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| 3/5/2011 12:00:00 AM

‘Realpolitik’

El eventual respaldo de Álvaro Uribe a la candidatura de Enrique Peñalosa desató la ira de los 'twitteros'. Más allá de la indignación, con esa movida el exalcalde puede ganar más de lo que pierde.

Las huestes del Partido Verde se volvieron a agitar esta semana en las redes sociales. A diferencia de hace un año, los 'twitteros' no impulsaron una ola de entusiasmo, sino sacaron a flote sentimientos de sorpresa, desencanto y hasta indignación. Las causas de la ira fueron un 'trino' del expresidente Álvaro Uribe en el que manifestó que La U debería evaluar un apoyo a Enrique Peñalosa y una respuesta del exalcalde en la que manifestó que le gustaría contar con los consejos del expresidente.
 
El punto de fondo no es nuevo. Tiene que ver con las diferencias de posición que tienen algunos miembros de la cúpula verde frente al uribismo. Ya se habían presentado pulsos semejantes, en los que Peñalosa se había intercambiado elogios mutuos con Uribe mientras Antanas Mockus expresaba su molestia con los coqueteos. Las posiciones de Peñalosa convergen con el expresidente especialmente en temas como la seguridad democrática, y tienen afinidad personal mutua.

Peñalosa, sin embargo, abrió distancias con Uribe cuando se planteó su segunda reelección, y su entrada al Partido Verde tuvo como principal motivo su conocido esfuerzo por innovar las formas de hacer política. Fue el primero en buscar contacto directo con los ciudadanos, por ejemplo, cuando repartía plegables personalmente, y perdió elecciones por rechazar apoyos de políticos tradicionales o por adoptar mecanismos 'puristas', como la lista bloqueada (sin voto preferente) para el Congreso. Si los verdes se han caracterizado por la falta de malicia para manejar las costumbres políticas, a Peñalosa no le faltan credenciales para ser miembro del partido.

Pero el eventual acercamiento de Uribe genera una grave tensión interna. Divide a los verdes entre "puristas y realistas", según expresión del propio Mockus. Los primeros consideran que una de las características más importantes de la ola verde fue haber planteado una alternativa al 'todo vale', es decir, a la idea de que cualquier medio es aceptable siempre que produzca votos. En la coyuntura electoral del año pasado, ese concepto tenía nombre propio: el rechazo a la segunda reelección, las 'chuzadas' del DAS, el escándalo de Agro Ingreso Seguro y los 'falsos positivos'. En una palabra: los grandes escándalos del gobierno anterior. Mockus y los puristas no quieren una alianza que "limpie al uribismo de su pasado".

Pero los realistas también tienen argumentos fuertes. El partido recibió duras críticas el año pasado después de la primera vuelta, porque no hizo alianzas con otros partidos que no llegaron a la segunda vuelta, como el Polo Democrático y el Partido Liberal. El expresidente aún goza de simpatías en la capital y sus simpatizantes no saben a dónde ir, porque La U no tiene candidato. ¿Por qué cerrarles las puertas si podrían fortalecer la opción de Peñalosa para ganar?

Al final de la semana, con mayor reposo y prudencia, las voces de Luis Eduardo Garzón y Sergio Fajardo, desde la cúpula verde, pusieron un poco de calma. Hablaron de una primera etapa para que los verdes cierren filas en torno a la candidatura oficial de Peñalosa y una segunda para evaluar alianzas. Recibir apoyos en una campaña es esencial en la política. Todo depende de las formas y las condiciones, y Peñalosa -quien lidera las encuestas- tiene cómo exigir que quienes se quieran sumar a su causa cumplan el espíritu de la posición verde contra el 'todo vale'. Más que el abrazo de Uribe, a los verdes les vienen bien los votos de los uribistas. Falta ver si el lapso de un mes que se establecieron los verdes para ajustar su estrategia servirá para superar el impasse, definir criterios y encarrilar la campaña, o si simplemente postergará decisiones y profundizará la división. Y sobre todo, para que los verdes dejen claro que ya aprendieron que lo importante, en política, es sumar. Y que ganar no significa entregar principios, sino la posibilidad de ponerlos en práctica.
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