Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

Ráfaga de dudas

La única oferta que tiene el Ejército para una cuantiosa compra de ametralladoras tiene reparos técnicos por parte de las otras fuerzas.

¿Qué pasaría si a la hora de un combate a estos soldados no les funcionan adecuadamente sus armas? Esta es la inquietud que hay tras una compra de ametralladoras que adelanta el Ejército, luego de conocerse un informe donde se cuestiona el trabajo de las armas que posiblemente se van a comprar.

Un nuevo escándalo ronda los corredores del Ministerio de Defensa. La compra de ametralladoras para el Ejército por más de 12 millones de dólares ha despertado inquietud entre los expertos en este tema en las Fuerzas Armadas. La semana pasada, al terminar el plazo de una convocatoria que hizo el Ministerio para esta compra, sólo se presentó una empresa surafricana, mientras que la firma norteamericana que tradicionalmente provee este tipo de armas dice que no participó, pues para ellos "no hay garantías ni transparencia" en el proceso, pues se modificó la ficha técnica del arma y el valor mínimo de la oferta, con lo que, según ellos, se limitó su participación. Pero más allá de los cuestionamientos de una empresa insatisfecha con la forma como se lleva a cabo una licitación, este caso tiene varios componentes que lo hacen particularmente sensible. En un informe reservado de la Armada Nacional que conoció SEMANA se asegura que las armas surafricanas tienen "limitaciones" en algunos aspectos clave que en las condiciones hostiles de un combate les podría restar confiabilidad. También la Policía ha señalado algunas desventajas. Además, la importancia de esta compra que supera las 1.000 ametralladoras es que va a ser determinante la estandarización que se lleva a cabo al interior de las Fuerzas Armadas. Se busca que haya compatibilidad en sus equipos, con lo que se puede lograr economías de escala, transferencia de tecnología y facilidad para hacer operaciones conjuntas. Lo paradójico es que de las 7.800 ametralladoras que hay de este tipo en el país, sólo 600 son surafricanas. Esto empezaría a a cambiar de aceptarse su oferta. Finalmente, el estudio de la Armada recomienda que para compras de esta clase de armamento es preferirle hacerlas gobierno a gobierno y no directamente con el fabricante como la está haciendo el Ministerio de Defensa. Aunque el informe se hizo para el caso de la Armada, sirve como referente al proceso del Ejército. De ahí que la suma de estas variables ha despertado inquietudes sobre un supuesto favorecimiento a la firma surafricana. ¿Resistencia al cambio? Técnicamente a estas ametralladoras se les conoce como calibre 7,62 x 51 MM. Para la tropa esta es un arma esencial en el combate por su capacidad de fuego y la distancia que cubre. Es conocida como un arma de acompañamiento y se procura que un pelotón -una avanzada de 36 hombres- ande mínimo con dos de ellas. La referencia del modelo norteamericano es M-60 y la del surafricano es SS-77. Esta últimas son fabricadas por la compañía Denel, una empresa gubernamental que ha sido proveedora de las Fuerzas Armadas colombianas desde hace un par de décadas. Es reconocida por la munición, granadas y morteros que fabrica, y sus líneas de producción incluyen la elaboración de misiles y hasta vehículos blindados. Según su representante en Colombia, el costo de sus ametralladoras es de 9.500 dólares. Un precio más competitivo que el de las gringas. La última serie de las M-60 cuesta alrededor de 12.500 dólares, según el representante de la firma U.S. Ordnance, empresa que se especializa sólo en este producto. Por principio, en la administración de los recursos públicos lo que se busca privilegiar en productos equivalentes es el menor costo. Pero en estos casos, el valor final de las armas no es el de la oferta. Al hacer compra directa hay que agregarle costos como los aranceles, seguros, fletes, nacionalización, impuestos de timbre y otros gastos que no son necesarios si se hacen en una transacción gobierno a gobierno. En el Ministerio de Defensa argumentan que no se optó por esta forma de contratación, pues los plazos del gobierno estadounidense son "de cierta magnitud", lo que no garantiza la respuesta inmediata que ellos requieren. Esto es cierto. Hay contratos con Estados Unidos de este tipo de productos que han tomado años antes de que se culminen. Sin embargo, SEMANA documentó suministros de estas ametralladoras en plazos menores a tres meses luego de la firma del contrato. La pregunta es ¿si esto ya se ha hecho en otras oportunidades, que impide que se haga ahora? Además, cinco expertos consultados por SEMANA coinciden en que a la hora de comprar armas el debate va más allá de la plata. Adquirir un arma diferente, por más similar que sea, implica el entrenamiento de los responsables de su mantenimiento, la compra de herramientas específicas y de un inventario suficiente de repuestos. Las ametralladoras surafricanas han sido utilizadas por la Armada y la Policía. Esta primera fuerza, basada en su documento reservado, decidió dejar de lado las surafricanas y pasarse a las gringas. En la parte técnica de este estudio se asegura que "la utilización de munición diferente a la surafricana ocasiona fallas en el funcionamiento y uso del arma". Esto es grave si se tiene en cuenta que Colombia también fabrica este tipo de munición. El informe agrega que es un arma apropiada para puestos fijos, pero que "presenta serias limitaciones en ambientes adversos", como puede ser donde combate el Ejército. La Policía Nacional también ha expresado sus reparos. En mayo, el Grupo de Armamento elaboró un documento en el que asegura que una desventaja de esa ametralladora es que la munición debe estar en óptimas condiciones y que los eslabones de la canana con que se nutre el arma no pueden estar oxidados y debe estar bien alineados. Algo difícil de lograr en un combate. El representante de la firma Denel dice que no conoce de manera oficial estos informes y que de contener dichas afirmaciones "no son correctas". "Nunca hemos recibido reportes por falla de calidad", dice. Muestra certificados de uso de la Armada donde no se reportan fallas de estas armas y una certificación del Grupo de Armamento del mes de agosto, en el cual dice que sus armas han "operado desde el punto de vista técnico, mecánico y funcional de manera excelente". SEMANA contactó al coordinador de este Grupo para aclarar la aparente contradicción en ambas comunicaciones, pero no obtuvo ninguna explicación. SEMANA consultó al Ejército, a través del Ministerio de Defensa, sobre su posición frente a los reparos de la Armada y dijeron que: "Este concepto tiene que ver con las operaciones fluviales de Infantería de Marina y para defensa de unidades de flote en las que la ametralladora surafricana no se considera apropiada. Las dos fuerzas realizan operaciones diferentes desde el punto de vista táctico, razón por la cual lo que opera para una no necesariamente opera para otra". En algunos miembros de las Fuerzas Armadas hay inquietud por este proceso y expectativa por la decisión que se tome. También, según el representante de la firma norteamericana, "hay contrariedad en funcionarios del gobierno de ese país" por la manera como quedaron por fuera. Las afirmaciones sobre presuntas anomalías son graves y deben ser aclaradas. Al cierre de está edición, del despacho del Ministro de Defensa informaron que se solicitó a la Procuraduría y a la Contraloría que acompañaran la evaluación de la propuesta. De todas formas, los cuestionamientos sobre la parte técnica de la posible nueva arma para el Ejército requieren que sean subsanadas antes de tomar una decisión que puede ser altamente sensible para la capacidad operativa de la tropa. Cuando está en juego la vida de los soldados, no se pueden escatimar detalles.

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