Miércoles, 17 de septiembre de 2014

| 2013/01/18 00:00

¿Qué pasará al terminar la tregua de las FARC?

El domingo concluye la tregua de 60 días. Yezid Arteta, exmiembro de las FARC, da su punto de vista.

Formación de las FARC en San Vicente del Cagúan, durante los diálogos de paz en la adiministración Pastrana. Foto: León Darío Peláez / SEMANA

“Estamos en desacuerdo con la última actitud que han asumido las FARC de declarar la tregua... nunca nadie había decretado una tregua como esta: una tregua unilateral”. Esto decía el fundador del M-19, Jaime Bateman Cayón, en una entrevista concedida en abril de 1982 a ‘Colombia’, uno de los boletines informativos de la otrora organización rebelde.

Ya sabemos lo que pasó después: el M-19 depuso las armas cuando la mayoría de sus fundadores murieron en su ley y algunos que sobrevivieron al cuento son hoy alcaldes, columnistas, empresarios de poca monta y otro tanto quedó en la calle haciendo maromas o pilatunas para ganarse el pan. Si no conociéramos la seriedad de varios exmilitantes del M-19, diría que esto parecería una historia de locos.

Por esos mismos años, durante la tregua decretada por las FARC, recuerdo que Jacobo Arenas no daba crédito a lo que pensaba el M-19 y en una charla que sostuvimos en uno de esos cañones que rematan en el río Duda explicaba, con su estilo vehemente, las razones que lo llevaban a defender los acuerdos con el gobierno presidido por Belisario Betancur e imaginaba a una guerrilla haciendo política abierta y cerrando el capítulo armado.

Ya sabemos lo que pasó después: levantaron a tiros a la Unión Patriótica, Jacobo murió, Marulanda también y luego Jorge y ‘Cano’ murieron en su ley y quedó entonces el mundo de las FARC en manos de una jefatura que, todo parece indicar, desea que las conversaciones en La Habana no sean, en resumidas cuentas, un repaso de la historia sangrienta sino un salto hacia la democracia real y la justicia social. Que la gente colombiana pueda hablar y pueda comer sin que le jodan la vida o le peguen un balazo. Pan y libertad, como pedía Marquitos Sánchez en los mítines de la Universidad del Atlántico, antes de que los archifamosos ‘desconocidos’ lo mataran a tiros en las calles de Santa Marta para que no lo eligieran alcalde de la ciudad.

El próximo 20 de enero se termina la tregua de 60 días decretada por las FARC. Mala noticia para los soldados y guerrilleros que se dan bala de verdad. Si las cifras del Ministerio de Defensa son ciertas, en Colombia mueren aproximadamente unos 35 miembros de la Fuerza Pública cada mes y 200 son heridos en promedio desde el 2002. Una cifra escandalosa para un país que, según los propagandistas, el tema de la guerrilla era un asunto liquidado y se le mostraba como a un pescado dando coletazos en la arena.

En los dos meses del cese de acciones ofensivas de las FARC el número de militares muertos no llegarán a un digito. Es siniestro decirlo pero medio centenar de soldados y policías colombianos se han salvado de morir en esta guerra a la que se le quiere poner fin mediante el diálogo. Varios guerrilleros murieron en este mismo lapso porque la maquinaria bélica del Estado no se detuvo ni siquiera para recibir el Año Nuevo.

En materia de negociaciones de paz en el mundo todo está inventado. Sin embargo el equipo negociador del gobierno puede sacar algunas lecciones de esta tregua unilateral fijada por la guerrilla. En otras palabras: partir de realidades y no de meros deseos o fantasías. Y la primera realidad es que las FARC demostraron que tienen capacidad de cumplir amén de que su jefatura probó mando y obediencia en todas sus estructuras y escalones. Es hora de que el gobierno reconozca y valore por raciocinio la seriedad y el peso real de su contraparte si es que de verdad quiere llegar a alguna parte.

El historial de las guerras muestra que las treguas por bilaterales que sean no están exentas de violaciones. Las FARC se estaban jugando su reputación en este ejercicio militar y cumplieron satisfactoriamente. Las estructuras guerrilleras que operan en las zonas más selváticas de la Amazonía y la Orinoquía, tales como los Bloques Oriental y Sur, cuentan con mayores recursos espaciales para maniobrar y evadir las acciones ofensivas.

En cambio, los destacamentos que se mueven en topografías más reducidas y donde hay, proporcionalmente, una mayor densidad de tropa, cuesta más evadir el combate. Esto explica que en departamentos como Guaviare, Meta, Caquetá y Putumayo no hubo fricciones importantes en el periodo de la tregua unilateral como si los hubo en el norte del Cauca donde se presentaron algunos incidentes que fueron aclarados por las unidades involucradas.

Qué pasará después del 20 de enero. Un ‘déja vu’, como dirían los franceses, que no se cansan de hacer guerras de ultramar. Los reporteros colombianos que cubren las secciones de Orden Público, Conflicto Armado y Judiciales retornarán a su duro oficio y volverán, lamentablemente, a contar muertos y continuarán escribiendo historias de emboscadas, explosiones, voladuras, minas, desplazamiento, bombardeos... En fin.

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