Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/06/11 00:00

¿Quién miente a quién?

Intrigas internacionales en la compra de armas de los paramilitares

¿Quién miente a quién?

La noticia la dio la cadena norteamericana de televisión ABC: el FBI había capturado en Florida a dos colombianos que intentaban adquirir misiles antiaéreos Stinger y ametralladoras por un valor de seis millones de dólares en el mercado negro de armas. Los dos hombres -Antonio Ramos Tinoco, de 47 años, y Luis Fernando Arcila Giraldo, de 28- trabajaban -según reporte de los funcionarios federales- para el cartel de Medellín.
A partir de ese momento se puso al descubierto un vasto plan terrorista del que las autoridades, tanto norteamericanas como colombianas, ya tenían conocimiento tres meses atrás. Después de haber utilizado con éxito las tácticas de los carros-bomba y los sicarios suicidas, el cartel de Medellín había decidido poner en práctica una nueva estrategia, cuyo principal instrumento eran cohetes antiaéreos de alta precisión y con objetivos que iban desde el Palacio de Nariño y el avión presidencial hasta los asistentes a la cumbre antidrogas en Cartagena.
Según un informe de inteligencia del DAS, conocido la semana pasada a raíz de las detenciones en Florida, el cartel de Medellín distribuyó a comienzos de este año por lo menos 40 millones de dólares entre los jefes de su organización armada para poner en marcha un plan desestabilizador sin precedentes.
Los nuevos planes terroristas se conocieron en momentos en que la atención de las autoridades colombianas y norteamericanas estaban concentradas en otro caso no menos espectacular de adquisición de armamento por parte del cartel de Medellín: el del arsenal encontrado el año pasado en una de las fincas de Gonzalo Rodríguez Gacha, de fabricación israelí, cuya entrada al país ha dado lugar a una delicada situación diplomática, ante lo cual la primera consecuencia ha sido el retiro temporal del primer ministro de Antigua y Barbuda, Vere Bird.
Detrás del caso apareció nuevamente la controvertida figura del coronel Yair Klein. Según se ha revelado, en marzo de 1989 el Ministerio de Defensa de Israel autorizó la exportación de 400 armas tipo Galil y 100 tipo Uzi, por un valor aproximado de 220 mil dólares (financiados aparentemente por el Banco Hapoalim) con destino a las Fuerzas Armadas de Antigua. Según parece, el cargamento efectivamente llegó a su destino y más tarde, misteriosamente, fue a parar a una de las fincas de "El Mexicano" en Colombia. A medida que avanzó la investigación, pudo saberse cómo Vere Bird, hijo del primer ministro de la isla, se reunió allí con el cabecilla paramilitar colombiano Fidel Castaño y con Klein para planear la operación. Maurice Sarfati, comerciante israelí residenciado en Antigua, fue comisionado para que se trasladara a Israel para llevar a cabo la transacción.
Sin que aun se haya esclarecido el asunto, el gobierno israelí alega que la exportación era perfectamente legal, y que el gobierno de Antigua presentó, como es habitual en estos casos, un certificado de destinación final, expedido por el Ministerio de Defensa de la isla, mediante el cual se comprometía a no dar a las armas un uso diferente al estipulado y no traspasarlas a terceros países. Pero según denunció el periódico norteamericano The New York Times, en Antigua ni siquiera existe esa dependencia, y los funcionarios del gobierno han negado haber hecho jamás esa compra y haber recibido las armas.
Al final de la semana pasada, una comisión investigadora de Antigua viajó a Israel para tratar de aclarar el asunto. Allí, el gobierno israelí mostró por primera vez un certificado de usuario según el cual las armas estaban destinadas a Antigua exclusivamente. Jerusalén insiste en que su actuación se ajustó a las normas legales y que su entrega en Antigua fue debidamente verificada.
Sin embargo, aún hay varios asuntos no aclarados totalmente. El primero de ellos es porque el gobierno israelí autorizó la exportación con base en documentos cuya autenticidad no verificó con el Ministerio de Defensa de Antigua. En segundo lugar, porque ese gobierno solamente presentó el certificado de usuario una vez estalló el escándalo. Y por último, si efectivamente se verificó la entrega, porqué no se ha dado a conocer documento alguno que lo compruebe y ni siquiera el nombre del capitán del ejército israelí que supuestamente viajó con las armas para ese propósito.
La participación del hijo del primer ministro antillano ha puesto en tela de juicio la permanencia de su padre en el poder, al que accedió en 1956. Aunque tanto su gobierno como el colombiano investigan el asunto, no parece posible que se esclarezca en breve término. Pero sean o no ciertos los argumentos de los iraelíes, este oscuro asunto no ayuda en nada a mejorar la reputación de su gobierno como exportador de armas, no importa cuál sea su destino.-

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