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| 8/30/2014 10:00:00 PM

¿Qué pasó con las decisiones del Consejo de Estado?

Los fallos del Consejo de Estado que en cuatro meses tumbaron o pusieron en la cuerda floja a altos funcionarios están en veremos.

Entre abril y julio de este año el Consejo de Estado produjo una catarata de noticias que sorprendió a todo el mundo. En ese corto lapso, ratificó la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro; tumbó a dos polémicos magistrados, uno de la Corte Constitucional, Alberto Rojas, y otro del Consejo de la Judicatura, Francisco Ricaurte; puso a otro magistrado en ascuas, Pedro Munar, e incluso estuvo a punto de tumbar al procurador Alejandro Ordóñez.

Sin embargo, varios meses después, la imagen de juez implacable que construyó el Consejo de Estado parece desplomarse como un castillo de naipes. La mayoría de esos fallos están atrapados en un pantano y, con excepción del magistrado Rojas, todos los demás siguen campantes en sus cargos.
El caso del alcalde Gustavo Petro fue el que más lejos llegó, pues estuvo 33 días destituido y por fuera del cargo. Pero paradójicamente parece ser el que está más atornillado en su puesto. Como se recordará el Consejo de Estado lo tumbó, y lo sacó literalmente de su cargo, al tumbar una tutelatón promovida por los seguidores de Petro que pretendían dejar sin piso la destitución que le aplicó la Procuraduría, por irregularidades en el cambio de esquema de las basuras. 

No obstante, a finales de abril, un juez de un tribunal de tierras aceptó otra tutela –la única que fue concedida de una segunda tutelatón del petrismo– y ordenó al presidente Juan Manuel Santos restituir al alcalde con el argumento de que debía acatar las medidas cautelares que le concedió al alcalde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Santos habría podido apelar ante la Corte Suprema, pero como para ese entonces estaba en campaña para la reelección, y la ayuda del alcalde era clave, lo devolvió a su cargo de inmediato.

¿Qué puede pasar? En el Consejo de Estado todavía hace trámite la demanda de nulidad de Petro contra su destitución, pero no solo es un proceso lento sino que tiene mucho peso la decisión de Santos de otorgarle la protección especial

En el caso del procurador Alejandro Ordóñez, si bien su caso no llegó tan lejos, todo estaba listo para que la sección quinta del Consejo de Estado anulara su elección el lunes 14 de julio con el argumento de que el procurador no podía ser reelegido. Sin embargo, la ponencia se filtró y los amigos del procurador lograron enredar la decisión al obligar que el caso saliera de la sección quinta y fuera estudiado por la sala plena. 

De eso ya hace más de un mes y desde entonces no se ha movido un dedo. Ni siquiera la sala plena ha discutido si acepta o no la recusación contra los magistrados Alberto Yepes y Lucy Janeth Bermúdez, quienes lideraban la ponencia que tumbaba al procurador. Ni tampoco han puesto en discusión los impedimentos que tendrían varios magistrados.

Esta operación tortuga, sin duda, podría durar hasta diciembre de 2016 cuando termina el periodo del procurador.

Por su parte los polémicos magistrados Francisco Ricaurte y Alberto Rojas se han defendido con manos, pies y boca para evitar perder sus cargos. Ambos fueron destituidos a finales de junio y debían abandonar sus puestos de manera inmediata.  No obstante, Ricaurte, dos meses después, sigue despachando en el Consejo de la Judicatura. Su salida se frenó gracias a que en un procedimiento insólito, Celinea Oróstegui, directora ejecutiva de administración judicial, y subalterna de Ricaurte, puso una tutela exigiendo el respeto al debido proceso porque a ella “no la notificaron de la nulidad de su elección”.

En el caso de Rojas, este evitó hasta último momento salir de la Corte Constitucional, e incluso participó en ponencias clave como la del marco para la paz,  a pesar de estar ya destituido. Sin embargo, la Corte eligió una encargada en su reemplazo y lo dejó por fuera. A pesar de que Rojas se apega a una tutela, el Consejo de Estado ya convocó a los candidatos para sustituirlo. Este parece tener menos reversa.

¿Por qué son tan duros de tumbar? Cada uno es distinto, pero sin duda la corriente renovadora en Consejo de Estado, que llegó bastante lejos con estos fallos, se ha quedado sin oxígeno para maniobrar en sala plena cuando actúan otros más poderosos. 
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