie para reflexiones muy válidas. En términos generales ve una falta de rigor en los medios de comunicación. El, que manejó una unidad investigativa, no ve a nadie investigando en forma seria. El escándalo actual se ha basado en filtraciones y no en investigaciones. Y todas estas filtraciones han orientado a la prensa hacia una sola dirección, sin crear algunos interrogantes que él considera elementales.
Concretamente anota que en medio de la obsesión nacional sobre qué dice cada nuevo casete, nadie se ha preocupado por investigar seriamente cuál es el origen de esas grabaciones. ¿Cómo puede ser que desde antes de ser elegido su hermano Presidente sus teléfonos estuvieran interferidos? Cuando aparecieron unos micrófonos ocultos en el despacho particular de Ernesto Samper durante la campaña, la noticia pasó relativamente inadvertida. Incluso algunos llegaron a afirmar que se trataba de un montaje. Ahora que está totalmente demostrado que existía una operación de espionaje sobre el entonces candidato, nadie se ha interesado por este tema. Toda la atención del periodismo se ha concentrado en el último chisme. El, como periodista, considera que la historia grande es quién espiaba y por qué.
Otro elemento que lo ha impactado es la parcialización de los medios hacia una verdad única. El ejemplo que da es la famosa indagatoria de Santiago Medina. En ésta aparecen algunos hechos que son absolutamente falsos y que todo el mundo lo sabe. Sin embargo nadie se ha concentrado en esto. Los medios solamente resaltan lo que condena y no lo que exonera. Cita como primer ejemplo la referencia que hay en la indagatoria a un supuesto secuestro suyo. Todos los colombianos saben que Daniel Samper no ha sido secuestrado. Y sin embargo este hecho se minimiza en los análisis sobre la supuesta confesión del ex tesorero de la campaña. Critica en forma particular al periódico El Tiempo, cuyos directivos tienen conocimiento exacto de los problemas de seguridad por los cuales tuvo que abandonar el país durante la administración Barco y que nada tuvieron que ver con un secuestro. No entiende cómo si dentro del periódico todo el mundo sabe que esa información es falsa, por qué la presentan en forma neutral.
Otro ejemplo que da es la afirmación de que su hermano Ernesto, después del atentado a bala sufrido en 1989, fue transportado a Estados Unidos en un avión de los hermanos Rodríguez Orejuela. Según Daniel Samper, nadie se ha tomado la molestia de desvirtuar con seriedad este cargo. Su hermano fue llevado a Estados Unidos en un avión de Avianca, lo cual es muy fácil de establecer. Regresó de ese país en el jet privado de Carlos Ardila Lulle, lo cual también es verificable. No deja de sorprenderle que a pesar de estos hechos tan contundentes se le pueda dar credibilidad a una confesión que contiene mentiras de esta magnitud. Para él, el testimonio de Medina es una manipulación bien hecha. Mezcla hábilmente detalles concretos y reales con acusaciones falsas. Con esto, según Daniel Samper, el ex tesorero ha dejado en muchos la sensación de que algo puede ser real.
Una tercera crítica que le tiene a los medios de comunicación es presentar información fuera de contexto. El mejor ejemplo de esto es la famosa conversación de su hermano con la señora Elizabeth de Sarria. Todo el mundo conoce el tono cálido y mamagallista que siempre ha tenido Ernesto Samper. Habla igual con todo el mundo, y concretamente con todas las mujeres. La publicación del casete lo dejó sin embargo ante la opinión pública como una persona que tiene un exceso de confianza con personajes cuestionados. Simultáneamente nadie resaltó que durante toda la conversación lo único evidente era que quería evitar el encuentro con la señora de Sarria. Y como si esto fuera poco se creó el mito del anillo de diamante, el cual él considera la mayor infamia que consiste en utilizar a su cuñada para atacar a su hermano.

EL WATERGATE CRIOLLO
Para él todo lo anterior no es un ejemplo de periodismo investigativo. Critica particularmente a dos o tres periodistas que se sienten protagonistas de un Watergate criollo y que piensan que están haciendo historia. El mismo, hace 10 años, en un reportaje extenso concedido al periodista Germán Manga, había advertido sobre lo peligroso que es buscar Watergates donde no los hay. En ese entonces, ante la pregunta de que si algo le había faltado en su carrera periodística contestó: "Me gustaría tumbar a un presidente, cualquiera que sea. Creo que el sueño de todo periodista de investigación es provocar un Watergate. En todos nosotros duerme un Nixon caído, simplemente porque es impresionante iniciar indagaciones en torno a un pequeño caso de policía y terminar derrumbando al presidente. Aunque hay que admitir que al mismo tiempo puede resultar peligroso que un periodista de investigación trate de ver un Watergate donde no lo haya y desde luego lo contrario: que lo tenga a su alcance y se le escape".
Para Daniel Samper hay muchos periodistas colombianos buscando un Watergate donde no lo hay. La dimensión del escándalo que está viviendo el país, para él tiene otra explicación. No le gusta hablar de conspiración para no incurrir en interpretaciones simplistas. Pero no duda que existe una serie de intereses convergentes que confluyen en este caso. Menciona en primer lugar a la DEA, cuya mano invisible para él ha estado presente desde el principio. En segundo lugar está la familia Pastrana, cuya animadversión hacia su hermano es de público conocimiento. En tercer lugar señala que existen innegables intereses políticos de por medio en cualquier crisis presidencial. Llega inclusive a entender que personas que no le tienen mala fe a su hermano se convierten en 'conspiradores' con el deseo, si consideran que pueden ser opciones presidenciales.
Daniel Samper cree que la mafia también tiene intereses creados. Es otro de los pescadores que están pescando en río revuelto. Al fin y al cabo el escándalo dirigido contra el Presidente ha distraído la atención del país sobre los narcotraficantes.
Además de los anteriores, Samper Pizano cree que algunos medios de comunicación se han sumado a la campaña contra su hermano. Entiende más que cualquiera las rivalidades comerciales y periodísticas que genera una historia de este calibre. También reconoce los excesos que genera el síndrome de la chiva. Pero ve algo más que esto en algunos medios que no dejan la sensación de estar cubriendo una noticia sino de haber tomado partido. Como dato curioso, sus conversaciones más cordiales fueron con algunos de los periodistas que han tratado con mayor ferocidad al Presidente. Le. merece respeto cualquier columnista que sostiene en forma frentera y racional un ataque contra su hermano. Lo que le indigna es el ataque soslayado.

COSAS DE LA VIDA
Hay un aspecto de todo este escándalo que no deja de sorprenderle. Es cómo toda la historia de su vida ha estado entrelazada con los protagonistas de la situación actual. En su juventud fue uno de los tres mosqueteros al lado de Luis Carlos Galán y Enrique Santos Calderón en el periódico El Tiempo. Fueron sus compañeros de trabajo y de rumba. Políticamente su modelo fue más Luis Carlos Galán que su propio hermano. Periodísticamente, su mancorna fue Enrique Santos. Ahora la causa de Galán, a través de su primo hermano, Alfonso Valdivieso, es invocada como justificación para llevar hasta las ultimas consecuencias la investigación contra su propio hermano. Por otra parte, Enrique Santos Calderón, tal vez el periodista a quien más respeta, es el columnista que más ha influido en convencer a la opinión pública de que lo que sucedió en la campaña de su hermano fue muy serio.
Tan pronto llegó Daniel Samper a Colombia la semana pasada, lo primero que hizo fue reunirse con Santos. En una comida privada hablaron abiertamente sobre sus diferencias de opinión. Cada uno expuso su punto de vista y lo único que quedó claro es que no estaban de acuerdo en nada. Un punto que Daniel no discute es la absoluta inocencia de su hermano. Cree que se está cometiendo con él una gran injusticia y que a largo plazo el gobierno va a salir adelante porque hay un hecho histórico irrebatible que no se podrá borrar con simples 'aspavientos': el hecho de que el cartel de Cali está diezmado y sus principales cabecillas estén en la cárcel. Este fue el punto sobre el cual le hizo más énfasis a Enrique Santos Calderón. Pero además de este fueron muchos los puntos discutidos.

Algo que le llamó la atención a Santos es que Samper logra exponer la defensa de su hermano Ernesto sin hablar mal de ninguno de los protagonistas. De Fernando Botero tiene el mejor concepto y le duele personalmente ver su situación. Para él hay, unos hechos que demuestran que existieron algunas irregularidades durante la campaña, pero cree que son muchas menos de lo que se dice y están estrictamente de limitadas en torno a Santiago Medina. Habla de este hombre que está acusando a su hermano de complicidad con el narcotráfico con bastante mesura. Pero no tiene la menor duda de que era una persona con un encargo del cartel de Cali.
Todos estos puntos de vista se los expuso a Enrique Santos, quien le explicó pormenorizadamente por qué llegó a conclusiones totalmente diferentes. Santos le señaló en particular la evidencia que se había presentado en esos días que demostraba que el periodista Alberto Giraldo había pagado personalmente a nombre de la campaña 190 millones de pesos en efectivo al publicista Mauricio Montejo. Santos le argumentó también que su convicción era que las cifras de dinero que habían ingresado a la campaña eran monumentales. Le mencionó a Samper múltiples pruebas y testimonios de los cuales él tenía conocimiento personal que le hacían imposible estar de acuerdo con él. Las diferencias radicaban no sólo en la gravedad de lo sucedido sino en sobre quién recaía la responsabilidad. Ninguno de los dos cedió un milímetro. Pero al final ambos sintieron que la relación personal estaba igual que en los viejos tiempos. Interrogado por SEMANA sobre cómo había interpretado la actitud de Daniel Samper, Enrique Santos afirmó: "Me conmovió, porque es mi amigo y lo respeto como el gran periodista que es, verlo atrapado por una condición familiar que lo inhibe para analizar con la debida objetividad y severidad lo que la gente espera y exige del hombre público. Estoy seguro que de no mediar esta relación afectiva, Daniel sería el más implacable fiscalizador de los dineros calientes en la política de Colombia".

PALABRAS PREMONITORIAS
Paradójicamente había sido el propio Daniel Samper uno de los primeros periodistas colombianos en escribir sobre los dineros calientes en el país. Esto sucedió con motivo del caso de Rodrigo Lara en 1983. La situación tenía alguna analogía con la actual. Evaristo Porras, un narcotraficante enviado por Pablo Escobar, filtró un cheque de un millón de pesos en la campaña del entonces senador huilense. Como consecuencia del escándalo que se desencadenó, nació el término 'dineros calientes' en el léxico colombiano. El primer periodista que tomó el toro por los cuernos fue Daniel Samper, quien en agosto 27 de 1983 marcó la pauta sobre el tema. En ese momento escribió: "De ahora en adelante no van a ser pocos los cuidados y precauciones cuando de recibir ayudas económicas se trate. Habrá que desconfiar hasta de las limosnas de las Hermanitas de la Caridad para evitar celadas como la que se tendió con habilidad innegable al ministro Rodrigo Lara Bonilla. No más cheques de admiradores anónimos, no más contribuciones de señores que 'apoyan al doctor'. Político que no quiera poner en peligro su carrera, tendrá que averiguar la trayectoria de cada moneda de dos pesos que llegue a su poder y solicitará referencias de cada seguidor con el que le programen reunión. Se acabarán esos diálogos callejeros con el prosélito desconocido que puede estar grabando una conversación aparentemente inocua para hacerla parecer luego como prueba contundente de lo que él quería y el otro ignoraba".
Quince años después de haber escrito estas palabras Daniel Samper escuchaba estos argumentos de los labios de su colega de toda la vida, Enrique Santos Calderón. Pero él no había venido a Bogotá a que le endulzaran el oído. Había venido porque concretamente quería hablar con unas muy pocas personas sobre el tema, ya que del resto de la gente no se lo deja tocar. Uno de estos era Gerardo Reyes. La amistad entre los dos tiene más de 15 años. Poco tiempo después de fundar la Unidad Investigativa de El Tiempo conoció al entonces joven periodista cucuteño, con quien rápidamente simpatizó. Inmediatamente le vio madera y lo convirtió en su mano derecha en ese nuevo departamento del periódico. Trabajaron hombro a hombro noches interminables en aquellos primeros años de la Unidad Investigativa. Samper Pizano era el profesor, Reyes el discípulo. Configuraron, al lado de Alberto Donadío, un trío de escarbadores que habría de crear el periodismo investigativo en Colombia.
La amistad entre Samper y Reyes se había enfriado por un desagradable incidente relacionado con todo este caso. Gerardo Reyes se había ido a trabajar al Miami Herald en la capital de la Florida. Allá se convirtió en la estrella latinoamericana de la redacción. En una de sus múltiples investigaciones se topó con una informante colombiana de la DEA que circulaba con el seudónimo de María. Reyes fue el primero en entrevistarla. Se reunió con ella durante cuatro horas y le oyó la versión que habría de tener a Colombia entera en vilo un año después. La informante de la DEA aseguraba haber participado en una reunión en 1989 en un apartamento en Cali a la cual asistieron, según ella, Ernesto Samper y Miguel Rodríguez Orejuela. La reunión tenía una justificación política válida, pues se trataba de transmitirle al entonces candidato nuevos elementos de juicio sobre el tema de la extradición, que estaba sobre el tapete en ese momento. Sin embargo la versión de María tenía un elemento espectacular: la acusación de que Ernesto Samper había recibido dos maletines llenos de billetes.
Reyes verificó diferentes aspectos del relato. Mientras esperaba respuesta de Ernesto Samper a una carta sobre este asunto, publicó entonces con su firma un artículo en el Miami Herald en el cual transcribió la versión de la testigo. La noticia coincidió con el escándalo de los narcocasetes y no fue reproducida en Colombia en ese momento. Pero hubo una persona para la cual no pasó inadvertida: Daniel Samper Pizano. Tan pronto la leyó rompió relaciones con su pupilo.
La semana pasada, al finalizar su visita en Bogotá, decidió que también quería aclarar este asunto. Gerardo Reyes reside en Miami y como tenía que hacer una escala en esa ciudad lo llamó para invitarlo a almorzar. Fue una reunión como la que había sostenido con Enrique Santos. De profesional a profesional se le metieron al tema de María de frente. Reyes le manifestó todas la razones que lo habían llevado a creer en la versión de la testigo. "Daniel me conoce hace casi 20 años y sabe que digo las cosas de frente" manifestó Reyes a SEMANA. Procedió entonces a citar fechas, nombres, direcciones y otros elementos que lo habían llevado a no desvirtuar el testimonio de la informante. Después de una larga presentación de argumentos le expuso a su antiguo maestro su conclusión sobre el tema: no tenía duda sobre la realización de la reunión a que hace referencia María, pues había cotejado todos los testimonios de la informante. Pero el único punto en donde encontró una contradicción fue en el episodio de los maletines. Daniel Samper escuchó en silencio sin hacer comentarios. Era la primera vez que oía de labios de Reyes una explicación sobre todo ese asunto. Al final le expresó a su antiguo compañero su desacuerdo con la conclusión de que la reunión había tenido lugar. Sobre ese punto no se pudieron poner de acuerdo. Pero le tranquilizó el hecho de que la persona a quien más admiraba por su criterio periodístico, le reconociera que el cuento de los maletines no era verdad. Al respecto Reyes dijo a SEMANA: "Discutimos como en las viejas épocas de la Unidad Investigativa de 'El Tiempo'. Cada uno presentaba sus argumentos y el otro los desvirtuaba. Me pareció el Daniel de siempre".
No deja de sorprender que mientras en Colombia el país entero se está polarizando cada vez más alrededor del escándalo de los dineros calientes de la campaña de Ernesto Samper, su hermano haya venido a Bogotá la semana pasada y se haya dedicado a hacer un peregrinaje de diálogo con los críticos del Presidente que además siempre habían sido sus mejores amigos. Los acontecimientos del año pasado y la distancia habían creado tensiones en algunas de esas relaciones y con los encuentros de la semana pasada todo malentendido quedó superado. Daniel Samper siempre le tuvo miedo al hecho de que su hermano hiciera política. Anticipaba más que cualquier otro las incompatibilidades que había entre el periodista y el familiar. Por eso tomó la decisión de no ejercer el periodismo en Colombia durante los cuatro años de este gobierno. Pensaba que marginarse de su profesión era el costo de ser el hermano del Presidente de la República. Ese costo ha sido más alto de lo esperado y Samper Pizano se está ajustando a esta nueva situación. Esta semana regresa a España, donde se encontrará con su otro compañero de toda la vida, Antonio Caballero. El mismo que afirmó una vez que "la maldición de un periodista es tener padre, madre, hermanos, hijos, primos y cualquier pariente hasta el quinto grado de consanguinidad".
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