Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2011/04/06 00:00

¿Qué significa el acuerdo para impulsar el TLC con EE.UU.?

Analistas coinciden en que aún falta trecho para la aprobación del tratado y que casarse con la agenda de un partido en campaña tiene sus riesgos. Pero también resaltan el compromiso con los Derechos Humanos.

El presidente Juan Manuel Santos (izquierda) y su homólogo Barack Obama (derecha) se reunirán este jueves para acordar una estrategia de impulso al TLC.

Una vez más se revive la esperanza de quienes ven en el TLC con Estados Unidos una oportunidad para su crecimiento económico. El anuncio de que en las próximas horas los presidentes Barack Obama, de Estados Unidos, y Juan Manuel Santos, de Colombia, firmarán un acuerdo para la ratificación del TLC, despierta entusiasmo.
 
El TLC lleva cuatro años engavetado en el Congreso estadounidense. Políticamente, esa demora ha sido aprovechada por los defensores de derechos humanos para poner el foco sobre los problemas de Colombia en esa materia, pero a la vez, ha frustrado las expectativas de sectores económicos que lo consideran provechoso para sus intereses.
 
Las condiciones
 
Según versiones extraoficiales, el acuerdo incluirá un compromiso de Colombia para la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores colombianos. Uno de los aspectos clave es la supresión de las cooperativas asociadas de trabajo, determinación que es vista con buenos ojos por el propio Santos y su vicepresidente, Angelino Garzón.
 
Las cooperativas han sido utilizadas por algunas empresas para evadir el pago de impuestos y además han contribuido a desmejorar las condiciones laborales.
 
El acuerdo también incluye una mayor veeduría de Estados Unidos en Colombia por los derechos humanos, especialmente los de los líderes sindicales.
 
Para el economista Jorge Pulecio, del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, esta sería “una concesión inédita en la firma de tratados de comercio internacional”.
 
Hasta ahora, el argumento de la protección a los sindicalistas había sido utilizado políticamente por los demócratas para eludir la ratificación del TLC en el Congreso estadounidense, pero nunca había sido contemplado como un compromiso que deben asumir quienes firman los tratados con Estados Unidos.
 
Para el economista y analista de RazónPública.com Amílkar Acosta, los reclamos de Washington no son nuevos. Precisamente, dice, los resultados flojos en la protección a los derechos humanos les habían dado argumentos a los demócratas para no aprobar el tratado.
 
“La diferencia —argumenta— es que Santos ha sido más proactivo en inculcar cambios en esa materia, y eso lo han sabido valorar en Estados Unidos”.
 
El compromiso seguramente tendrá repercusiones políticas porque será visto como una concesión a los demócratas, ad portas del comienzo de la campaña presidencial por la Casa Blanca. Esa circunstancia le da un significado distinto al anuncio del impulso demócrata del acuerdo en un Congreso de mayoría republicana.
 
Por esta razón, para Acosta, “debemos recoger lecciones aprendidas”. En su criterio, el gobierno colombiano bajo la administración de Álvaro Uribe cometió el error de tomar partido por la candidatura de John McCain. “Esa factura todavía nos la están cobrando”, agrega.
 
¿Qué significa?
 
El anuncio del acuerdo para impulsar el TLC sorprendió, más aún cuando el pasado 25 de enero, el presidente Barack Obama, en el Discurso anual del Estado de la Unión, reiteró “que sólo suscribiría pactos que beneficiaran a los trabajadores estadounidenses y promovieran empleos en Estados Unidos”. En otras palabras, en ese momento no dijo que no, pero tampoco dijo que sí.
 
Ahora, según lo confirmó el representante comercial estadounidense Ron Kirk, el acuerdo se logró luego de que Colombia se comprometió a incrementar las protecciones laborales.

Pero, también, el acuerdo es visto como una oportunidad para Estados Unidos de incrementar sus exportaciones, tras el coletazo de la crisis económica que lo sacudió. El presidente del Comité de Finanzas del Senado, el demócrata Max Baucus, dijo que, una vez ratificado, “el TLC aumentará las exportaciones estadounidenses, creará empleos bien remunerados en EE.UU. y ayudará a cimentar nuestro liderazgo en la apertura de mercados globales”.
 
Un hecho que no se puede soslayar es que, recientemente, Obama anunció que aspira a la reelección. Y otra vez, el TLC puede caer en el entramado de los intereses políticos.
 
Para la internacionalista Sandra Borda, experta en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, “Obama intenta enviar el mensaje de que tiene voluntad política, y así mostrarse amigable. recientemente el mandatario estadounidense se ha mostrado interesado en ganarse al sector privado”.
 
En criterio de la analista, la ratificación del TLC no es algo que trasnoche al electorado estadounidense, por lo que no se puede considerar un aspecto significativo de la campaña que se cierne. No obstante, mostrar esa “voluntad” sí le ayudaría a contener, en parte, las críticas de republicanos como John McCain, que califican de negativo el hecho de que el principal aliado de Estados Unidos en la región no cuente con un tratado comercial.
 
El economista Acosta, por su parte, considera que el acuerdo hace parte del replanteamiento de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos que se han suscrito a temas como la seguridad y el narcotráfico. “Además, pone de manifiesto por parte de Estados Unidos, el interés de recomponer sus relaciones con América Latina y, particularmente, con Colombia”.
 
No así lo cree Borda. En su criterio, el gobierno colombiano se había comprometido a diversificar sus relaciones con Estados Unidos y las recientes declaraciones de Santos muestran que “Estados Unidos sigue siendo el eje de la política exterior colombiana. El TLC debe ser una alternativa de las relaciones, pero no la única”, dijo la analista.
 
¿Lo aprobarán?

Al margen de los compromisos que asuma la administración de Santos con el respeto a los derechos de los sindicalistas o con la mejora de las políticas laborales, la ratificación del TLC no está asegurada. Una cosa es el compromiso, y otra la garantía plena de la aprobación del TLC que se firmó por los dos gobiernos en el 2006.
 
Santos, sin embargo, parece decidido. Este miércoles desde Nueva York dijo que intentará fijar con Obama una fecha para la presentación del acuerdo ante el Congreso de EE.UU.
 
No obstante, Obama no tiene control de toda la bancada demócrata y, en criterio de Borda, “son más indisciplinados que los republicanos”. “Dentro de ese partido hay personas que tienen un peso en los sindicatos, que tal vez no van a estar de acuerdo”, agregó.
 
En ese mismo sentido, Pulecio advierte que aún no está clara la posición de todos los demócratas que consideran “demasiado costosa la aprobación del TLC”. Por eso, lo que se prevé es que haya una intensa discusión, pero la aprobación del tratado podría tardar.
 
En las últimas semanas, líderes de ambos partidos han pedido a la Casa Blanca que envíe al Congreso el TLC para su votación definitiva, pues Colombia ha negociado acuerdos comerciales con otros países.
 
Según el tratado, el 80 por ciento de las exportaciones estadounidenses a Colombia estará libre de impuestos y los aranceles restantes desaparecerán durante los próximos 10 años. Más de la mitad de las exportaciones agrícolas estadounidenses a Colombia también serán libres de impuestos, y casi todos los aranceles desaparecerán en 15 años.
 
La pregunta que surge es si después de más de cuatro años las condiciones del tratado que se firmó en el 2006 siguen siendo las mismas. En ese momento no había llegado la crisis económica y algunas de las condiciones estaban pensadas para su aplicación cercana.
 
De hecho, el cuestionado programa Agro Ingreso Seguro se había pensado para contener el efecto negativo del acuerdo en el sector agrícola. Más de cuatro años después, este “está peor”, en palabras de la exsenadora Cecilia López.

No obstante, el debate se ha concentrado en la “dignidad” que representa tener un TLC, y no en sus efectos. Y el Gobierno no parece interesado en abrir, otra vez, esa caja de pandora. Es decir, el acuerdo no se renegociará.

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