Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/04/11 00:00

QUIEN GANO Y QUIEN PERDIO

Pastrana gana, Duran gana, Galan sobrevive y Samper pierde, mientras el pendulo ideológico del país se mueve hacia la derecha.

QUIEN GANO Y QUIEN PERDIO

¿Quién ganó y quién perdió? iComo siempre, esas eran las preguntas al día siguiente de las elecciones del 13 de marzo. Tradicionalmente en Colombia todo el mundo gana y pierde al mismo tiempo, y en esta elección este fenómeno no fue una excepción. El lunes en la mañana, con buena parte de los resultados consolidados ya, Luis Carlos Galán había perdido en votos pero ganado frente a Samper, Juan Martín Caicedo había perdido contra Andrés Pastrana pero ganado frente a Carlos Ossa, y asi sucesiva mente. Pero no todo puede ser tan relativo y en la jornada del domingo, hubo vencedores, hubo sobrevivientes y hubo vencidos.

LOS VENCEDORES
En el curso de las 48 horas siguientes a las elecciones, se produjeron toda clase de llamadas telefónicas. Unas para felicitar y otras para dar el pésame. Probablemente, el teléfono más ocupado fue el del ex presidente Misael Pastrana, quien podía reclamar triunfos en más frentes que cualquier otro colombiano. En primer lugar, el de su partido. A los godos, al fin y al cabo les fue muy bien. No sólo casi empataron en número de alcaldías al Partido Liberal, sino que rondaban, al cierre de esta edición, las 450 alcaldías que se habían puesto como meta. Como si fuera poco, gana,ron las dos ciudades más importantes del país, Bogotá y Medellín, tradicionalmente de mayoría liberal, pues, además de que eligieron alcalde, en Bogotá aumentaron su presencia en el Concejo y en Medellín lograron la mayoría de las curules.
Y las felicitaciones a Pastrana no eran solamente por su partido, sino también por su hijo. A los 33 años, Andrés Pastrana es probablemente el mayor triunfador individual de la jornada del 13. La explicación de su triunfo va más allá de su delfinato, de la división liberal y de su secuestro.
La victoria de Pastrana padre es más impactante aún si se tiene en cuenta que el ex presidente había asumido un riesgo político enorme, cuando se jugó la carta de irse a la oposición, en medio de las críticas de todos los que decían que sin ministros, gobernadores y alcaldes que garantizaran la cuota burocrática de los godos, el Partido Conservador estaba condenado a desaparecer. Aunque no hubo barrida burocrática a la antigua, el hecho indiscutible es que el avance conservador del domingo obedeció más a la estrategia de oposición que a poder burocrático. Considerando que hace dos años, con el triunfo de Virgilio Barco, el Partido Conservador parecia condenado a languidecer en una posición minoritaria cada vez más débil, lo que le acaba de pasar es más que una resurrección.
Y aunque ese avance conservador representó un claro retroceso del partido de gobierno, dentro del liberalismo no todo el mundo perdió. Indudablemente el sector que salió mejor librado fue el turbayismo. El ex presidente Julio César Turbay, sin haber asomado la cara desde su embajada en el Vaticano, puede darse por bien servido. En Bogotá, plaza tradicionalmente antiturbayista donde se estaba jugando el futuro del Partido Liberal, el resultado de sus huestes fue más alto de lo esperado. Los 100 mil votos obtenidos por las listas duranistas de Fernando Botero Zea y Ricaurte Losada, fueron con Alvaro Pava y Diego Pardo, los palos de la capital, y esto sin contar los 50 mil votos de Alberto Santofimio, quien en esta oportunidad estaba trabajando para la misma causa.
Pero más que el propio Turbay, quien puede cobrar este triunfo es Hernando Durán Dussán. Ganó por todos los lados: por el de sus concejales y por el de su candidato. Que Juan Martín Caicedo le ganara a Carlos Ossa desafiaba toda la lógica política, a pesar de que muchas encuestas lo pronosticaban. Se daba por hecho que las maquinarias sumadas de la coalición de Galán y Ernesto Samper eran más fuertes que cualquier voto de opinión que pudiera conseguir Caicedo. No fue así, y el correspondiente descalabro que esto significó para Galán y Samper es más triunfo para Durán Dussán que cualquier otro resultado. Todo esto lo hizo sin poner su nombre en la línea de fuego, ya que no encabezó ninguna lista. De esta manera no se dejaba contar en caso de derrota, pero podía cobrar en caso de victoria, aunque ésta fuera sólo moral porque Caicedo -como en efecto sucedió- le ganara a Ossa pero quedara de segundo.
En cuanto a Juan Martín Caicedo, es el candidato derrotado más victorioso en mucho tiempo. Sus 236 mil votos, al ser superiores en 86 mil al total de las listas que salieron elegidas respaldando su nombre (Botero Zea 50 mil, Ricaurte Losada 49 mil y Santofimio 50 mil), lo confirman como un político con votos de opinión, carisma y arrastre. Es previsible que para las próximas elecciones parlamentarias, cualquiera de los "tenientes" que lo acompañaron esta vez, le ofrezca una cabeza de lista para el Congreso.

LOS VENCIDOS
Aunque en política casi nunca se pierde del todo, hay quienes el 13 de marzo quedaron claramente tendidos en el campo de batalla. Sin tener en cuenta casos como el de Jorge Mario Eastman y la Cicciolina cartagenera, el gran derrotado fue Ernesto Samper Pizano. Su meteórica carrera, que parecía estar a punto de colocarlo en el selecto grupo de presidenciables para las elecciones de 1990, se estrelló contra realidades electorales con las que ni él ni casi nadie contaban. Dada la expectativa, respaldada por algunas encuestas, de que iba a empatar o incluso a ganarle a Galán en la capital, la disminución en casi un 40% de su votación y el 1 a 2 que obtuvo frente al jefe del Nuevo Liberalismo constituyen un duro golpe que cambia todas las perspectivas de Samper, al menos a corto plazo. Si bien es cierto que su derrota tiene pocos atenuantes ya que contaba con más burocracia y medios de comunicación que cualquier otro candidato, también lo es que, como lo demostró después de su humillante derrota para el Senado en 1982, a él no lo entierran fácilmente.
Al que tampoco le fue bien fue al alcalde de Bogotá, Julio César Sánchez. Aunque le caminó a los dos bandos de la división liberal para evitar suspicacias de parcialidad, el hecho es que su corazón y su matricula estaban con Sagasa. En la medida en que Galán y Samper perdieron, el alcalde perdió. Y en la medida en que Durán Dussán, su rival para la designatura, se fortaleció, también perdió. La derrota del pacto Sagasa tiene que incluir entre sus víctimas a su candidato, Carlos Ossa Escobar. No obstante haberse dado siempre por supuesto que sus posibilidades no dependían de él sino de sus patrocinadores, el hecho de que, a diferencia de Caicedo, su nombre no le agregó un sólo voto a su coalición, lo deja mal parado.
El que menos perdió entre los perdedores fue Luis Carlos Galán. Aunque su votación disminuyó en 30 mil votos lo que determinó que perdiera un concejal, su barrida a Ernesto Samper hace que continúe siendo, por lo menos, el gran elector liberal en Bogotá. Este resultado, al ser obtenido en contra de Carlos Lleras, adquiere aún más significación, pues quedó perfectamente claro que el Nuevo Liberalismo puede ser mayoría en el Distrito con Carlos Lleras, sin Carlos Lleras y contra Carlos Lleras.
Por este motivo el ex presidente Lleras es otro de los grandes perdedores de la jornada. Paradójicamente, de no haberse aventurado a lanzar una lista propia, podría haber reclamado, con razón, ser uno de los triunfadores, alegando que su apoyo a Caicedo le otorgó la legitimidad que derrotó a Ossa. La inexplicable decisión de dejarse contar en una lista encabezada por Alejandro Uribe Escobar y Yolanda Pulecio, lanzada desde Nueva Frontera y pregonada con su propia voz por todas las emisoras de radio, se convirtió en el barómetro para medir las fuerzas lleristas en Bogotá: 12 mil votos. Y esta humillante derrota va acompañada del hecho de que por primera vez en medio siglo, el Concejo de Bogotá no cuenta con un solo llerista, pues los galanistas, que eran los simpatizantes del ex presidente ahora son sus enemigos.

Y EN EL 90, ¿QUIEN?
Como estas elecciones tenían la característica de ser una especie de primaria para definir candidaturas presidenciales hacia el 90, también tuvieron implicaciones en cuanto a las aspiraciones de unos cuantos. La conclusión tendría que ser la de que a ninguno de los presidenciables de los dos partidos que se estaban jugando su nombre en la jornada electoral del domingo, le fue bien. Samper quedó temporalmente fuera del juego. Galán y Durán sobrevivieron, pero el hecho de que se veten mutuamente hace imposible, por ahora, que ninguno de los dos sea candidato único del partido. Santofimio obtuvo votaciones decorosas en Bogotá y en el Tolima que lo mantienen vivo políticamente, pero que no le otorgan méritos para entrar al abanico de los viables. Mestre y el Contralor, que estaban de moda últimamente, fueron derrotados en Bucaramanga, su gran feudo electoral.
Y entre los jefes de provincia tradicionales, la mayoría de ellos no obtuvo triunfos contundentes que puedan convertirlos en presidenciables. El que mejor jugó sus cartas en este grupo fue probablemente el vallecaucano Gustavo Balcázar, quien se apuntó a la opción ganadora, en un canje con Carlos Holmes Trujillo de alcaldía por dirección del partido en el departamento.
Todo esto significa que los que tienen más posibilidades son los que, más se mantuvieron al margen de la elección de alcaldes. Y de estos, el indiscutible vencedor es Víctor Mosquera Chaux. A pesar de que su imagen no significa mucho para el grueso público, dentro de su partido es el único jefe con jerarquia y sin vetos. Y en este momento, en medio de la división liberal actual, más importante que tener votos es no tener vetos. Mosquera, gracias al papel que desempeñó como mediador en la división liberal de Bogotá y a la distancia que le permite conservar su embajada en Washington, está hoy bien parado con Galán, con Samper y con Durán al igual que con la mayoría de la clase política liberal.

En el Partido Conservador casi todos los presidenciables que participaron en las elecciones salieron magullados. Rodrigo Lloreda, uno de los pesos pesados del conservatismo, vio disminuír su caudal en el Valle frente a su rival Carlos Holguín.
Rodrigo Marín, al no ganar la alcaldía en Manizales, no se consolidó espectacularmente. El mejor librado puede ser Gabriel Melo, que no sólo salvó su concejal en Bogotá en contra de todos los pronósticos, sino que además terminó, al haber apoyado desde el principio la candidatura de Andrés, en una cercanía muy conveniente con la casa Pastrana. Pero sin duda alguna, los vientos presidenciales soplan en el Partido Conservador del lado de la familia Pastrana. El ex presidente, quien hasta ahora no ha manifestado interés en la reelección, se enfrenta a la realidad de que el único nombre con el que el Partido Conservador podría reconquistar el poder parece ser el de él. Los únicos otros dos conservadores con más votos que él son su hijo Andrés, que es demasiado joven, y Belisario que para muchos godos no es conservador.
El 13 de marzo no sólo ganaron y perdieron personas, sino también ideologias. En este contexto, el domingo pasado ganó la derecha y perdió la izquierda. Las caras sonrientes las tenían los enemigos del proceso de paz, los amigos del sector privado y de la mano dura. Entre éstos están no sólo los conservadores, sino el sector de derecha del liberalismo con Turbay y Durán Dussán a la cabeza. Todo lo que estuviera asociado con proceso de paz, apertura, guerrilla, nuevo espacio político, etc., no salió muy bien librado. En esta categoría están Galán, Samper, Ossa, María Eugenia Rojas, que significaba un reto al bipartidismo, Clara López, la UP en general. La excepción podría ser el joven político antioqueño Alvaro Uribe Vélez quien era el liberal paisa más sonriente a comienzos de esta semana. De resto, el péndulo parece haberse movido hacia el lado de la reacción.
Y por último, no obstante el lugar común, indudablemente ganó la democracia. El país se despertó este lunes con la sensación de que la situación nacional se despresurizó en cierta forma. El índice de participación fue muy alto, a tal punto que colocó la elección de alcaldes muy cerca del nivel de votación promedio de las presidenciales y muy por encima de lo que, tradicionalmente, eran las votaciones de mitaca (ver cuadro). El esquema gobierno-oposición también quedó fortalecido, al demostrarse que la oposición puede ingresar a la administración pública a regir los destinos municipales sin necesidad de que la nombren. En un país donde siempre se ha sentido que, pase lo que pase, siempre son los mismos con las mismas, algunas caras nuevas hacen mucho bien.

ALCALDE DE BOGOTA
(99% de las mesas contabilizadas)

ANDRES PASTRANA (CONS.) 324.275
JUAN MARTIN CAICEDO (LIB.) 236.567
CARLOS OSSA (LIB.) 215.704
MARIA EUGENIA ROJAS (CIVICA) 101.199
CLARA LOPEZ (UP) 33.349

ABSTENCION EN LA MITACA
(1972 - 1988)
1972 64%
1976 66%
1980 67%
1984 62%
PROMEDIO 72 - 84 64.75%
1988 (CON ALCALDES) 56%

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.