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| 8/2/2014 3:30:00 PM

¿Quién quiere matar al ‘hacker’?

Lo que el ‘hacker’ Andrés Sepúlveda le está contando a la Fiscalía apunta a que los escándalos recientes de chuzadas ilegales obedecen a oscuros intereses.

El martes de la semana pasada la Fiscalía reveló la existencia de un plan para asesinar en la cárcel La Picota al célebre hacker Andrés Sepúlveda, lo que había motivado su traslado de urgencia a los calabozos del búnker días antes.

El plan se descubrió gracias a una serie de interceptaciones. En los audios en poder de los investigadores se escucha a alguien conocido con el alias de Cara coordinar los con un interno, y con la aparente complicidad de integrantes de la guardia, los preparativos para matar a Sepúlveda con una pistola con silenciador, cuando saliera de su celda a pasear al aire libre.



Aunque Sepúlveda y su familia ya habían recibido amenazas, según la Fiscalía este es el intento más serio de asesinarlo. Aún está por determinarse quién o quiénes dieron la orden, pero la razón parece obvia: sabe demasiado. Y lo que tiene inquieto a más de uno es que ha venido contándole a la Justicia lo que conoce.

Sepúlveda es clave, entre otras cosas, para terminar de armar un complejo rompecabezas de personajes y episodios que parecían aislados pero que en realidad tienen múltiples vasos comunicantes que han llevado a las autoridades a pensar en una conspiración de gran calado. Hacen parte de ese entramado el caso de las labores ilegales de interceptación adelantadas por el propio Sepúlveda, en el que se vio salpicado el excandidato presidencial Oscar Iván Zuluaga en mayo pasado; el escándalo de la fachada de inteligencia militar Andrómeda que habría también hecho chuzadas irregulares, descubierto en febrero, y el sospechoso cierre de la llamada ‘sala gris’ de interceptación de la Central de Inteligencia Militar (Cime). Cuando fueron denunciados estos escándalos no tenían conexión aparente. Todo indica, sin embargo, que sí la tienen.

Un día después de denunciar el plan contra Sepúlveda, la Fiscalía citó al más alto funcionario de la inteligencia militar, el general Mauricio Forero, y a dos coroneles, con el fin de aclarar una serie de graves dudas relacionadas con estos casos.


‘Hackers’ y camuflados

En febrero, mientras se adelantaba la investigación sobre Andrómeda, fueron relevados los generales Mauricio Ricardo Zúñiga, jefe de Inteligencia del Ejército, y Jorge Andrés Zuluaga, director de la Citec, la Central de Inteligencia Técnica de esa fuerza. Causó sorpresa al interior de la institución que no se tomara una medida similar respecto al general Forero, jefe de la otra central de Inteligencia del Ejército, la Cime, de la que dependía la sala gris, que fue cerrada intempestivamente bajo la sospecha de que se estaban haciendo interceptaciones non sanctas. Forero fue ascendido a la jefatura de Inteligencia y Contrainteligencia del Ejército, con lo que todo el poder de esa actividad quedó en sus manos. En su momento se explicó que este general adelantaba operaciones contra ‘objetivos de alto valor’ (jefes de la guerrilla) y que si lo removían se verían afectadas.

No obstante, con el paso del tiempo, y especialmente con la captura del ‘hacker’ Sepúlveda, en el Ejército y en la Fiscalía se especula si alguien buscaría proteger al alto oficial y sus hombres para evitar que se conozcan los intríngulis de escándalos como Andrómeda, la sala gris y la actividad del propio Sepúlveda en la campaña de Zuluaga. En todos los cuales aparecen, de una forma u otra, el rastro del general o de contactos suyos de inteligencia.

Aunque se tardó varios meses en hacerlo, por algo la Fiscalía los llamó a él y a otros dos oficiales clave a entrevista el viernes pasado. El coronel Hernando Chávez, que fue enviado a comisión de estudios a Estados Unidos, conoce gran parte de lo que ocurrió con las líneas irregulares en la clausurada sala gris, entre otros. Y el coronel Germán Camargo fue la mano derecha de Forero en la Cime y estaba al frente de un proyecto conocido como ‘Monasterio’, una casa fachada cerca del CAN, usada para actividades con desmovilizados, entre otras cosas, cuya legalidad no es del todo clara.

Coincidencialmente, entre los documentos que la Fiscalía encontró en los allanamientos al ‘hacker’ Sepúlveda estaba la base de datos de los desmovilizados, la cual es reservada. Tras su captura, se detectó que personal de la Cime estaría haciendo intentos de hacer llegar información falsa a la Fiscalía, aparentemente para desviar la investigación, así como seguimientos a periodistas que investigaban el tema.

Para resolver estos y otros interrogantes que apuntan a las conexiones que han empezado a surgir sobre estos distintos casos de chuzadas, la Fiscalía llamó a entrevista al general y los dos coroneles.


Eslabones perdidos

Sepúlveda fue el primero que aceptó sus relaciones non sanctas con inteligencia militar. Pero ya han aparecido otros personajes que también están relacionados con la Cime.

El primero es un hombre conocido con el alias de Bambino, a quien Sepúlveda identificó como uno de sus enlaces. “Hace parte (sic) de la Fuerza Aérea desde hace aproximadamente dos años y desde inicios de 2014 hace parte (sic) del comando de las Fuerzas Militares”, aceptó en un comunicado, al conocer esa denuncia, el general Guillermo León, comandante de la FAC el 20 de mayo. Y precisó: “No sabemos cuál es la relación que menciona el señor Sepúlveda con Yesid González y si eso fue al estar en la Fuerza Aérea o en el Comando General. Será la Fiscalía la que determine la situación de tiempo, modo y lugar”.

Bambino salió rápidamente del radar de los medios de comunicación pues la atención se centró en otros dos personajes. Uno es Rafael Revert, el llamado hacker español, que trabajó en la oficina de Sepúlveda y se convirtió en testigo protegido de la Fiscalía tras grabar con su celular y documentar actividades de Sepúlveda, como la presunta venta de información por parte de miembros de la Sijín de Bogotá y la visita del candidato Óscar Iván Zuluaga a sus oficinas. El otro es el ‘hacker ecuatoriano’, Daniel Bajaña, capturado por sospecha, entre otros, de intervenir las cuentas del ex vicepresidente Francisco Santos.

Sin embargo la Fiscalía ha ido descubriendo que Bambino jugó un papel muy activo en varios episodios.

Para empezar, había prestado sus servicios como experto en informática a la Cime, entre otras agencias de inteligencia y entidades del Estado, en donde tenía amigos y contactos. En ese pequeño y oscuro universo de los ‘hackers’, en donde la mayoría se conoce, Bambino había establecido relación con Sepúlveda desde hacía varios meses. Por las mismas razones, conocía desde hacía varios años a Revert y a Bajaña, a quienes habría llevado a formar parte del equipo de Sepúlveda, que para comienzos de este año ya trabajaba en la campaña de Zuluaga desde su oficina en la calle 93 de Bogotá.

Pocos días después de estallar el escándalo de Andrómeda, Bambino se reunió en un bar con dos de los militares que habían trabajado en esa operación, conocidos con los alias Bender y el Costeño. A esa reunión invitó a Sepúlveda y a Revert para presentarlos con los de Andrómeda.

A ambos extranjeros los había contactado, además, con sus enlaces en la Cime, entre ellos dos sargentos encargados de “administrarlos como fuentes”, como se conoce en el argot militar a quienes son reclutados para suministrar información. También los presentó con varios funcionarios de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), el organismo que reemplazó al desaparecido DAS y depende del presidente. Bambino está libre.

Un personaje más ha aparecido marginalmente: Carlos Escobar. Sepúlveda, Revert y Bajaña lo mencionaron como otro de los contactos de Sepúlveda y la inteligencia militar. El portal las2orillas lo describió como un timador con algo de conocimiento de sistemas y manejo de redes y contactos gracias a lo cual había logrado acercarse a políticos y actores famosos a quienes les ofrecía elevar el número de seguidores en Twitter. Habría estado preso en Estados Unidos por actividades como hacker, y es señalado por el gobierno de Venezuela, donde vivió dos años, de haber ‘hackeado’ a Pdvsa, la empresa estatal petrolera.

Escobar tenía una empresa llamada Mavericks. Gracias a sus buenas relaciones con políticos a los que les manejaba sus cuentas de Twitter, logró contactarse con agencias de inteligencia. Entre sus socios estaban un mayor retirado del Ejército y otros dos hacker. Hicieron también contactos y trabajos para varias de las oficinas regionales de Inteligencia del Ejército (conocidas como Rimes), las cuales dependían de la Cime en la época en que el general Forero estaba al frente de la misma. El año pasado tuvo un breve paso por la campaña de Francisco Santos, de donde salió despedido por malas prácticas. Tuvo relación con Sepúlveda y acudía con frecuencia a su oficina. Hoy se desconoce su paradero.

Lo que el hacker Andrés Sepúlveda está contando, y lo que han logrado averiguar las investigaciones, ha puesto sobre la mesa una red de conexiones y personajes comunes entre los distintos eventos de chuzadas recientes, con hilos que llevan de una forma u otra a agencias de inteligencia militar y del Estado, que hacen pensar en una conspiración de alto vuelo y dejan preguntas muy serias que la Fiscalía intenta esclarecer con entrevistas e indagatorias como las de estos días.

¿Tuvieron algún papel la Cime y el actual jefe de Inteligencia del Ejército en estos episodios? ¿Por qué todos los hackers, los que están detenidos y otros aún libres, terminan conectados con inteligencia militar? ¿Cuál fue el papel de la DNI en este rompecabezas? ¿Por qué Bambino se salía de sus funciones autorizadas para relacionarse con Sepúlveda, los otros hackers y la Cime? ¿Quién o qué interés lo llevó a presentar a esos hackers a miembros de organismos de Inteligencia, como la Cime y la DNI? ¿Hizo Sepúlveda parte de algún tipo de operación de inteligencia encubierta? ¿Qué sabían de esto los altos mandos y el gobierno? ¿Quién quiere asesinarlo?

Ojalá el país conozca cuanto antes las respuestas.
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