Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/05/26 00:00

Rebelión en la Cámara

En el pulso de la reforma política el gobierno pierde fuerza en el Congreso.

Se volvio costumbre en este gobierno que cada vez que los congresistas uribistas desobedecían las directrices del presidente, Alvaro Uribe, un concurrido desayuno en Casa de Nariño arreglaba el impasse. Por tal razón causó sorpresa la raquítica asistencia de sólo nueve de los 25 representantes a la Cámara de la bancada gobiernista de la comisión primera a la reunión en Palacio del miércoles 21 de mayo. Literalmente, el presidente Uribe se había quedado sólo para los dos últimos debates que le restan al proyecto de reforma política en la Cámara de Representantes.

Al igual que en el Senado, las líneas oficialistas de los partidos Liberal y Conservador respaldan una reforma política que incluya el polémico voto preferente. Pero la administración Uribe ha dicho en todos los tonos que este acto legislativo va en contravía del referendo y debía ser hundida. Sin embargo los uribistas de la comisión primera se dividieron y la mayoría se inclinó a favor de salvar el proyecto. En estos momentos la reforma política, tan odiada por el presidente Uribe, está viva gracias al bloque de los llamados 'uribistas rebeldes'.

¿Por qué se presentó esta ruptura y qué tan grande es? Aunque parezca otro mezquino juego parlamentario más, lo que hay detrás de esta pelea interna del uribismo es quién lleva la voz cantante. En la comisión primera de la Cámara, como en la del Senado, hay parlamentarios muy visibles y mediáticos que se han tomado la representación del uribismo, como Gina Parody o Armando Benedetti, mientras que la mayoría no aparece mucho en medios pero también se considera uribista. Lo que busca esa mayoría es recordarle al gobierno que de su apoyo depende la aprobación de los proyectos en esa célula legislativa.

El mano a mano entre los 'mediáticos' y los 'rebeldes' lo van ganando estos últimos. No sólo no asistieron al desayuno en el que el primer mandatario disciplina sus filas sino que, aliados a los conservadores y los liberales, forzaron al gobierno a retirar su llamado al hundimiento del proyecto. Lo curioso es que se estarían formando dos bloques uribistas: los que obedecen ciegamente lo que ordena la Casa de Nariño y los que apoyan al gobierno pero disienten de las medidas que los perjudican.

Otra vez el punto de la discordia fue el voto preferente. Este consiste en que el elector puede escoger de una lista de un partido el candidato que prefiera. Mientras que para sus opositores esta medida electoral no es más que borrar lo que se lograría con el referendo, para sus impulsores es la garantía para que el ciudadano pueda votar por quien quiera y no por quien le impongan las directivas de los partidos con la dictadura del bolígrafo. "No entiendo cómo unas personas votan el referendo, se dicen uribistas y luego votan la reforma política, que es la contrarreforma del referendo", se queja el representante Benedetti.

A estas alturas lo que menos importa son las ventajas y desventajas del voto preferente. Las mayorías de la comisión primera lo respaldan junto al resto del articulado del acto legislativo. Al gobierno se le están acabando los recursos políticos para impedir que esta reforma sea aprobada y cuando le restan sólo dos debates su futuro quedó en manos de los uribistas 'rebeldes'.

La próxima semana se abrirá nuevamente el telón en la Cámara de Representantes para continuar con el debate del proyecto, y a menos que el ejecutivo cambie la táctica la reforma continuará su avance legislativo. Con una división uribista de hecho queda sólo una pregunta: ¿dónde estaba Fernando Londoño, el ministro de la política, cuando se desbarataba la unión del uribismo en la Cámara?

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