Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/16/2011 12:00:00 AM

¿Qué pasa en las FF.AA.?

Las rivalidades en la cúpula se están volviendo un obstáculo para responder a los nuevos retos de seguridad.

Mientras la percepción de inseguridad crece entre los colombianos y algunos índices sobre la situación del conflicto armado, la criminalidad y la violencia muestran un claro deterioro, en el interior de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Defensa reviven viejas rivalidades personales y de cuerpo, supuestamente superadas, que les dificultan al gobierno y a los militares adecuar su estrategia ante los nuevos desafíos que plantea la situación de seguridad en el país.

En los pasillos del Ministerio de Defensa es un secreto a voces lo mal que cayó en algunos sectores, en especial del Ejército, que el gobierno designara como comandante de las fuerzas militares a un marino, el almirante Édgar Cely. "Muchos generales del Ejército, algunos impulsados por grupos de militares retirados, sencillamente han optado por no caminarle a Cely. No lo respetan y no ven en él a un líder", dijo a SEMANA un general del Ejército que, como todos los entrevistados para este artículo, pidieron no revelar su identidad por lo sensible del tema o por estar involucrados en el debate. Uno de los miembros del Comando General afirma: "Hay un sector del Ejército que no se ha acomodado a la idea de ver sentado aquí a uno de negro (uniforme de la Armada) y no a uno de verde (uniforme del Ejército)". No es casual que el mismo almirante Cely insista con frecuencia, en sus intervenciones públicas, en que no vestir de verde olivo no lo inhabilita para conducir a las Fuerzas Armadas. Se dice que hasta se hacen apuestas, en el Comando General, sobre la fecha de su salida.

Las rivalidades entre fuerzas son de lo más normal y que tropas de tierra se resistan a ser dirigidas por un marino podría ser apenas rutina. En todo el mundo, los militares, con tradiciones arraigadas y años de formación en el orgullo de pertenecer a una u otra unidad, desarrollan un espíritu de cuerpo que genera celos y competencias. En Colombia, el cargo de comandante general ha estado siempre en manos de un general del Ejército (con excepción de otro almirante, Holdan Delgado, en 1996), y esta fuerza considera que el liderazgo le corresponde naturalmente. El Ejército es el más numeroso (214.000 hombres, frente a 33.000 de la Armada y 11.000 de la Fuerza Aérea, además de los 155.000 de la Policía) y, por las características del conflicto armado, que ha sido principalmente una guerra terrestre, muchos de sus oficiales se forman en la tradición de que es a ellos a quienes corresponde la conducción de la guerra. "Este Ejército, que ha sufrido tanto, no le come cuento a cualquiera (…) cuando uno de la Armada les habla, no le copian", dice uno de sus altos oficiales.

Sin embargo, lo que está sucediendo hoy va más allá de las tensiones habituales. Las divergencias en la cúpula no se limitan a chismes de pasillo en el Ministerio y las guarniciones. Generan problemas de circulación de información, piezas de inteligencia que no se comparten, operaciones que se planifican sin contar con otras fuerzas por falta de confianza, competencia en la atribución de 'positivos'… Y todo esto tiene consecuencias operacionales. Por ejemplo, a fines del año pasado, una operación de un año de la Armada para capturar a 'Mincho', jefe del frente 30 de las Farc, que actúa en Cauca y Nariño, se habría visto frustrada por este motivo. "Aunque era blanco nuestro, el Ejército interceptó los celulares y descubrieron quiénes eran dos informantes que teníamos infiltrados. Los detuvieron, sabiendo que era una operación nuestra, e intentaron que les ayudaran a ellos. Esa acción hizo que los informantes no pudieran llegar a la hora acordada al campamento de 'Mincho' y la operación completa se dañó", contó a SEMANA un oficial de la Armada. Historias como esta abundan.

Varios de los entrevistados señalan el papel del segundo al mando de Cely, el general Gustavo Matamoros, jefe de Estado Mayor, en las desavenencias. Él lo niega categóricamente. Sin embargo, después de haber estado con un pie afuera durante el gobierno anterior y de haber sido enviado a China, su antigüedad lo ubica por encima del actual comandante del Ejército, el general Alejandro Navas, y en línea directa a aspirar al Comando General. Según algunos entrevistados, el propio Navas, quien ha hecho una carrera meritoria, en medio de esta difícil situación enfrenta algunos obstáculos para consolidar su liderazgo.

Tampoco es un secreto que en el Ejército hay tensiones entre un sector formado en una tradición de escaso respeto por los derechos humanos y que ve conspiraciones tras todo escándalo que afecta a 'manzanas podridas' de la institución, y otros sectores, más modernos, que se han convencido de que las violaciones a los derechos humanos le quitan legitimidad y le hacen un daño irreparable a la institución. Ambos sectores tienen sus representantes en la cúpula y entre el gremio de los generales en retiro, y sus relaciones no son fluidas.

Un elemento que dificulta una solución, señalado por varios entrevistados, es que al liderazgo del ministro Rodrigo Rivera le falta contundencia: "Todos reconocen que lo está haciendo bien. Pero le falta mando, decisión y poder", dice un alto oficial. Ha demostrado ser serio, trabajador y comprometido, pero no ha logrado ganarse el respeto de muchos generales. Los choques públicos entre Rivera y el ministro del Interior, Germán Vargas, como ocurrió luego del escándalo de Tolemaida, le echan leña al fuego a esta situación.

Uno de los grandes esfuerzos del presidente Uribe fue poner a todas las fuerzas a trabajar juntas y a compartir inteligencia. La creación de la fuerza de tarea conjunta Omega, en 2003, para el sur del país, y del primer comando conjunto, el del Caribe, en 2004, generaron en su momento poderosas resistencias internas, pero terminaron siendo muy exitosas.

Una tarea central de Juan Manuel Santos cuando fue ministro de Defensa, entre 2006 y 2009, fue reducir los celos y roces entre las fuerzas, en especial entre el Ejército y la Policía. Hasta hoy se consideraba que esos esfuerzos rindieron fruto y permitieron los grandes éxitos en la lucha contra la guerrilla. Si como ministro Santos les puso freno a estas pasadas pugnas internas, ¿por qué ahora, como presidente, no han logrado ni él ni su ministro de Defensa controlar la situación?

El problema es que las fracturas en la cúpula militar y la falta de un liderazgo contundente tienen implicaciones severas en un país donde la situación de seguridad no solo sigue siendo difícil, sino que presenta indicios de deterioro preocupantes. Las encuestas de percepción ciudadana en las ciudades muestran que a la gente cada día le preocupa más la inseguridad. Los homicidios y otros delitos continúan disminuyendo, pero el descenso es más lento que a comienzos de la década pasada. Desde 2008 hay un repunte en el número de acciones de las Farc y el ELN, que se ha acentuado recientemente. Más allá de si las llamadas 'bandas criminales' son o no paramilitares, estas tienen a varias regiones sumidas en un régimen de terror igual o peor que el de las AUC. Las bajas de la fuerza pública han crecido y este año aumentaron los secuestros. Con una realidad como esta, toda zancadilla a alto nivel en las filas y el Ministerio es un problema mayor que requiere inmediata atención. En las altas esferas hay preocupación con lo que está pasando, pero hasta ahora no se ven medidas contundentes. "Esto no tiene solución", comentó a SEMANA un alto funcionario del gobierno. Una conclusión que es exactamente opuesta a lo que se necesita.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.