Viernes, 24 de octubre de 2014

| 1986/12/29 00:00

REBELDES CON CAUSA

El grupo de los 80, los representantes en rebelión, campanazo de alerta al gobierno liberal

REBELDES CON CAUSA

Hace algunas semanas, cuando el ex ministro Hernando Agudelo Villa citó a medio gabinete para que respondiera un largo cuestionario ante la plenaria de la Cámara de Representantes, fueron muchos lo desprevenidos que pensaron que se trataba de una maniobra coordinada con el gobierno para darle la oportunidad a algunos ministros que ya an daban en problemas, de lucirse ante e Congreso. Pero cuando Agudelo terminó su intervención esa noche, que estuvo plagada de agudas críticas a planteamiento político y sobre todo económico de la administración fueron muchos los representantes de todos los partidos--incluido el liberal--quienes se pusieron de pie para aplaudirlo durante un buen rato.

Lo que muy pocos comprendieron en ese momento es que se estaba incubando algo que la semana pasada derivó en el llamado grupo de los 80 que el miércoles 26 se constituyó en junta de representantes liberales y aprobó un documento, que si bien respaldó al presidente Virgilio Barco, pidió una mayor comunicación coordinación entre la Cámara y los ministros, y cuestionó duramente la falta de dirección en el partido de gobierno.

Aunque el documento resultó mucho más suave en su contenido que el proyecto que había preparado Agudelo, el hecho es que la junta de representantes significó la manifestación de un nuevo síntoma de que algo sigue andando mal en el partido de gobierno y, por consecuencia, en el gobierno de partido. "Muchos creen que el hecho de que el documento se haya suavizado--comentó a SEMANA un representante liberal por Antioquia--quiere decir que la cosa murió ahi. Y de pronto es cierto: todo murió ahí. Pero de cualquier manera, lo sucedido es un campanazo de alerta para el gobierno".

Y tal vez no es el único. El hecho de que los funcionarios del alto gobierno acepten ya en privado y hasta en público, que las reformas urbana y agraria, presentadas como banderas del cambio propuesto por Barco, no van a pasar en esta legislatura, indica que, 15 días antes de que termine, el período de sesiones es ya, de alguna manera, un fracaso. Y también en público y en privado, han comenzado las mutuas recriminaciones. En público, los congresistas le critican al gabinete--y en particular al ministro de Gobierno Fernando Cepeda--que no haya sabido manejar las relaciones con la mayoría liberal. Y en privado, algunos de los ministros se quejan de que la mayoría liberal no respaldó los proyectos, o les colgó demasiados artículos, convirtiéndolos en inaprobables.

Como si fuera poco, uno de los pocos proyectos que parecía estar avanzando con paso relativamente firme --el de la reforma tributaria--sufrió un tropezón el jueves en la noche, cuando la sesión conjunta de las comisiones terceras debió suspenderse porque los conservadores pidieron verjficación del quórum, y este se había roto. Lo grave es que no lo habían roto los conservadores, sino precisamente los liberales. El ministro de Hacienda César Gaviria no ocultó su indignación, y el incidente enturbió aún más las relaciones entre el gobierno y la mayoría liberal y, claro está, entre la bancada liberal y las directivas del partido.

¿Qué es en realidad lo que está pasando? La explicación no es muy sencilla. Para empezar, está la manida frase de que el problema del gobierno de partido es que no hay partido de gobierno. Sobran las demostraciones de que esto es así: no sólo las directivas no dirijen, sino que cuando tratan de hacerlo, la bancada liberal no les hace caso. "Y no les hace caso--aseguró un ex ministro liberal--porque los primeros que no cumplen las directrices son precisamente las directivas". Ese es el caso de los senadores Ernesto Samper y Gustavo Balcazar, miembros de la Comisión Política Central, a quienes se señala en parte como responsables de la ruptura del quórum de las comisiones terceras el jueves en la noche.

Pero no toda la culpa se le puede echar a ese monstruo sin cabeza que es hoy en día el Partido Liberal. "De hecho--agregó el ex ministro--el gobierno debió haber tenido en cuenta esta situación a la hora de plantear el binomio gobierno-oposición. No para que no lo hubiera planteado, sino para que hubiera diseñado una serie de mecanismos que permitieran que la mayoría liberal respondiera, al menos en parte, a las señales enviadas por el Presidente y sus ministros".
Fórmulas y mecanismos hay muchos: por ejemplo, en los Estados Unidos existe la institución del whip (látigo) que es un personaje del partido mayoritario, que se encarga de alertar a los congresistas para que haya quórum a la hora de las decisiones importantes y que, en el caso de que la mayoría sea el partido de gobierno, es el que le avisa a la Casa Blanca qué congresistas están fallando.

El problema parece haber sido que el gobierno sí pensó en este asunto, pero la solución que diseñó no dio los resultados esperados. Como dijo a SEMANA una fuente cercana al presidente Barco, "lo que se quiso fue que los ministerios con proyectos claves, como Agricultura, Trabajo, Desarrollo y Hacienda, estuvieran en manos de gente con gran experiencia parlamentaria, o al menos con el respaldo de grandes electores del Congreso, asumiendo con esto que esos ministros se las arreglarían para conseguir que los proyectos fueran respaldados por la bancada liberal".

Pero el hecho es que esta estrategia, que fue definida como "la prioridad política de la primera etapa del gobierno", y con la cual se justificó el nombramiento de los Names, Guerras y demás, no ha cumplido su objetivo. Los ministros políticos no parecen haber logrado mayor éxito en el Congreso que los llamados "técnicos" de esta o de pasadas administraciones. En palabras de un sena dor conservador, "no sólo no han sido buenos como políticos, sino que tampoco han sido buenos como ministros". Ni el ministro de Desarrollo Miguel Merino (suplente del senador Alberto Santofimio), ni el de Trabajc José Name, ni el que fuera de Agricultura, José Fernando Botero, pudieron convencer al Congreso de la necesidad de aprobar en esta legislatura los proyectos de reforma urbana, laboral y agraria. El único que podría salir bien librado es César Gaviria, quien presentó el proyecto de reforma tributaria. Pero no hay que olvidar que para este proyecto, el Presidente de la República envió un mensaje de urgencia, que sin embargo no garantiza su aprobación.

Para muchos, el único que puede salvar la situación es el propio presidente Barco, quien fuera hasta mediados del ñno el director del partido y quien tendría que asumir el liderazgo político que su proyecto de cambio exige. La duda para ciertas personas es, sin embargo, si el Primer Mandatario puede asumir ese liderazgo, pues, como lo ha señalado en algunas oportunidades el ex presidente Carlos Lleras, este no parece ser uno de los puntos fuertes del Presidente. Sea como sea, el gobierno de Barco tiene que actuar y hacerlo pronto. De lo contrario, corre el riesgo de que en el futuro se diga, como ya lo dicen algunos liberales en los corredores del Capitolio, que "los 4.5 millones de votos del 25 de mayo sólo sirvieron para simplificar y optimizar el sistema tributario colombiano. --

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