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| 12/23/2002 12:00:00 AM

¿Qué puede pasar en Colombia en 2003?

Algunas cábalas sobre lo que puede ocurrir en el país el próximo año.

En el terreno de los pronósticos, en el país hay una dinámica, más sicológica que histórica, que termina cumpliendo un ciclo fatal: cada año es peor que el anterior. Al menos es lo que ha sucedido en los últimos 15 años. Pero cuando termina un año todo el mundo espera el siguiente con un grado de optimismo. Y 2003 es para muchos colombianos más esperanzador que los anteriores. Después de ocho años de pésimos gobiernos llega uno que ha despertado verdadera euforia. Ahora se siente que hay Presidente, que lidera, manda y sabe. El problema es que las esperanzas suben como la espuma, mientras que los cambios avanzan a paso de tortuga. Y si no se ven resultados rápidos, las expectativas se desinflan tan velozmente como crecieron.

Así que con esta advertencia en mente -que las expectativas excesivas pueden hacer que los colombianos sean demasiado impacientes en 2003-- se puede anticipar una cosa: que el próximo año (y 2004 también) será de gran sacrificio. Así que quienes creen que 2003 es el año de la transición y que 2004 es el de la prosperidad pueden llevarse una gran desilusión. Lo cierto es que los próximos dos años va a ser decisivos: para la política, para la guerra y para la economía. Miremos 2003.



Uno, la política

Si 2002 fue el año de los candidatos en campaña presidencial, 2003 será el año del presidente Uribe en campaña. El primer gran desafío del actual gobierno será sacar adelante el referendo. Una tarea titánica si se tiene en cuenta que para aprobarlo el gobierno tiene que sacar una votación superior a seis millones de sufragios, muy similar a la que eligió al propio Uribe en medio de tanto paroxismo de la opinión. Pero una cosa es el sex appeal de un candidato en campaña que seduce al pueblo y otra muy distinta es salir a votar por un referendo antiglamoroso de 16 puntos que nadie entiende. Uribe excita a las masas, el referendo no. Y el gobierno lo sabe. Por eso se anticipa una campaña en favor del referendo con un eslogan tan claro como contundente: la lucha contra la corrupción y la politiquería. Y seguramente, con técnicas de comunicación al mejor estilo Goebbels: sencillez, repetición y orquestación. Dadas las dimensiones de esta campaña, los recursos que se van a invertir y la importancia que significa para el gobierno -sobre todo en materia económica- el referendo se va a convertir en un plebiscito al gobierno de Uribe. Y lo va a ganar. No es difícil anticipar que luego de cinco meses de campaña, Uribe va a salir en hombros, con el referendo en el bolsillo, otra victoria electoral en menos de un año y su mandato refrescado y relegitimado. Aún si entre faena y faena recibe un par de cornadas que le descosen el traje y lo tumban al ruedo. La pregunta que va empezar a gravitar en los círculos de poder es: ¿si Uribe va a estar en campaña, quién gobierna? Sobre todo conociendo el estilo de este Presidente, que le gusta estar encima de todas las decisiones. Para los áulicos de Palacio, Uribe podrá con los dos frentes ("¿Es que lo vieran trabajar?"). Pero a ellos -y a mucho uribista fanático- hay que recordarles la anécdota de Julio César que, cuando entraba con su carruaje a Roma en medio de cánticos y pétalos de rosa, había un esclavo a su lado cuya función era la de susurrarle en la oreja: "Recuerda que eres humano".

En la otra orilla va a estar la campaña por el abstencionismo, conformada por el Polo Democrático, movimientos sociales y de izquierda, sindicatos y una numerosa burocracia estatal que verá congelados sus salarios si pasa el referendo. Esta oposición tendrá que enfrentar el fervor uribista con pocos recursos. Se valorará la disidencia en medio de tanto unanimismo pero, para ser sinceros, estos grupos no tienen opción. El gran interrogante detrás de estos movimientos es si sus archipiélagos de intereses y tendencias ideológicas logran convertirse en el embrión de una oposición política al actual gobierno. Sin embargo, es muy improbable debido a su ya tradicional desorganización y a esa inevitable tendencia a la canibalización de la izquierda colombiana. No habrá entonces una oposición al gobierno de Uribe sino algunos opositores al presidente Uribe. Un Navarro, un 'Lucho' Garzón y, por qué no, un Serpa cuando se aburra en la OEA. Más allá de si se organiza la oposición, lo que sí va a haber es una oposición espontánea y desorganizada: protesta social callejera, paros y bloqueos.



Dos, la seguridad

Pronosticar qué va a pasar con el orden público en Colombia es como jugar ruleta rusa (¿de dónde provendrán las balas?). Con la diferencia de que en nuestro país la pistola no tiene una sola bala sino que el tambor está medio lleno. Duele decirlo, pero habrá más sangre.

Este año marcó cierto rumbo sobre para dónde va el conflicto en 2003. Las Farc concentrarán su esfuerzo bélico principalmente en cuatro frentes. El primero es atacar la infraestructura del país. Derribar torres, atentar contra los oleoductos y dinamitar puentes es una estrategia de alto impacto y bajo costo. Y les permite abrir aún más las venas de un Estado quebrado y sin posibilidad de endeudarse. El segundo es profundizar su oleada terrorista en las ciudades. Esta fórmula tampoco requiere grandes inversiones y sus efectos sicológicos son devastadores. Tratarán de hacer atentados espectaculares principalmente dirigidos contra objetivos militares o símbolos del Establecimiento. El tercero es secuestrar más políticos o personas que les permitan presionar un canje. Agudizarán así la macabra fórmula de Pablo Escobar de tratar de arrodillar al Estado secuestrando sus figuras más insignes o llevándose a los símbolos más pródigos de su clase dirigente. El cuarto, intentarán una operación militar de envergadura, ya sea atacando una guarnición militar en zona rural o realizando un sofisticado operativo en una gran capital: dejarla sin luz o sin agua, o reeditar el episodio del edificio de Neiva a gran escala. Con esto las Farc quieren demostrar que nadie está a salvo y que su poder de intimidación no se reduce a simples actos terroristas que sólo reflejan cobardía y debilidad militar. En este último punto no es descartable -o, más bien, debe ser previsible- un atentado contra el presidente Uribe, quien es la máxima encarnación de lo que ellos pretenden derrocar. Pero esto último, mejor dejémoslo ahí y confiemos en que va a estar bien protegido.

Un punto difícil de determinar es si las Fuerzas Militares empezarán a obtener resultados claros y concretos después de tanto gringo, Plan Colombia y profesionalización de la tropa. Aquí me atrevo a anticipar que los resultados van a ser concretos e importantes pero no evidentes. No creo que vayamos a ver al 'Mono Jojoy' con traje de rayas expuesto al público como lo hizo Fujimori cuando capturó a Abimael Guzmán. Ese golpe propagandístico que nos haría sentir más cerca de la victoria quizás no ocurrirá en 2003. Pero habrá una serie de victorias militares silenciosas, tácticamente relevantes, que son las que permiten ganar las guerras. Redes de protección local con los soldados campesinos, aumento del número de desertores, control de corredores, golpes a las finanzas y más bajas enemigas. No son noticia, ni evidentes, pero son estratégicamente decisivas.

Con la llegada de Uribe a la Presidencia hubo un cambio en el estado de ánimo del país frente al conflicto que seguramente se prologará en 2003: los colombianos se sienten más seguros. Y están volviendo a recorrer al país. Dentro de la nueva estrategia del gobierno de recuperar el territorio es esencial que los ciudadanos derroten el síndrome del rehén.

Pasando al capítulo paramilitar, la inminente y bien recibida negociación con las autodefensas es más difícil de lo que parece en 2003. Porque una cosa son los incentivos que tiene la actual cúpula de los paramilitares para negociar, como llegar a un acuerdo para que no los extraditen, y otra muy distinta es la lógica que explica la existencia y la expansión de este fenómeno. Y esta última, más estructural, conspira contra una negociación en las actuales circunstancias de la guerra. ¿Qué va a pasar con los territorios controlados por las autodefensas? ¿Pueden las Fuerzas Militares defender a los comerciantes, ganaderos y políticos que hoy financian a los paramilitares? ¿Qué va a pasar con los cultivos de coca y amapola que hoy controlan las autodefensas? ¿Se los dejan a la guerrilla? De esta forma, si una negociación con una facción de los paramilitares prospera en 2003, ésta será inmediatamente copada por otros grupos paramilitares. Y así sucederá, como cuando uno trata de extirpar una bola de mercurio, mientras no exista un proceso de negociación serio con la guerrilla.



Tres, la economía

La economía es, sin duda, el tema más sensible del país. Los países sólo se vienen al piso como las estanterías cuando sus economías colapsan. Basta con ver Argentina. Y en Colombia hay un factor determinante para que la economía crezca: que mejore la situación de seguridad.

El gobierno calcula que la economía crecerá un 2 por ciento en 2003. Los analistas privados, por su parte, pronostican un crecimiento un poco mayor (entre 2 y 2,5 por ciento). Se trata, en todo caso, de unas tasas modestas. De acuerdo con estas proyecciones, el desempeño de la economía en 2003 será apenas levemente superior al del año que termina, que fue bastante regular.

Entre las cosas que jugarán a favor del crecimiento está el optimismo empresarial que se respira últimamente en el país. Todos los sondeos confirman que entre industriales, comerciantes y consumidores hay unas expectativas más favorables sobre el futuro de la economía, que podría atribuirse en buena parte a la confianza en el nuevo gobierno, que al parecer tendrá una luna de miel más larga de lo normal con la opinión pública. De mantenerse, este efecto sicológico podría darle un impulso importante a la economía, en la medida en que se traduzca en más proyectos de inversión por parte de los empresarios.

Otro factor que tendrá una influencia positiva es el consumo interno. Después de estar postrada durante cuatro años y de un primer semestre muy flojo en 2002, en los últimos meses de este año se ha visto un repunte notorio en la demanda interna. Esto se ha reflejado, por ejemplo, en los resultados del comercio, en las ventas de carros y en las compras con tarjeta de crédito. Esta tendencia, junto con la resurrección de un sector clave como es la construcción, permite prever que en 2003 el crecimiento económico no dependerá exclusivamente de las exportaciones, sino que se apoyará más en el mercado nacional.

Pero todo esto no bastará para que el año entrante sea espectacular, pues hay otros factores que jugarán en contra del crecimiento. El recorte del gasto público y, sobre todo la reforma tributaria, golpearán sin duda la reactivación. El mismo gobierno admite que podría darse este efecto recesivo, aunque advierte que sería mucho pero si no se hicieran las reformas (se dispararía el riesgo país, las tasas de interés y la devaluación).

Por el lado de las exportaciones, que tanto han ayudado a la economía colombiana en los últimos años, habrá resultados distintos, según el sector y el destino de las ventas. Las perspectivas son malas para las exportaciones dirigidas a la comunidad andina, por la crisis política de Venezuela, que tardará en encontrar una solución definitiva, y también por las debilidades de Ecuador, que ha perdido competitividad con la dolarización. También hay que tener en cuenta que el principal rubro de exportación de Colombia, el petróleo, ya empezó a agotarse y por lo tanto en los próximos años se extinguirá gradualmente esta fuente de divisas.

Por el lado de las exportaciones la buena noticia vendrá por cuenta del tratado de preferencias arancelarias que Estados Unidos les otorgó a los países andinos (el Atpa). Para algunos sectores nuevos que fueron incluidos en el tratado, como las confecciones y el calzado, este tratado podría ser una catapulta para multiplicar las ventas a Estados Unidos. También podría serlo para otros sectores, que además se beneficiarán del repunte económico que, se espera, tendrá el país del norte a partir del segundo semestre de 2003.

Lo bueno de hacer predicciones es que uno puede decir lo que quiera. Lo malo es cuando a alguien le dé por leer este artículo en diciembre de 2003.
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