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| 3/19/2014 12:00:00 AM

El regaño de la sociedad a las empresas

Comunidades del Caribe y la Orinoquía sienten que los empresarios explotan sus territorios sin retribuirles nada. Estos responden que la solución es el diálogo.

Empresas carboneras y petroleras del Caribe y la Orinoquía participaron en el tercer encuentro de Reconciliación Colombia, que se realiza en Barranquilla. 

Allí también hubo representación de organizaciones sociales, de indígenas y de afrodescendientes que le hablaron de frente a empresas como Ecopetrol y el Cerrejón y les preguntaron qué están haciendo ellos por la reconciliación. 

“A lo mejor no estamos preparados para lo que se nos viene encima y parte de lo que estamos haciendo es explorando qué debemos hacer”, dijo Óscar Villadiego, vicepresidente de HSE y Sostenibilidad Operativa de Ecopetrol. Él opinó que los líderes de cada región deben estar dispuestos a entregar algo de sí y aseguró que Ecopetrol lo está.

Para Débora Barros, wayuu musurrat de La Guajira, una de las soluciones es construir reconciliación entre las empresas y los territorios. Por eso, le hizo un llamado a la empresa carbonera Cerrejón, que trabaja en su departamento, para que se siente a hablar con los indígenas. 

Juan Carlos Restrepo, vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de Cerrejón, se mostró de acuerdo con lo que dijo Barros, pues él considera que la reconciliación sólo se puede construir desde el mismo lugar donde se generan los daños. “Reconocemos que Cerrejón causa un impacto grande en el medio ambiente y un impacto dramático en las comunidades de nuestra región, pero siempre tratamos de hacer las cosas mejor, intentamos vigilar y corregir esos impactos”, indicó. Restrepo añadió que su empresa sabe que la única manera de progresar es de la mano de las comunidades. 

Este es quizás el punto álgido de la relación empresa-sociedad, pues la primera busca rendimientos económicos y, en ocasiones, la manera propicia para reducir el impacto, pero las personas del territorio se sienten vulneradas y aplastadas por los intereses económicos, sin que el Estado medie en esos tire y afloje. 

Así se evidenció con la participación de Rosalba Jiménez, asesora proyecto de visión regional de los Llanos orientales e indígena de la etnia sikuani. "¿Cuál desarrollo, cuál política, cuál reconciliación? Esto es donde las empresas no tienen una claridad para nosotros en la Orinoquía. Nuestro territorio es para vivir, no para explotar, pero no tenemos ayuda", indicó.

Ella y su comunidad están indignadas porque sienten que en la altillanura colombiana las grandes empresas no contribuyen a su territorio ancestral. "Indupalma, Riopaila. ¿Quiénes son los dueños? Nosotros somos los dueños de nuestra tierra, pero las instituciones estatales no lo han reconocido", explicó Jiménez. 

Aunque algunas empresas hacen consultas previas, la indígena sikuani señala que ese mecanismo tampoco sirve porque la descomposición social llegó hasta el punto de corromper a sus líderes para que acepten las condiciones de los grandes capitales. 

Otro de los puntos que se trataron en el tercer encuentro fue si Colombia está lista para recibir a los reinsertados. ¿A dónde llegarán los miles de guerrilleros que dejen las armas? ¿Qué ha pasado en materia laboral con los paramilitares y miembros de otros grupos ilegales que decidieron dejar las armas para reincorporarse a la sociedad?

Sandra Gutiérrez, de la Junta de Acción Comunal de Mesetas en Villavicencio (Meta), ha trabajado con reinsertados y empleó a 16 de ellos en su propia empresa. Ella asegura que los desmovilizados tienen que mentir en las empresas y en los lugares donde viven para poder seguir allí pues cuando sus jefes o vecinos se enteran de su pasado los despiden y solicitan sacarlos del barrio. 

“Necesitamos mano de obra idónea y los reinsertados necesitan con urgencia que les crean y les abran las oportunidades”, señaló Gutiérrez, y concluyó: “Es la hora de creer aunque nos duela”.

Esos reinsertados necesitan una capacitación que los cualifique y, a su vez, oportunidades de trabajo, pues se perderán tiempo y recursos si se ejecuta un proyecto de educación sin haber empleo, como aseguró Sixto Díaz, director del Centro de Empleo y Emprendimiento de Fenalco en Barranquilla.
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