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| 4/29/2006 12:00:00 AM

¿Quién la mató?

Cuatro hipótesis sobre el asesinato de Liliana Gaviria

Como era habitual, Liliana Gaviria Trujillo salió de su oficina el pasado jueves 27 de abril a las 6:30 de la tarde. A esa hora había cientos de personas en el centro de Pereira que iban en busca de transporte después de la jornada laboral. En los alrededores del centro comercial Plazoleta, carrera sexta con calle 19, en donde estaba su despacho, la marejada humana dificultaba el tránsito de los peatones. El movimiento se hacía más difícil por el bullicio de los bares, el comercio informal y las obras del Megabús.

Ese día, Liliana estaba serena y de buen humor, tal como lo testificaron varias de las personas que la vieron salir y que además afirmaron que no observaron nada extraño. Saludó a su conductor y único escolta Luis Fernando Vélez, de 39 años, que la esperaba en una camioneta Ford Explorer de color blanco sin blindaje.

Como siempre, Liliana se hizo en el puesto de atrás diagonal al conductor porque le gustaba conversar con él mientras hacían la ruta. El carro se dirigió al viaducto que lleva el nombre de su hermano César Gaviria Trujillo. El tránsito en el puente de cuatro carriles era denso y pesado. El carro continuó su marcha hacia el sector de La Badea, famoso porque allí funciona la zona rosa y es donde están los más exclusivos bares, discotecas y condominios campestres.

Precisamente allí está el Condominio Gaviria, una urbanización que se ganó ese nombre coloquial porque fue construido por la familia del ex presidente. Y porque en una de sus casas vivía esta mujer de 56 años, divorciada y madre de Carolina, su hija de 23 años, que estudia en Estados Unidos. El carro pasó los locales de rumba que a esa hora estaban abriendo sus puertas y cruzó a mano derecha para tomar la entrada a la urbanización. El conductor redujo la velocidad porque la vía en esta parte es en tierra y además porque tenía que bajarse a abrir el portón de madera.

Hasta enero de 2005 esta labor era cumplida por la Policía de un CAI que estaba allí instalado. Sin embargo, este, como todos los CAI de la ciudad, fue retirado por disposición de la Policía municipal. En septiembre pasado, y ante los ojos atónitos de los habitantes, fue demolido con un buldózer. En esa misma época había sido reducido su cuerpo de escoltas, y también le había sido retirado el carro blindado con el que contaba para su protección. Incluso llegó a estar varias semanas sin ningún tipo de seguridad. Posteriormente, y luego de protestas de la familia Gaviria, le habían asignado un carro normal y un policía.

Por eso como era usual, el agente Vélez, además de conducir y cuidar a Liliana, debía al final de su ruta bajarse del vehículo para abrir el portón de madera. Eran las 6:55 de la tarde. En ese instante y antes de bajarse se percató de la presencia de dos hombres que aguardaban en un carro rojo.

Siguió observándolos mientras abría la puerta del vehículo para acceder a la entrada de la urbanización cuando de repente éstos se bajaron y le dispararon cinco tiros: cuatro lo mataron a él de inmediato y uno más, según las investigaciones preliminares del CTI, atravesó el cuerpo de Liliana por el abdomen y recorrió su cuerpo hasta impactarle el corazón. La herida era mortal.

Los dos hombres se dirigieron hacia ella. El impacto de la acción y de la herida le provocaron una extrema debilidad a Liliana por lo que ambos procedieron a sacarla a la fuerza y a empellones la metieron en el asiento de atrás del carro. Hasta el instante final ella opuso resistencia por lo que al suelo fueron a dar uno de sus aretes y una cadenita que tenía puestos ese día. Las pertenencias quedaron allí tiradas, a dos metros del cadáver del agente Vélez.

Los atacantes huyeron hacia el parque industrial, un sector que a esa hora es un tanto desolado. Detrás de ellos arrancaron dos motos, ambas sin parrillero, tal como lo testificaron los meseros de los bares que observaron en la distancia la acción. La caravana bajó hacia la zona industrial durante dos kilómetros y 600 metros. Hicieron el trayecto en siete minutos, debido a que esta vía se ha convertido en una alternativa para la gente que quiere eludir los trancones del Megabús y en ese momento se encontraron con un tránsito congestionado.

Recorrieron casi tres kilómetros y giraron hacia la derecha, por un callejón, en dirección a la Avícola Bellavista, una granja campesina donde usualmente sólo hay un mayordomo que cuida varios cientos de gallinas. En el corto pero decisivo trayecto Liliana murió, pero hasta último momento debió luchar con vehemencia porque hay huellas de un disparo en el interior del carro, cuya trayectoria es de adentro hacia fuera y que salió por la puerta del conductor, como quedó marcado en el vehículo. Los investigadores creen que ella opuso resistencia por lo que a su captor se le debió disparar el arma. A ella, sin embargo, esa bala no la tocó.

A las 7:05 minutos de la noche los secuestradores apagaron el carro y la dejaron allí muerta. Se subieron a las motos y emprendieron la huida. Es probable que si hubiese salido ilesa, habría sido trasladada por esta ruta que después de atravesar unas montañas se abre a cuatro caminos diversos: Minas del Socorro, La Pajarera, Combia y Marsella. Todas zonas del sector rural del departamento de Risaralda e históricamente de amplio dominio paramilitar.

La Policía, entre tanto, iba a la caza de los autores. Para eso, montaron un cerco que atenazaba la zona industrial y la salida por Dosquebradas. El mayordomo escuchó el ruido del carro y de las motos, pero decidió guardar silencio. Hasta que, a las 7:25, fue interrumpido por la voz de un patrullero de la Policía que le pedía prestada una linterna para examinar el interior del carro.

Allí estaba inerte Liliana con su vestido de flores negras y que en ocasiones, como ese jueves, había combinado con un buzo del mismo color. Era el fin de una vida de esta exitosa pero discreta empresaria. En efecto, Liliana se destacó en el sector inmobiliario, dirigió la constructora Conurbanos y la comercializadora de proyectos habitacionales Integra. Graduada en lenguas modernas, era además miembro de la junta directiva del periódico La Tarde, de Pereira y fundadora del Liceo Inglés.

El patrullero llamó a sus superiores que de inmediato trasladaron la información al presidente Álvaro Uribe Vélez, quien en persona le transmitió al país que había sido asesinada la hermana de César Gaviria Trujillo, ex Presidente de la República, ex secretario general de la OEA y actual jefe del Partido Liberal, que le hace oposición a su gobierno. Este crimen, ocurrido en plena campaña electoral, le hizo recordar al país los peores momentos de violencia que se han vivido en Colombia.

¿Quién la mató?

La primera hipótesis que salió a la luz pública es que Liliana Gaviria iba a ser secuestrada por un grupo de delincuencia común. Sin embargo, los investigadores de la Policía y la Fiscalía ven muy débil esta posibilidad. Para secuestrar a una persona tan conocida como la hermana de un ex presidente y de tanta influencia en la ciudad, se requiere mucho dinero, planeación y experiencia. Resulta obvio que tras el secuestro se desate una persecución en toda la región, por lo que mantenerla en cautiverio requeriría que el grupo tuviera una retaguardia rural, algo que sólo pueden garantizar las guerrillas y algunos paramilitares. También resulta improbable que una simple banda de secuestradores busque un blanco difícil como es alguien con escolta, por escasa que esta sea. No obstante, los investigadores no descartan que un grupo de delincuentes comunes intentaran hacer el secuestro para luego 'vender' a Liliana Gaviria a la guerrilla, como ha ocurrido en otros casos.

La segunda hipótesis es que se trataría de un secuestro hecho directamente por un comando de la guerrilla. En Risaralda actúan el frente 47 de las Farc, al mando de la temida guerrillera 'Karina'. También se sabe que el ELN tiene algunos grupos de milicias en el Eje Cafetero. Para cualquiera de estas guerrillas, el secuestro de la hermana de una figura como César Gaviria requeriría un esfuerzo militar y logístico que no tenía el grupo que cometió el crimen. Los investigadores han encontrado que los secuestradores eran a todas luces novatos, con precaria logística: apenas un carro viejo, dos motos y armas cortas. La Farc estarían interesadas en secuestrar a Liliana Gaviria para presionar aun más el intercambio humanitario al llevarse a la hermana de un ex Presidente que está liderando la oposición. Pero una tarea de tal envergadura política difícilmente se la delegarían a un grupo de delincuentes comunes, que fácilmente puede poner en riesgo la operación. Más aun cuando las Farc han demostrado ser audaces cuando quieren golpear en la opinión pública, como cuando secuestraron a un congresista en un avión, y a 12 diputados en el corazón de Cali.

Sin embargo no es descartable que alguna de las otras guerrillas haya realizado la acción. Hace exactamente 10 años fue secuestrado Juan Carlos Gaviria, el hermano menor de la familia, por un grupúsculo que hasta entonces nadie conocía: el grupo Jorge Eliécer Gaitán (Jega) (ver recuadro). Así mismo, la semana pasada el DAS recibió en Norte de Santander uno de los golpes más duros de su historia, también por una guerrilla que se supone está casi extinguida (el EPL). Muchos de estos grupos pequeños concentran todos sus esfuerzos en un solo golpe, muy publicitario, bien sea para sacar dinero, o para demostrar que aún tienen capacidad para desestabilizar. Con esta lógica actuó, por ejemplo, el ELN en 1999, cuando en medio de los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana, quiso demostrar que aún tenía capacidad militar, y secuestró primero a todos los pasajeros de un avión, y luego a los feligreses de una iglesia.

La tercera hipótesis es que se trate de paramilitares. Pereira y Dosquebradas son municipios fuertemente influidos por Carlos Mario Jiménez, 'Macaco', oriundo de esa región. En la zona también se sabe que actúan hombres de 'Don Berna', detenido en la cárcel de Itagüí, y un bloque renuente a desmovilizarse, el Cacique Pipintá, que estuvo bajo el mando de 'Ernesto Báez'. No obstante, resulta remoto que los jefes paramilitares desmovilizados estén detrás de una acción criminal que echaría por la borda su participación en un proceso de paz y reinserción que los favorece tan ampliamente. De hecho, 'Don Berna' se encuentra detenido en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí por haber ordenado presuntamente el asesinato de un diputado de Córdoba. Este tipo de actuaciones pone a los jefes paramilitares más cerca de la extradición, y ese es el escenario menos deseable para ellos.

Existe una cuarta hipótesis. La situación de Risaralda, y en particular de Pereira y Dosquebradas, es muy compleja. En los últimos años se siente la influencia de los narcotraficantes en muchos ámbitos de la vida. La tasa de homicidios de Pereira es de 97 por cada 100.000 habitantes. Muchos de estos son ajustes de cuentas entre mafiosos. Adicionalmente, Dosquebradas es considerada como el eje de expansión de nuevas organizaciones criminales, ligadas al comercio de drogas y a una nueva generación paramilitar. Según informes de inteligencia, hay tres oficinas de cobro de cuentas de narcotraficantes, a cargo de 'El Gordo' y 'Vasco', quienes fueron lugartenientes de 'Macaco'. El propio presidente Álvaro Uribe llamó la atención sobre este hecho el viernes pasado. Después de una larga y difícil reunión con el ex presidente Gaviria, Uribe dijo que "hay que derrotar aquí lo que queda del narcotráfico, adelantando operaciones criminales que hacen mucho daño en Dosquebradas, en Pereira y en Cartago. Llamo la atención sobre esto: si hay desmovilizados en esas actividades criminales del narcotráfico, tienen que ser judicializados de inmediato, llevados a la cárcel. Tienen que perder, de inmediato, los beneficios de la ley".

Por eso la hipótesis con más fuerza es que se trata de un crimen cometido por un grupo de sicarios al servicio del narcotráfico y, posiblemente, vinculados a sectores de nuevos paramilitares o, incluso, de desmovilizados. Esta teoría, según las autoridades, se podría sustentar especialmente por la ruta de repliegue que tenían los secuestradores, que conducía a zonas donde operaban bloques ya desmovilizados, y que son de conocida influencia mafiosa. El motivo, más allá de crear impacto político, tendría que ver con los negocios de la familia del ex presidente. Liliana Gaviria era una importante empresaria de la construcción, como lo han sido otros de sus hermanos. Justamente el sector inmobiliario se ha convertido en uno de los más codiciados por quienes quieren lavar sus fortunas de manera rápida. Entre algunas personas cercanas a la señora Gaviria existe la versión de que narcotraficantes la veían como un obstáculo para sus proyectos de construcción en la región.

Si esta última hipótesis llegara a resultar cierta, sería el anuncio de que tal como muchos temen, mientras el país cierra el ciclo de violencia paramilitar, empieza a enfrentarse a un nuevo capítulo de violenica más criminal, más mafiosa, y más difícil de combatir.
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