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| 8/17/1987 12:00:00 AM

¿QUIEN LOS MATA?

Sigue en el misterio el asesinato de seis policías en Cali.

En la prensa nacional la noticia fue una más de la crónica judicial y en el Valle, lugar de los hechos, la información dio hasta para que se pidiera la cabeza del comandante de la Policía Metropolitana de Cali. Sin embargo, a medida que se van conociendo los detalles del secuestro de ocho policías y el posterior asesinato de seis de ellos, este crimen apunta a ser un acontecimiento de sangre con ribetes de violencia similares a los realizados en los años cincuenta y de un misterio tal, como para un caso de Sherlock Holmes.
El misterio ronda todo lo ocurrido. No es común que ocho agentes, tres de ellos escoltas personales y conductor del comandante de la Policía, se den cita en su día libre y vestidos de civil se vayan de paseo. Pero, eso fue lo que ocurrió. De acuerdo con la versión de uno de los testigos, conocida por SEMANA, el día martes 7 de julio, el agente José Vicente Vanegas Rincón, apodado el "Loco Vanegas", de 26 años de edad y con 10 años de servicio a la institución invitó a Héctor Varela Serna, Tulio Sabogal García, Rodolfo Arenas Jaramillo -escoltas y conductor del comandante-, Edison Serna, Edgar Gutiérrez Rodríguez, Emilio Escobar Fernely y Luis Ambus Villalobos (estos dos últimos se salvaron), para que lo acompañaran a la hacienda Las Palmas, jurisdicción del municipio de Guacarí en el centro del Valle, a un "operativo". En Cali, cuentan que Vanegas era un policía acaudalado. Además de la camioneta marca Chevrolet Luv -en que se transportaron- tenía una tractomula, una casa enorme y una finca.
Según las versiones, a los pocos minutos de que el piquete informal llegara la finca Las Palmas, arribaron cuatro carros con unos veinte hombres que comenzaron a disparar. Escobar Fernely y Ambus Villalobos corrieron y pudieron huir del lugar de los hechos.
Al día siguiente, los familiares de seis de los ocho policías denunciaron ante la Procuraduría Regional del Valle su desaparición. Pero esta no se prolongó por mucho tiempo. El 9 de julio, dos días después, en la ribera del río Cauca, en la jurisdicción de los municipios de Buga, Palmira y Yumbo, aparecieron los dos primeros cadáveres. Eran los de Tulio Sabogal y José Vicente Vanegas. Ambos tenían múltiples impactos de bala, pero además presentaban heridas de cuchillo a la altura de la ingle y debajo del ombligo, aberturas en canal -las llaman los carniceros- que se hacen para que los cuerpos demoren en flotar y que se utilizaron con frecuencia en la época de la violencia.
De inmediato comenzaron a circular toda clase de versiones en el Valle. Unas decían que el asesinato múltiple se debió a que los policías descubrieron en la finca 80 canecas de éter; otras, daban cuenta que en la hacienda se encontraba montado un enorme laboratorio de cocaína y una tercera decía que alli se realizaba un gran negociado de armas.
El periodista Henry Holguín, director del noticiero Super de Cali, dando credibilidad a esos rumores dijo en la emisión del 10 de junio: "Un grupo de policías, que yo citaría entre 8 y 18, cayeron el martes en la mañana en la hacienda Las Palmas, y sin uniforme, estando en franquicia, con el interés -al parecer- de extorsionar a algún tipo de negocio". SEMANA habló con el coronel Eduardo Cardona Peláez, comandante de la Policía, quien dijo: "Mi lema es la ley y la verdad y aunque yo no puedo condenar a estos policías mientras la investigación no finalice, considero que su actuación fue al margen de la ley. El que hayan estado comprometidos dos de mis escoltas y mi chofer es lamentable, agregó, pero desafortunadamente y a pesar de escoger para estos cargos a los agentes con las mejores hojas de vida, estos casos se presentan. Son como las ovejas descarriadas en una buena familia". Por su parte el procurador regional del Valle, Manuel Simón Velásquez, dijo a SEMANA que "el caso es demasiado lamentable y demasiado grave. Se cometieron dos ilícitos: lo que estaban haciendo los policías y su homicidio". Afirmó que este hecho enloda el prestigio de la Policía Metropolitana que estaba siendo recuperado, ya que debido a las múltiples quejas de la ciudadanía, con el apoyo del coronel Peláez, en los últimos meses se han destituido por lo menos 140 agentes cuya labor fue investigada y encontrada al margen del espíritu de servicio que le corresponde a la Policía.
Y si las circunstancias de los homicidios no son claras, los resultados de las investigaciones hasta ahora entran en contradicción con algunas informaciones. De una parte, varios medios de comunicación han reportado el hallazgo de los seis policías asesinados, mientras que al Juzgado Primero de Instrucción Criminal, en donde está radicado el asunto, sólo han llegado cuatro actas de levantamiento de cadáveres.
No obstante el enigma que envuelve a este caso, las versiones en su mayoría conducen a pensar que se trata de un asunto en el que está metida la mano del narcotráfico.
Y es por esa misma razón que está tendido un manto de silencio, como el que ha cubierto a otros hechos de sangre que se han quedado en la impunidad. Y entre la opinión valluna el "crimen de Las Palmas" fue un golpe para la buena imagen de la Policía, que se venía recuperando con las investigaciones internas y las destituciones de agentes a quienes se les había comprobado su participación en actividades non sanctas.



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