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| 5/19/2012 12:00:00 AM

¿Quién atentó contra Londoño?

Por qué en el atentado contra Fernando Londoño todo apunta a las Farc.

En Colombia no siempre resulta fácil saber de dónde vienen las bombas o los actos terroristas. El asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, en 1995, así como el atentado contra Germán Vargas en octubre de 2005, fueron actos perpetrados por la extrema derecha. El ataque al club El Nogal en 2003 y el carro bomba contra Caracol Radio en agosto de 2010 fueron cometidos por la guerrilla. Es por casos como estos que determinar quién pudo estar detrás del atentado del martes de la semana pasada contra el exministro Fernando Londoño no parece fácil.

El bombazo causó profundo desconcierto entre los colombianos. Y no era para menos. Ocurrió justo cuando el país atravesaba un periodo de buenas noticias y optimismo como resultado de la Cumbre de las Américas, la entrada en vigencia del TLC, el aumento en la inversión extranjera y la economía creciendo al 5 por ciento o más. Adicionalmente, un ataque contra una figura representativa del establecimiento no ocurría desde el atentado que casi le cuesta la vida a Germán Vargas hace casi siete años, cuando estalló un carro bomba al paso de su caravana.

Las características del golpe contra Londoño hicieron recordar, no solo a los bogotanos sino a todos los colombianos, las épocas más oscuras del terrorismo en el país. La detonación ocurrió a las once de la mañana en uno de los sectores más transitados del norte de la capital. Las imágenes de los más de 40 heridos sangrando y los hierros retorcidos de los vehículos evocaron la época de Pablo Escobar. La impactante imagen del rostro ensangrentado de Fernando Londoño difícilmente será olvidada, así como la escena en donde se ve al exministro salir del carro blindado humeante y caminar con su ropa llena de sangre ayudado por sus dos escoltas, uno de los cuales se abrió paso entre la multitud con su pistola en la mano (ver recuadro).

Ese martes 15 de mayo también quedará en la historia porque los capitalinos se despertaron con la noticia de que a las cinco de la mañana la Policía metropolitana había descubierto y desactivado un carro bomba cargado con 140 barras de explosivo Indugel, el cual iba a ser detonado contra la sede principal de la Policía en el centro de la ciudad. Esa, que parecía una buena noticia porque se impidió el atentado, fue opacada por la detonación y el ataque contra Londoño y terminó por enrarecer el ambiente, ya que Bogotá nunca había sido víctima de dos ataques de ese estilo en un mismo día.

Para frenar las especulaciones, el presidente Santos dio unas declaraciones notificando lo que las autoridades habían podido establecer hasta el momento. "La información que el gobierno tiene por parte de la Fiscalía y la Policía es que en el primer caso, el del carro bomba que se encontró en la madrugada, hay evidencia clara de una relación con las Farc", aseguró. Sin embargo, aclaró que "no se ha encontrado ninguna evidencia que relacione ese caso con el del atentado contra el exministro Fernando Londoño".

Esa información, no obstante, tenía algo de desconcertante. Según el gobierno, las Farc iban a volar el comando de Policía en el barrio Eduardo Santos y, por la cantidad de explosivos incautados, arrasarían con una manzana entera en el centro de Bogotá causando decenas de muertos y centenares de heridos. Una tragedia de una dimensión cercana a la del Club El Nogal. Pero también, de acuerdo con las palabras del presidente, todavía no sabían quién estaba detrás del atentado a Londoño. Esto querría decir que, si no fueron las Farc, en un mismo día, y con intervalo de pocas horas, Bogotá podría haber sido víctima no solo de la guerrilla sino de otro grupo terrorista por identificar. Algo no solo bastante inverosímil sino extremadamente preocupante. Por eso es que algunos analistas se están inclinando por la teoría de que es más probable que los dos ataques provinieran de las Farc.

Reconocer que este grupo guerrillero está en capacidad de mover semejante cantidad de explosivos en la capital de la república no deja de ser grave para el gobierno. Esto evidenciaría que la guerrilla no solo estaría fortalecida en algunas zonas rurales como Cauca, Caquetá o Catatumbo, como se creía, sino que cuenta con el músculo logístico requerido para planear y ejecutar golpes contundentes en la propia Bogotá.

La claridad del gobierno frente al origen y responsabilidad del carro bomba desactivado contrasta con lo poco que se conoce sobre el atentado de Londoño tres horas más tarde. Todo lo anterior relega un poco la interpretación que se había considerado inicialmente de que el terrorismo de la semana pasada proviniera de la extrema derecha.

El propio presidente Santos ya había mencionado a estas fuerzas oscuras desde mediados del año pasado cuando dijo que había no una sino "dos manos negras que están al acecho. Manos negras de extrema izquierda y de extrema derecha". A la primera le puso nombre y apellido: las Farc. A la de derecha la definió como la que se oponía en ese momento a la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras: "Asesinan a los líderes campesinos que están queriendo recuperar su tierra (y) no quieren que se reparen las víctimas, solo los victimarios". En ese momento también la vinculó al narcotráfico, la responsabilizó de un petardo que a mediados del año pasado pusieron al busto de Laureano Gómez y la señaló como la responsable de acudir a esos actos para "exagerar la inseguridad".

Uno de los principales argumentos que se ventiló la semana pasada para señalar a la mano negra como eventual responsable del atentado contra Londoño fue que ese día se votaba en el Congreso el Marco para la Paz. Esta ley en teoría debía ser bienvenida por la guerrilla y rechazada por la extrema derecha, pues se trata de una reforma constitucional que le concedería a la guerrilla un trato penal más favorable en una eventual desmovilización. Por esa razón, lo lógico sería que los menos interesados en sabotearlo fuera la propia guerrilla. Por el contrario, la extrema derecha que se opone a cualquier acuerdo de paz, podía tener interés en torpedear la iniciativa. Esa teoría, sin embargo, se derrumbó con la confirmación de Santos de que al menos el carro bomba desactivado era de las Farc.

"Aunque no ha sido usual ni común, no hay duda de que las Farc sí estuvieron detrás de las dos acciones. La del carro bomba buscaba crear un distractor que permitiera ejecutar con libertad el ataque contra el exministro", dijo a SEMANA un integrante de una agencia de inteligencia. Confirmó también que Londoño ha sido una vieja obsesión de la guerrilla desde cuando atentaron contra El Nogal en 2003. En varios de los computadores incautados como en los de Raúl Reyes y Carlos Antonio Lozada son numerosas las comunicaciones y referencias para atentar contra el exministro.

De confirmarse que los dos golpes terroristas fueron de las Farc, la llave de la paz que el presidente ha dicho que tiene en el bolsillo tendrá que quedarse allí mucho tiempo. Si el día que se iba a llevar a cabo una votación que la favorecería, Timochenko da ese portazo macabro, lo que está dejando saber esa puerta, que el gobierno tenía entreabierta, le tiene sin cuidado. La interpretación de que esta escalada no es más que un intento de llegar fortalecidos a la mesa de negociación puede ser real pero sería equivocada pues con lo que ha sucedido, cualquier posible conversación de paz queda descartada durante mucho tiempo.
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