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| 11/2/1992 12:00:00 AM

¿Quién los mata?

Pánico entre los organismos de seguridad por el exterminio sistemático de detectives en Medelllín.


EL PRIMERO FUE ASESlNADO HACE UNAS tres semanas. La cifra de muertos al cierre de esta edición llegó a 20. Esto significa que en Medellín alguien está ejecutando a sangre fria un promedio de un agente de seguridad por día. Inicialmente se pensó que los asesinatos podían tener móviles personales. En otras palabras, que a los agentes alguien los estaba matando por algo que habían hecho. Esta teoría ya quedó descartada. Los están matando solamente por pertenecer a los cuerpos de seguridad del Estado. Al igual que los 450 agentes de Policía asesinados hace dos años, los nombres no importaban. En aquel entonces lo que contaba era que tuvieran uniforme. Hoy sucede exactamente lo contrario: todos los agentes de seguridad que no utilicen uniforme en Medellín están en peligro de muerte.
¿Quién hace todo esto? ¿Qué busca? Como ha sucedido en el país en los últimos años, el primer nombre que sale a flote es el de Pablo Escobar. SEMANA ha interrogado diversas fuentes en todos los organismos de seguridad, y todos coinciden en que el jefe del cartel de Medellín sería el primer sospechoso. Lo curioso es que cada una de estas entidades tiene versiones y análisis diferentes sobre los mismos hechos. Concretamente, tres autoridades del Estado han realizado evaluaciones sobre lo sucedido: la Sijin de Medellín, la Dijin de Bogotá y el DAS.

HIPOTESIS DE LA SIJIN
De todos los organismos este es el que tiene una versión más elaborada sobre lo que está sucediendo. Se han preparado varios memorandos sobre el tema y en este momento es la principal preocupación, pues este organismo tiene 150 de sus agentes en Medellín. El análisis tiene diversos elementos. El primero tiene como fundamento la controvertida entrevista con Pablo Escobar que publicó El Nuevo Siglo el 8 de septiembre, en la que, más que nunca en el pasado, hizo público sus pensamientos sobre diversos temas. Cada una de las lineas de este reportaje han sido minuciosamente estudiadas como si se tratara de jeroglíficos egipcios para tratar de entender la mente del autor. Una frase es considerada la clave del asunto."Pienso que no todos los policías son malos pero sí sé los nombres de los torturadores y de los que disparan indiscriminadamente en las esquinas y en las tabernas de Medellín". Aunque durante toda la guerra del narcoterrorismo Escobar siempre invocó que la violencia de Los Extraditables no era más que una respuesta a la guerra sucia de los organismos de seguridad del Estado, sus palabras en El Nuevo Siglo han sido interpretadas con particular atención dada la coyuntura actual. Pero este no es el único documento citado por la Sijin para sustentar su hipótesis. Hay otro del 17 de septiembre de este año, que es una carta del propio Pablo Escobar al director de la Dijin, coronel Luis Enrique Montenegro Rincón, en la cual hace afirmaciones más precisas. Después de una inbtroducción en la cual el jefe del cartel de Medellín se queja de que se le estén haciendo seguimientos a dos muchachas, amigas del grupo que estaba recluido en la cárcel de La Catedral, señala que tiene información acerca de un plan de la Dijin para secuestrar a su padre. "Si se presentan desapariciones de mis seres queridos, no tendré contemplaciones con las familias de quienes sean responsables de estos hechos. (...) Yo no actuaré sin pruebas pero recuerde que también tengo amigos en la DiJin (...) Acepto los allanamientos, acepto las declaraciones de prensa y acepto que usted tiene que cumplir con sus deberes, pero mi familia y mis seres queridos son intocables". Curiosamente, pocos días después de que esta carta apareciera en la prensa, tuvo lugar una coincidencia que asustó a algunos. El padre de Escobar, de quien él afirma que "anda tranquilo porque está anciano y enfermo y porque no le deben a nadie", fue abordado por agentes de la Sijin quienes se lo llevaron alegando que su presencia era necesaria para solucionar un problema de linderos. Pocos de los presentes creyeron que esa disculpa fuera cierta, pero resultó serlo y el asunto no pasó de ahí.
Aunque Escobar afirmó de manera contundente que no tendría "contemplaciones" con quienes se metan con sus seres queridos, a primera vista no hay evidencia de que esto haya sucedido y muchos creen que el jefe del cartel de Medellín no se va a lanzar a una nueva guerra, a menos que sus enemigos den el primer paso. SEMANA ha podido establecer que el propio presidente Gaviria considera que la principal razón por la cual se desató la guerra narcoterrorista fue por la espiral de violaciones y contraviolaciones de los derechos humanos por parte de los dos bandos en contienda. Desde que estaba diseñando la política de sometimiento a la justicia, el presidente Gaviria ha dado instrucciones claras acerca de que todos los operativos de persecución de los narcotraficantes tienen que ser llevados a cabo sin atropellos de ninguna clase.

VERSION DE LA DIJIN
Los escobarólogos de la Dijin han llegado a la conclusión de que posiblemente hay un episodio que pue de haber sido el detonante de una campaña de retaliación masiva por parte de Escobar. Se trataría de la desaparición de Andrés Molina, un hombre hasta ahora desconocido en el país, pero que según investigaciones recientes era uno de los hombres más cercanos a Pablo Escobar, Los organismos de seguridad sostienen que este personaje es hermano de una de las personas que participaron en la logística del atentado contra Luis Carlos Galán.
También aseguran que después de que Escobar se fugó de la cárcel, Molina era una de las pocas personas que sabía dónde se encontraba y quien le servía de mensajero de sus misivas escritas con el resto de la organización. Hace 20 días Molina desapareció en Medellín, y hay versiones en el sentido de que hombres vestidos de civil lo habrían torturado y posteriormente asesinado. El objetivo sería el de tratar de sacarle información sobre el paradero de "el patrón". Los tres organismos de seguridad consultados por SEMANA reconocen la existencia de Molina como hombre clave para Escobar, lo mismo que su desaparición. Rechazan, sin embargo, que miembros de esos organismos tengan que ver con esos hechos. Indican que las personas cercanas a Escobar efectivamente están en peligro, pero no por cuenta del Estado colombiano sino por los múltiples enemigos del jefe del cartel, que ahora incluye a los clanes Moncada y Galeano, cuyas cabezas fueron asesinadas en hechos cuya autoría intelectual atribuyó a Escobar el Fiscal General de la Nación, señalando que fueron ordenados desde la cárcel.
En un libro que apareció la semana pasada, titulado "El retorno de Pablo Escobar", escrito por los periodistas Juan Carlos Giraldo e Ignacio Gómez, se afirma que la razón de esas muertes fue que Moncada y Galeano trataron de "ponerle conejo" a Escobar. Según el libro, cuando éste se entregó voluntariamente hubo un pacto al interior del cartel de Medellín, en el cual se reconocía el 15 por ciento del valor de todos los embarques por los "servicios prestados a la causa". Estos servicios incluían haber ganado la batalla contra la extradición, cambiando la propia Constitución, y posteriormente contribuir a la pacificación del país mediante su encarcelamiento voluntario. El arreglo consistía en una especie de regalía a Escobar por haber abierto las rutas y garantizado la subsistencia del negocio con la caida de la extradición. El libro afirma que Moncada y Galeano tratan de tumbarlo en un gigantesco embarque de cocaína a Europa y que Escobar, al descubrirlo, exigió una indemnización por el incumplimiento del pacto, pero no hubo acuerdo. En medio de esta negociación, más de 20 personas asociadas con los clanes Moncada y Galeano desaparecieron y dos sobrevivientes se presentaron ante la Fiscalía y echaron el cuento. Los entendidos sostienen que en el mundo de Pablo Escobar lo único igual de grave que meterse con su familia es jugarle sucio.
Por todo lo anterior, las agresiones contra el grupo de Escobar pueden venir de varios frentes. En Medellín se da por hecho que el atentado a bala contra el locutor deportivo Múnera Eastman tiene su origen en su cercanra con el jefe del cartel. Por eso los organismos de seguridad no descartan que las verdaderas causas de la desaparición de Molina puedan estar relacionadas con cualquiera de los múltiples enemigos de Pablo Escobar.
Otro elemento que los investigadores de la Dijin han podido establecer es que alguien en Medellín está ofreciendo 60 millones de pesos a quien encuentre a los responsables de la desaparición de Andrés Molina. Creen que se trata de Pablo Escobar y que los atentados contra detectives y escoltas tienen su origen en que éste le atribuye la desaparición a los organismos de seguridad y a nadie más.

VERSION DEL DAS
EL DAS conoce el caso de Andrés Molina, pero no considera necesario tenerlo en cuenta directamente para asociar a Escobar con las muertes de los agentes secretos en Medellín.
"Escobar es ante todo un estratega y como tal considera que no hay mejor defensa que el ataque", afirmó un investigador de ese organismo. En otras palabras, los detectives serían víctimas de Escobar, no por la desaparición de Molina sino porque son justamente ellos quienes están persiguiendo al fugitivo de La Catedral. La gran innovación en la lucha del Gobierno contra los carteles de la droga es aumentar la importancia de las redes de inteligencia y no recostarse solamente en la capacidad militar. El impacto sicológico de una muerte diaria en ese cuerpo tiene que traducirse en mayores dificultades para los organismos de seguridad.
Como sucede frecuentemente, aparte de Escobar, los segundos sospechosos serían sus enemigos, quienes querrían echarle el agua sucia. Según esta interpretación, Escobar no tendría ninguna razón para enfrascarse ahora en otra guerra contra el Estado pues esto no le convendría a sus intereses inmediatos. Se sabe que no tenía ninguna intención de escaparse de la cárcel de Envigado, por la sencilla razón de que era imposible encontrar un lugar más cómodo y seguro en todo el país. Su fuga fue el resultado de una serie de situaciones confusas que el país ya conoce. Prácticamente desde el día siguiente a ese episodio, 17 abogados a su servicio comenzaron a discutir los términos de una posible segunda entrega. Esta no se ha llevado a cabo pero uno de sus lugartenientes, el Tato Avendaño, se metió a la cárcel de Itagüí para verificar las condiciones de vida en este sitio de reclusión. Una persona como Escobar que está en plan devolverse a entregar, teóricamente no tendría por qué embarcarse en una guerra por debajo de cuerda. A algunos medios de comunicación han llegado cartas atribuidas al cartel de Cali, asegurando que Escobar está intentando confundir a la opinión pública a través de un manejo dual de la situación, utilizando simultáneamente el terror en secreto y la buena conducta en público. En otras palabras, algo parecido al garrote y la zanahoria que el propio Gaviria invocaba cuando estaba diseñando la política de sometimiento a la justicia. En el pasado le resultó. Pero se trataba de una táctica de guerra y, según él señala en su reportaje a El Nuevo Siglo, la guerra quedó atrás y ahora las prioridades son la paz y la concordia.
En este capítulo negro de la historia reciente de Colombia todo es probable y casi nada es seguro. Lamentablemente, lo único que casi todos los observadores consideran seguro es que nunca se podrá saber por lo menos probar quién es la persona que está dando las órdenes de exterminio contra los agentes secretos de Antioquia.-
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