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| 2/16/1998 12:00:00 AM

QUIEN MANDA A QUIEN

El Liberalismo parece a punto de formalizar su división con el anuncio de la convención 'anticontinuista'.

El Partido Liberal se ha dividido en tres ocasiones en la segunda mitad de este siglo. Cada una ha tenido su caudillo: Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Michelsen y Luis Carlos Galán Sarmiento. Y la semana pasada parece haberse presentado una nueva división. Pero esta vez sería la primera oportunidad en que se presenta sin que sea impulsada por un líder. El caudillo natural, que debió ser el precandidato Juan Manuel Santos, se 'corrió' en el último momento y posiblemente entre a formar parte del oficialismo. Aunque mantiene un silencio hermético al respecto los senadores cercanos a Santos lo están presionando para que acepte ser el próximo jefe único del partido, con lo que jugaría un papel importante en un eventual gobierno de Horacio Serpa. Para muchos resulta apenas lógico que lo haga ya que, de haberse sumado a la disidencia liberal, habría tenido muchas posibilidades de frenar a Serpa pero muy pocas de llegar a la segunda vuelta. Hubiera tenido que sacrificarse. Sin embargo, según los gestores de la división, en esta oportunidad no es necesario un candidato con aspiraciones que lidere la disidencia para que el Partido Liberal se divida, ni tampoco es necesario oficializar dicha división con una convención paralela para que ésta exista. De hecho, para muchos, la opinión liberal estaba dividida desde que se destapó el escándalo de la narcofinanciación de la campaña de Ernesto Samper hace cuatro años. El senador Luis Guillermo Giraldo y el ex vicepresidente Humberto de la Calle son las dos cabezas que están orientando lo que ellos llaman "la reconstrucción del Partido Liberal". En noviembre del año pasado comenzaron a contactar a diversas figuras liberales: ex ministros, congresistas, ex candidatos a corporaciones públicas y alcaldías o gobernaciones. También hablaron con los precandidatos liberales Juan Manuel Santos, Carlos Lleras y Alfonso Valdivieso, así como con figuras liberales que acompañan a otros candidatos no liberales, como Marcela Lleras y Ramón Jimeno en la campaña de Noemí Sanín, o Gustavo Gaviria en la campaña de Harold Bedoya. El objetivo era simple: abrirle toldo aparte al oficialismo liberal controlado por Horacio Serpa y lograr un acuerdo de todos los candidatos distintos a este último para que se unan en la segunda vuelta contra "el candidato continuista". En otras palabras, oficializar el 'Toconser' (Todos contra Serpa). Los argumentos utilizados por Giraldo y De la Calle eran sencillos: según ellos el liberalismo oficialista estaría representando la lucha contra la libertad de expresión y se habría convertido en la Celestina de la corrupción. Además habría violado los estatutos del partido al renunciar a la consulta liberal. Armados de estos argumentos, De la Calle y Giraldo contactaron a muchos personajes, varios de ellos cercanos a Juan Manuel Santos, que veían con buenos ojos la rebelión. Sin embargo, cuando anunciaron la convención paralela el miércoles de la semana pasada no contaron con que Santos ya había adelantado las negociaciones con Horacio Serpa y que era inminente un acuerdo. Por ello muchos de los consultados inicialmente, y que habían manifestado su interés, se apartaron de la idea y la rebelión parecía abortada al final de la semana pasada.No obstante esa situación no es del todo definitiva. A pesar de que la salida de Santos es un revés importante y es posible que muchos liberales no serpistas eviten asistir a la convención paralela, también es cierto que los disidentes pueden contar ante la opinión como propios a quienes no asistan a la convención oficial.El mayor obstáculo que tienen De la Calle y Giraldo hacia adelante es convencer a los demás liberales antiserpistas de que no se trata de una jugada del valdiviesismo para debilitar a Serpa sin mayores objetivos reales de largo plazo. Después de todo ambos dirigentes son reconocidos seguidores de Valdivieso, quien además renunció a formar parte del Partido Liberal y ya tiene un movimiento con su propia personería jurídica que se llama Valdivieso Presidente. Según De la Calle, sin embargo, "uno de los objetivos de Alfonso Valdivieso si llega a ser presidente es el de reconstruir los partidos, por lo cual, aunque esté por fuera del liberalismo, no es ajeno a la voluntad de reformarlo y recuperarlo". Por lo pronto ambos dirigentes liberales están organizando con optimismo la convención paralela del liberalismo, que ya no se llevará a cabo en el teatro Faenza el próximo 25 de enero sino en el Teatro Libre de Chapinero. Allí piensan definir un acuerdo programático para apoyar listas liberales a las elecciones del 8 de marzo, así como las reglas del juego para el apoyo al contrincante de Serpa en la segunda vuelta. Este apoyo eventualmente se definirá en una segunda convención programada para el primero de junio, cuando se conozcan los resultados de la primera vuelta. Aunque legalmente no tienen personería jurídica ni pueden dar avales o lanzar candidaturas propias, "nadie nos puede quitar la bandera roja ni decir que no somos liberales", dijo a SEMANA Luis Guillermo Giraldo. Tanto De la Calle como Giraldo aseguran que han renunciado a todo interés personal por ser elegidos o nombrados en cargos públicos por cuenta de este esfuerzo. Sin embargo muchos liberales desconfían de qué tan positivos puedan ser los resultados ya que la división puede terminar ayudándole más a Andrés Pastrana que a Valdivieso. A lo cual De la Calle responde: "al Partido Liberal lo han salvado las disidencias, y a su poder renovador le debe su existencia". De ser cierta esta afirmación, todo parecería indicar que el Partido Liberal tendría que perder el poder para sobrevivir.
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