Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/08/21 00:00

¿QUIEN SERA?

Después de la Convención Liberal, parece quedar claro que la Presidencia de la República se disputaría entre Durán y Galán.

¿QUIEN SERA?

Con el último episodio de la división conservadora, una cosa parece estar cada vez más clara: el próximo Presidente de la República será liberal. Por tanto, cuando se habla de consulta popular para escoger al candidato liberal, en la práctica se está hablando del mecanismo para seleccionar al próximo mandatario de Colombia .

De ahí que los momentos que se vivieron al final de la tarde del sábado en el Centro de Convenciones en Bogotá tuvieran una gran trascendencia. "Los que estén contra la consulta popular, que se pongan de pie", le dijo el ex presidente Julio César Turbay, director del Partido Liberal, a más de 800 convencionistas. En medio de las risas, los que se encontraban parados corrieron a sentarse, pues en el curso de la jornada había quedado claro que quienes durante más de tres meses habían conspirado contra la consulta, en especial los parlamentarios del eufemísticamente llamado Liberalismo 2000, cercano al contralor Rodolfo González, no estaban en capacidad de echar para atrás la decisión de la Convención de Cartagena, y tampoco estaban dispuestos a dejarse contar. El único que se dejó contar, aunque se hicieron chistes, ya que por su baja estatura nadie notó que se había puesto de pie, fue el ex ministro Abdón Espinosa Valderrama.

Así, pues, la debatidísima consulta popular, que había sido el gancho para que el senador Luis Carlos Galán regresara al redil, había superado su último escollo. El temor de que esta fórmula fuera a resultar sólo un esfuerzo inútil o una farsa, quedó por lo pronto relegado cuando, con la única excepción de Alberto Santofimio, los otros cinco precandidatos se pronunciaron en el sentido de que apoyarían a aquel precandidato que ganara la consulta del 11 de marzo. Esto podía interpretarse como una tácita aceptación de que quien obtuviera la mayoría relativa, ya que se da por descontado que ninguno obtendrá la mayoría absoluta, quedaría elegido candidato del partido, y que muy difícilmente la Convención del 21 de marzo podría desconocerle ese derecho .

Hasta entonces, no se sabrá, a ciencia cierta, quién será el ganador y quienes los perdedores en esa contienda. Pero lo que ya se sabe es que el gran triunfador de esta primera parte de la contienda, que terminó con la Convención, fue el ex presidente Julio César Turbay Ayala. Se había jugado su prestigio en la aprobación de este mecanismo. Contra viento y marea lo defendió como un león, dando pruebas de una neutralidad tal que los propios turbayistas estaban comenzando a considerarla hostil, e incluso galanista. Pero si esta firmeza de principios y la lealtad demostrada a su palabra le permitieron cortar orejas, el manejo que el ex presidente hizo de la Convención del sábado le permitió cortar rabo. Sin dar un sólo paso en falso, en todo momento controló la situación, preocupándose, incluso, de que no quedaran mal parados los enemigos de la consulta, a quienes él y la Convención habían derrotado. Los elogios hiperbólicos, que son generalmente lugares comunes dirigidos a los jefes en las convenciones, fueron acompañados en esta ocasión de una singular autenticidad que se manifestó también cuando los convencionistas ni siquiera permitieron que se considerara la posibilidad de que Turbay renunciara a la jefatura del partido.
Superada la anterior batalla, la que se inicia ahora es la verdadera contienda electoral. Como dijera un convencionista, "contratados los jugadores, el campeonato puede entonces arrancar". Y la verdad es que la semana pasada fue definitiva para la contratación de jugadores de los distintos equipos de los precandidatos rojos.

Los discursos de cada uno de ellos en la Convención fueron apenas el primer ejercicio de calistenia. Galán con una mezcla de conceptos y buenas frases, hizo alarde de sus buenas dotes de orador y, a diferencia de los sucedido en Cartagena el año pasado, no escuchó chiflidos ni abucheos. Durán fue aplaudido en especial cuando hizo alusión a su contundente mensaje de "democracia con energía", a pesar de que en otros apartes y después de apoyar la consulta, cayó en la tentación de volver a repetir sus objeciones frente a ella. Samper despertó, una vez más, la solidaridad que ha caracterizado las intervenciones posteriores a su atentado e hizo un vehemente discurso en favor de las reformas del partido y del país. Santofimio, por su parte, se pronunció en contra del gobierno de Barco y del esquema gobierno de partido- partidos de oposición y se extendió en guiños a sus potenciales aliados de la izquierda. William Jaramillo insistió en la necesidad de mirar hacia la provincia y en la descentralización lo mismo que en los temas económicos que domina. Jaime Castro, en un gesto bien recibido en la Convención, se abstuvo de hablar y así lo hizo saber por intermedio de Santofimio.

Pero más que discursos, los convencionistas, como lo venían haciendo a lo largo de la semana, echaban números. La principal conclusión de estos análisis (ver cuadro), es que la Presidencia de la República se la disputarán Hernando Durán Dussán, Luis Carlos Galán Sarmiento. El abanico de los tres más opcionados parece haberse reducido a dos, en la medida en que las fuerzas de Ernesto Samper se perfilan ahora más como el bloque decisorio que como una alternativa presidencial real. Samper, cuyas posibilidades habían mejorado considerablemente después del atentado, parece haber llegado a una situación intermedia en que no cuenta ni con la maquinaria de Durán ni con el prestigio popular de Galán. Sus adhesiones se acercan hoy al millón de votos, pero llegaron a un tope cuando el grueso del grupo de la Contraloría, al cual le había venido coqueteando, decidió hacer causa común con Durán Dussán. Con 922 mil votos incluidos los del senador José Name, Samper ha llegado a la recta final de tercero en apoyo parlamentario. Y, por ello, se requeriría un gran palo para que ganara la carrera.

Sin embargo, cometen un error los que pretenden enterrar prematuramente a este joven y audaz político. Individualmente, Samper tiene el mayor número de delegados en la Convención. Su bloque parlamentario, para efectos electorales, aunque es el tercero, es el más sólido, compacto y homogéneo de los tres. Son fuerzas propias más que fuerzas coyunturales como las de sus rivales. Gane o pierda, una importante mayoría seguirá con él.

El candidato que cuenta indudablemente con la mayor fuerza parlamentaria es Durán Dussán, con la adhesión del grupo de la Contraloría arrancará con un millón y medio de votos. Todo esto hace que Durán Dussán entre de primero en la recta final. En la sede de su candidatura se respira aire de triunfo y las caras preocupadas que se veían antes de la adhesión del senador antioqueño Bernardo Guerra, han desaparecido. El propio Durán actúa más como Presidente electo que como precandidato. Considera que 40 años de vida parlamentaria lo han vuelto un conocedor como pocos, de la clase política, que con ella es mejor ir lento pero seguro. A pesar de algunos contratiempos, uno a uno los grandes jefes políticos han venido adhiriendo a él. Cuenta con el grueso de la maquinaria oficial del Partido Liberal y esta maquinaria desde 1930, cuando eligió a Olaya Herrera, ha ganado todas la elecciones con excepción de las dos en que hubo división: en 1946 con Jorge Eliécer Gaitán y en 1982 con Galán.

Pero aunque la victoria de Durán es probable, no es aún segura. Aunque cuenta con el grueso de la maquinaria, fragmentos importantes de esta quedan por fuera y apoyan a Samper y a Galán. Su candidatura tiene más credibilidad a nivel de clase dirigente que a nivel de bases. El sector empresarial lo apoya inclusive con más fervor que la propia clase política. La gran prensa, en términos generales, también. A nivel de esos grupos de poder, cada vez que se deteriora la situación de orden público, con un atentado, una voladura o un asesinato, aumenta más y más la convicción de que Hernando Durán Dussán es el hombre. Pero no sucede, o por lo menos no ha sucedido, lo mismo, hasta ahora, entre las masas. Según todas las encuestas, las preferencias por Durán a ese nivel son muy bajas y aunque pasan y pasan las semanas, no han aumentado. En Colombia, por lo general, la simpatía popular no ha sido determinante en la selección de un candidato. Tradicionalmente son los elementos del poder, como los que hoy apoyan a Durán, los que deciden. Ni Virgilio Barco, ni Julio César Turbay, ni Misael Pastrana, ni Carlos Lleras eran grandes caudillos de multitudes y, sin embargo, todos llegaron. Una candidatura de este estilo es considerada normalmente fija, a menos que se enfrente a un fenómeno popular tipo Rojas o Belisario. Y la gran incógnita es si Luis Carlos Galán es o no de ese calibre.

Los parlamentarios que hoy apoyan a Galán pusieron en las últimas elecciones cerca de un millón de votos. Esto sumado a fuerzas nuevas con grandes expectativas, como la de Fuad Char en el Atlántico, lo deja 350 mil votos por debajo de Durán, cuyo apoyo parlamentario ascendería a un millón 500 mil. Como las maquinarias políticas son confiables, se puede deducir que estas cifras constituyen votaciones mínimas seguras y la gran pregunta es cuántos votos movilizará el misterioso voto independiente. No hay duda de que Galán obtendrá, en este campo, mucho más que Durán. Su posición en todas las encuestas es que cuadruplica a Durán (50% a 12%) en preferencias electorales. En otras palabras, si hay medio millón de votos independientes por encima de las maquinarias en la consulta popular, es previsible que el grueso sea para Galán y una pequeña porción para Durán. Y ahí se puede acortar considerablemente la ventaja de 350 mil votos que por ahora Durán le lleva a su rival. Por tanto, sobre la base de 4 millones de votos de maquinaria y medio millón de votos independientes, Hernando Durán Dussán le ganaría a Galán, pero por muy poco, incluso si se analiza el efecto del voto conservador que los dos bandos esperan recibir. Si el voto independiente es considerablemente superior a medio millón, Galán podría ganar.

Sin embargo, un factor que hay que tener en cuenta es que, ante la eventualidad de un posible empate, mucho dependería de la posición que adopten los partidarios de Ernesto Samper. Y, como es bien sabido, las simpatías del samperismo están más con Galán que con Durán. No sólo por consideraciones de solidaridad generacional y de renovación del partido, sino porque, fríamente, los seguidores de Samper han calculado que si el Presidente es Durán, el próximo turno tendrán que disputárselo con Galán. Mientras que, si el Presidente es Galán la elección del 94 está asegurada.

En lo que se refiere a los otros candidatos, Santofimio está situado alrededor de los 500 mil votos. Pero aunque juega siempre con su amenaza de seguir hasta el final y fue el único que no se comprometió explícitamente a apoyar al ganador de la consulta, la verdad es que le queda muy difícil dividir al Partido Liberal, ahora que todas sus exigencias sobre la consulta popular se han cumplido. En caso de que decidiera ir hasta el final, los efectos serían más contraproducentes para él que para el Partido Liberal.

Como sucede con frecuencia, los candidatos con menos posibilidades de triunfar son los que formulan propuestas más audaces e interesantes. Este es el caso de Jaime Castro y William Jaramillo quienes, el primero en materia de reforma administrativa y el segundo en asuntos económicos, han venido sugiriendo reformas que de llevarse a cabo, traerían cambios fundamentales en la sociedad.

Por último, cabría hacerse la pregunta de cuáles van a ser las implicaciones reales para las instituciones colombianas, al haberse adoptado la controvertida consulta popular. Por un lado, se afirmó, una y otra vez, que esta era un absurdo, pues permitía la participación de las fuerzas políticas enemigas del Partido Liberal en la selección de su candidato. Los defensores de la idea argumentaban, por su parte, que era la garantía de unidad y por tanto la garantía de triunfo. ¿Cuál de estos dos puntos es el válido? Ambos. Se trata de un instrumento que desafía toda lógica política al quitarle al partido su autonomía de decisión. Pero al mismo tiempo, al meter a Galán dentro del rebaño, asegura un triunfo liberal en las elecciones presidenciales. De institucionalizarse el esquema en la política colombiana, representaría una fórmula tan sui géneris como el Frente Nacional, que no se ha aplicado en ningún país del mundo, pero que aquí se ensayó.

En todo caso, como no hay mal que por bien no venga, existe un argumento a favor de la consulta popular que no ha sido esgrimido hasta ahora. Como todo parece indicar que a medida que se acerca el fin de siglo, el sistema político colombiano tiende más hacia el dominio de un partido inmensamente mayoritario, el liberalismo, que presumiblemente ganará muchas elecciones, el mayor defecto que se le adjudicaba a la consulta puede terminar convirtiéndose en su mayor virtud. En la práctica, la elección presidencial se va a dar en la consulta popular entre los diferentes precandidatos liberales, ya que el enfrentamiento posterior con los candidatos de los otros partidos puede terminar siendo simbólico. Que todos los colombianos puedan participar en la consulta significaría entonces, que las fuerzas políticas diferentes del Partido Liberal no quedarán excluidas del proceso electoral. Es, en cierto modo, una forma de mitigar los peligros de una semi-hegemonía que se ve venir.--

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.